Vivo en Manhattan, en Nueva York, y camino de mi oficina a casa, paso por donde está la estatua del Atlas. Curiosa por saber más acerca de lo que representa, averigüé y encontré que este antiguo titán griego, está llevando una carga tremendamente pesada sobre sus hombros como castigo por hacerle la guerra a Zeus. Eso fue un castigo severo; puesto que los titanes eran inmortales en la mitología griega, ¡su castigo iba a durar para siempre!
Al parecer hay desacuerdo en cuanto a lo que este peso era. Una versión dice que está sosteniendo al mundo sobre sus hombros.
Hmmm...Eso suena familiar.
¿Por qué es que tan a menudo nos sentimos abrumados por las tareas y responsabilidades cotidianas? ¿Es porque creemos que somos nosotros los que estamos en control y que, en cierta medida, somos responsables de hacer que las cosas sucedan?
Muchas personas en todo el mundo trabajan bajo la presión implacable detener que cumplir con fechas de cierre, manipulando múltiples responsabilidades al mismo tiempo. Estando continuamente a la merced de nuestros dispositivos electrónicos, nos enorgullecemos de abrirnos paso durante el día haciendo tareas múltiples, y en algunos casos, también en horas de la noche. Y en todo esto, puede que nos sintamos cada vez más incapaces de salir victoriosos de esta batalla.
En lugar de avanzar, muchas veces sentimos que nos estamos quedando cada vez más atrás. En lugar de hacerse más ligera la carga, parece hacerse más pesada. Y te sientes como un Atlas moderno, condenado a cargar el peso del mundo sobre tus hombros por toda la eternidad. La Ciencia Cristiana explica que esta sensación de estar aplastados por el peso proviene de un falso sentido de la responsabilidad y de la creencia de que somos meros mortales luchando solos en un sorprendente universo material.
Mary Baker Eddy, quien descubrió la Ciencia Cristiana, lo explica así: “Los mortales son egotistas. Se creen trabajadores independientes, autores personales y hasta creadores privilegiados de algo que la Deidad no quiso o no pudo crear” (Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, pág. 263).
Entonces, ¿quién está realmente a cargo? Cristo Jesús dio la respuesta cuando dijo: “No puedo yo hacer nada por mí mismo... no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre (Juan 5: 30). La traducción bíblica llamada "El Mensaje", de Eugene H. Peterson, interpreta la primera parte de ese pasaje de la siguiente manera: “No puedo hacer una sola cosa por mí mismo: escucho, luego decido”. Así que, si vamos a seguir la guía de Jesús, tenemos que tratar de imitarlo en nuestra vida diaria.
Cuando siento como si me estuviera desmoronando bajo el peso de la responsabilidad personal, me recuerdo a mí misma quién tiene control. Eso por sí solo a menudo comienza a aliviar la presión. Entonces me detengo en oración para escuchar lo que la inteligencia divina tiene que decir.
Por supuesto, esto requiere valor – y más que un poco de humildad – sobre todo durante esos momentos de gloria cuando habiendo completado las tareas con éxito puedo estar tentada a sentirme personalmente orgullosa de lo que “yo” he logrado. Entonces, es cuando encuentro que es importantísimo volver a reconocer quien está en control.
Dándole la responsabilidad – y el crédito – a un poder superior al mío me libera de la sensación de que estoy trabajando por mi cuenta. Entonces ya no me siento como Atlas – sentenciada a llevar el peso del mundo sobre mis hombros. El castigo se disipa y soy liberada.
