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¿En quién debemos confiar?

De The Christian Science Monitor - 23 de septiembre de 2010


Con un mayor acceso a las noticias, información, y conversaciones por medio del Internet, incluso chismes, la humanidad está inundada con más información de la que puede asimilar como nunca antes en la historia. Y seguramente esa alberca de la información crecerá.

La pregunta que surge es, ¿Cómo puede uno determinar qué información es confiable, imparcial, o al menos no deshonesta? Entra “calentamiento global” ó “estabilidad económica” en algún buscador, y encontrarás bastante para leer. Esta información alarmante, ¿tiene el propósito de proteger a los demás, o tiene un propósito aún más oscuro? ¿Cuál de los dos tipos de información es verdad?

Mary Baker Eddy, quien descubrió y fundó la Ciencia Cristiana, también fundó el diario Christian Science Monitorpara proveer una ventana confiable de verdad e información equilibrada para el mundo. Como teóloga inspirada, percibió que cada individuo necesita estar alerta a lo que acepta en el pensamiento. En su obra original Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, ella escribe: “En un mundo de pecado y sensualidad acelerándose a un gran desarrollo de poder, es sabio considerar si es la mente humana o la Mente divina la que influencia a uno” (pág. 82-83).

La Ciencia Cristiana provee a la gente de una forma para poder discernir las influencias correctas. Adoptando la Verdad como nombre para Dios, eleva este concepto por encima de las opiniones personales – “mi verdad” contra “tu” verdad – a un entendimiento de la Verdad como omnisciente y también como Deidad imparcial, que ve a la creación con amor, y también con inteligencia.

Mientras las destructivas voces del odio, pueden reclamar o hablar con autenticidad, es posible ir más allá de sus mensajes sutiles por medio de esta guía de Ciencia y Salud: “La Verdad trae los elementos de la libertad…Lo que esclaviza al hombre se opone al gobierno divino. La Verdad hace libre al hombre” (pág. 224-225). Todo lo que promueva la libertad de el hacer bien permanece como un fuerte signo de la presencia de la Verdad. Para el Científico Cristiano, esta fuerza para el bien es el Cristo – la idea espiritual de Dios que Jesús enseñó y demostró por medio de su ministerio sanador.

Comprender que Dios es la única influencia en la vida – y en el mundo – tiene un poder trasformador. Puede liberar gente y naciones de comportamientos autodestructivos o egoístas. Puede romper siglos de división y desconfianza, y abrir la puerta a la reconciliación. Puede llegar a los inválidos indefensos y sanarlos.

La Verdad es capaz de hacer todo esto porque es el guardián que separa para siempre a la creación, y a todos, de la primera mentira - la afirmación de que los hijos y las hijas de Dios nacen en la materia ó están condenados a vivir en ella. Cada mentira que enfrentamos hoy en día, ya sea acerca de la salud, la política, el trabajo ó cualquier otro problema, proviene de esa primera mentira.

Cuando somos capaces de ver las circunstancias desde este punto de vista, se hace mas fácil echar fuera los pensamiento que no son de Dios, que dicen ser nuestros. Ganamos en cierta medida el dominio que Jesús tenía en su labor sanadora, y es menos probable que nos dejemos engañar por las sutiles o estridentes mentiras que un sentido material de la vida y del ser mantienen como verdaderas. El insistir en la evidencia de la presencia de Dios en cualquier situación ayuda a que cambie el equilibrio en el pensamiento, que pase de temor a la expectativa del bien y una convicción de que la Verdad prevalece en la tierra como en el cielo.

Este cambio de pensamiento ayuda a revelar exactamente aquello a lo que la divinidad otorga poder, y a lo que no le da poder. Justicia, inteligencia, sabiduría, fortaleza y alegría, son todas facetas de la Verdad cuyo objetivo es sólo para el bien. Todo lo que se dice sobre individuos, naciones y normas puede y debería ser medido en relación con la realidad espiritual y totalidad de Dios, la bondad y el amor.

Y este medir no es la de una posición superior en juicio sobre otros. Tiene un propósito radicalmente diferente: traer consuelo y fortaleza a todos los que están en problemas. Jesús puso esto de relieve prometiendo a sus seguidores que después de su muerte, Dios enviaría a un Consolador que los guiaría hacia “toda la verdad” (Juan 16:13-14). Y continuó diciendo que el Consolador lo “glorificará” a él – es decir, elevar el sentido espiritual de Jesús y su ministerio, permitiendo que la labor sanadora siga adelante. Y ha seguido, culminando en el descubrimiento de la Sra. Eddy.

Este mismo Consolador está con nosotros hoy en día en la forma de la Ciencia del Cristo, o la ley divina, que la Sra. Eddy presentó por medio de sus escritos y práctica de curación espiritual. A través de muchos años de una labor dedicada que aclaró la naturaleza de esta ley y la manera de experimentar estas bendiciones, ella proveyó los medios por los cuales cada individuo pueda experimentar la verdad de su inseparabilidad de la bondad de Dios, y ser liberado del temor, el dolor, el pecado y el mal.

La ley divina que descubrió la Sra. Eddy separa el trigo de la cizaña en cualquier experiencia – personal, local o mundial- y nos permite a cada uno de nosotros ver la diferencia. Es una verdadera guía para decidir cuál influencia podemos confiar. La Ciencia Cristiana revela que el propósito de la Verdad es liberar, salvar y sanar, pero nunca destruir. El trigo – nuestro bien en el Espíritu – permanece para alimentar y bendecir a un mundo espiritualmente hambriento.

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