En medio del caos económico actual y del trauma de las guerras en Medio Oriente y Asia Central, líderes políticos de diversos países se esfuerzan por encontrar soluciones inteligentes. El temor al fracaso y las dudas respecto al curso de acción correcto les impiden a veces tomar las decisiones puntuales, racionales, lógicas y no partidarias que los ciudadanos esperan. En lugar de un clima de estabilidad, propósito y equilibrio, a veces parece que predominaran las discusiones enfervorizadas, la arrogancia y el odio.
Una de las mejores formas de ayudar a nuestros gobiernos y efectuar cambios para bien es orar reconociendo que todas las partes han sido creadas a imagen de Dios: inteligentes, pacíficas, espirituales. La oración nos capacita a dejar de lado sentimientos de frustración respecto a los problemas y a hacernos una pregunta fundamental: “¿Qué clase de reino estamos buscando?”.
Si buscamos la respuesta en la Biblia siempre encontraremos inspiración y una bendición. He aquí una de las respuestas de las Escrituras, en las palabras de Jesús: “El reino de Dios está entre vosotros” (Lucas 17:21). Sus palabras son un punzante recordatorio de que debemos buscar el reino de Dios primero, y el único lugar donde podemos encontrarlo es dentro de nuestra propia conciencia. Puesto que nuestro mundo exterior es el reflejo de nuestro mundo interior, se deduce que una mejor comprensión del reino de Dios debe expresarse en un mejor gobierno.
Otra pregunta que podemos hacernos es: “¿Quién reina?”. Cuando tenemos suficiente valor y humildad para aceptar que Dios es infinito y omnipotente, la respuesta a la pregunta (según la Biblia) es: “¡El Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!” (Apocalipsis 19:6). Para mí esto significa que debido a que Dios nos hizo, la paz, el gozo, la armonía, el amor, la unidad, la serenidad y el equilibrio realmente reinan en la conciencia de cada uno de nosotros. Este fue ciertamente el caso de Jesús, quien esperaba que nosotros siguiéramos su ejemplo. Este fundamento espiritual le dio dominio sobre todas las cosas. Nunca permitió que su entendimiento fuera sacudido por las circunstancias humanas.
Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia Cristiana, señaló la importancia del sentido espiritual, en contraste con el sentido material. Ella escribió: “El sentido material no revela las realidades de la existencia; pero el sentido espiritual eleva la conciencia humana a la Verdad eterna” (Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, pág. 95).
Si la pregunta: “¿Quién reina?” resulta difícil de contestar, me ayuda recordar que uno de los grandes dones que Dios nos da es el don de la conciencia, o la mente. Una de las versiones islandesas de la Biblia traduce a Dios como Mente. Puesto que el Cristo es Emanuel, o “Dios con nosotros” (Mateo 1: 23) tiene sentido darnos cuenta de que el reino de los cielos es un estado mental en el que todo es armonía, amor y serenidad. Para acceder a la realidad de estas cualidades y experimentarlas, tenemos que cultivarlas.
Al darme cuenta de que la conciencia es una facultad preciosa que afecta nuestra experiencia, he aprendido a ser mucho más cuidadoso respecto a la calidad de los pensamientos que dejo entrar en ella. Nuestra conciencia tiene una notable influencia sobre nuestras vidas.
Jesús tenía tal confianza en el gobierno de Dios que evidentemente no tomó parte en la política, ni apareció como vocero del pueblo hebreo, ni encontró ningún “nuevo orden” para transformar a la sociedad. Sin embargo, su entendimiento espiritual transformó radicalmente la sociedad, y siglos más tarde sus enseñanzas continúan teniendo un efecto transformador.
Por eso, cuando nos sintamos inclinados a pensar que la sociedad está inmersa en un caos político, podremos encontrar consuelo y dominio al percibir la presencia amorosa de Dios que Jesús demostró. Nuestro Padre-Madre Dios continuará revelándose a Sí mismo y bendiciendo a cada habitante del planeta, hasta que toda la sociedad sea transformada.
