Poderosa ayuda para las víctimas de las inundaciones en Europa

De The Christian Science Monitor - 11 de junio de 2013

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Al leer acerca de las miles de personas afectadas por las inundaciones en Alemania y otras partes de Europa, no pude menos que pensar en el himno de Martín Lutero que comienza:  

Castillo fuerte es nuestro Dios, 
defensa y buen escudo. 
Con su poder nos librará
en todo trance agudo.
(Publicado por Red Cristiana Evangélica)

Además de los desafíos que tienen que enfrentar las poblaciones debido a las inundaciones mismas, las cuales han provocado muchos daños y desplazado a muchas personas, también existe un sentimiento de frustración con los gobiernos locales y el manejo de la situación. Si bien se han aprendido muchas lecciones desde las grandes inundaciones que hubo en el centro de Europa en 2002, ninguna inundación es exactamente igual y las condiciones humanas siempre varían.

No obstante, si buscas un elemento común para enfrentar eficazmente los desastres naturales y todo tipo de catástrofe, el amor es lo que alivia el sufrimiento, fortalece a quienes brindan ayuda y permite tomar decisiones llenas de sabiduría y compasión. Como leemos en la Biblia: “No hay nada que el amor no pueda enfrentar; su fe, su esperanza y su paciencia no tienen límites” (1 Corintios 13:7, según la New English Bible).

El amor que fortalece, consuela y salva es el Amor divino, el cual es verdaderamente una fortaleza, un bastión y una ayuda real. La presencia infinita del Amor divino otorga gracia a los funcionarios públicos abrumados por el exceso de trabajo, ayuda a los necesitados, paciencia a los familiares y amigos ansiosos por sus seres queridos, valor a aquellos que enfrentan y se esfuerzan por controlar las inundaciones, fortaleza a aquellos que llenan las bolsas de arena y realizan otras actividades para controlar las inundaciones.  

No se trata de un amor abstracto, sino de la bondad y el poder de Dios expresados como una ayuda siempre presente para aquellos que la necesitan. Como señaló Mary Baker Eddy: “El amor no puede ser una mera abstracción, o bondad sin actividad y poder. Como cualidad humana, el glorioso significado del afecto es más que palabras; es la tierna y desinteresada acción hecha en secreto, la silenciosa e incesante oración; el corazón rebosante, que se olvida de sí mismo; …” (Escritos Misceláneos 1883-1896, p. 250).

Aquellos de nosotros que estamos fuera del área de las inundaciones, podemos colaborar con este poderoso trabajo por medio de la oración y nuestra convicción de que el poder y el amor de Dios están presentes para ayudar y sanar. Este es el mismo poder en el cual se apoyó Jesús en su ministerio sanador, el mismo que le permitió caminar sobre el agua durante una tormenta en el mar, y aquietar las olas con las palabras: “Calla, enmudece”. (Marcos 4:39)

Jesús estaba probando el poder del Cristo, el poder de Dios expresado en la escena humana, y encargó a todos aquellos que lo siguieran que también fueran ayudantes y sanadores.

Nuestras oraciones pueden traer protección y paz a aquellas zonas afectadas donde muchos se niegan a dejar su propiedad por temor a que sus pertenencias sean saqueadas. La oración puede brindar inspiración a aquellos que se esfuerzan por reducir el caos, particularmente los funcionarios públicos que se sientan abrumados por las condiciones cambiantes. También puede dar fortaleza a los corazones de aquellos que se sientan abatidos o tengan temor por sus seres queridos o por la seguridad de sus hogares.

Estas oraciones también pueden apoyar la reconstrucción de las zonas afectadas, y promover la toma de decisiones inteligentes y bien informadas, a medida que avance el trabajo. Los corazones pueden llenarse de esperanza en lugar de desesperación o tristeza por aferrarse al pasado.

Me gusta mucho este mensaje del libro del Apocalipsis en la Biblia: “He aquí, yo [Dios] hago nuevas todas las cosas” (21:5). Esta renovación puede incluir alegría, inspiración, progreso y un nuevo comienzo. Esta promesa puede formar parte de nuestras oraciones y de nuestra expectativa de bien para todos los afectados por las inundaciones.

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