Cualquier persona que sigue las noticias del mundo está consciente de los esfuerzos por los partidos de oposición en distintas partes del mundo —el Medio Oriente, Afganistán, regiones de África, Corea del Norte y Corea del Sur, solo para nombrar unos pocos— para reunir a todos y renovar las conversaciones de paz. En lugar de mirar a estos esfuerzos como otros tantos intentos bien intencionados, aunque inútiles, para resolver asuntos que a través del tiempo no se han podido solucionar, podemos apoyar estos esfuerzos con esperanza y seguridad. Sin importar las posiciones políticas adoptadas por los que forman parte de esas charlas, y dejando de lado la historia de intentos fallidos, no hay razón para no tener esperanza.
No todos podemos asistir a la mesa de negociaciones, puede que no hablemos los idiomas, y no conocemos todos los detalles. Entonces, ¿cómo podemos apoyar los esfuerzos por la paz? Una forma es tener la esperanza de que el bien resultará de todo esfuerzo honesto y sincero para lograr la paz. En lugar de estar en un estado mental de negatividad sin esperanza, podemos mantenernos en apoyar y anticipar el bien, y tener confianza en los esfuerzos honestos de cada uno. Al igual que un granjero que tiene la esperanza de que las semillas se abran paso a través de la tierra, podemos remover las piedras de falta de esperanzas de nuestro propio campo mental, proporcionando un ambiente de bienvenida para que surja el bien. Podemos descartar de nuestro pensamiento la pesadez de la desesperanza, las hojas mojadas de intentos fallidos y las sombras de las bajas expectativas.
Cada uno de nosotros puede apoyar el establecimiento de la paz por medio de la oración. ¿Para qué país o situación? Cada uno tendrá su lista propia. Lo importante es saber que Dios, el Amor divino, apoya y mantiene cada esfuerzo honesto de paz que mora en el corazón de la humanidad. Con nuestras oraciones podemos confiar en que los esfuerzos sinceros y altruistas de aquellos que se ocupan de esto tienen el poder del Amor divino apoyándolos para llevar esos esfuerzos al éxito. El deseo de hacer el bien y vivir en paz no es un producto accidental y al azar de la imaginación. El deseo de encontrar paz nace del corazón del Amor divino y tiene poder infinito tras él.
También podemos apoyar la paz esperando que hayan buenos resultados. El granjero espera que la semilla crezca y dé fruto. Podemos orar con el sentido de que todos los buenos esfuerzos de aquellos sentados a la mesa de paz no son en vano. También, que nuestras oraciones no son en vano cuando tenemos motivos correctos. Orar para valorar la paz otorgada por Dios, que se puede realizar, nos ayudará a tener esperanzas en que la paz sea posible.
Confiar en Dios, que es la fuente de todo el bien para toda la humanidad, mantiene nuestro pensamiento abierto para ver ese bien. Si el granjero ve que las plantas están creciendo en una parte del campo, eso le da la esperanza de que en otras partes del campo florezcan. Nuestros conciudadanos del mundo se merecen la misma paz y armonía que cada uno de nosotros es capaz de experimentar en nuestra vida diaria.
Podemos apoyar el establecimiento de la paz protegiendo los esfuerzos honestos de los que buscan la paz. Si las conversaciones de paz se malogran, podemos orar para darnos cuenta de que las buenas acciones no son en vano. Nuestras oraciones de protección pueden incluir la convicción de que Dios es el poder que apoya los esfuerzos honestos y fervientes por hacer el bien. Dios, el Amor divino, protege todas las ideas correctas. Podemos ayudar al proceso humano manteniéndonos nuestro pensamiento en el Amor divino, protegiendo el proceso de paz, sin criticar.
Nuestras oraciones en apoyo del establecimiento de la paz, esperando buenos resultados y protegiéndolo, pueden hacerse repetidamente. Podemos orar con frecuencia; podemos dedicarnos a esto. Mary Baker Eddy, sentía grandes expectativas y esperanzas de paz en el mundo de su época. Ella escribió: “Durante muchos años he orado diariamente para que no hubiera más guerras ni bárbaras matanzas de nuestros semejantes; para que todos los pueblos de la tierra y de las islas del mar tuvieran un solo Dios, una sola Mente; para que amaran a Dios por sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismos” (“La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea” pág. 286).
Mentalmente, podemos dejar la puerta abierta para apoyar cada esfuerzo honesto de paz cada vez que escuchamos o leemos acerca de conversaciones de paz, donde y cuando sea que estén ocurriendo. Esto nos hará parte activa del proceso de paz.
