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Conferencias de la Ciencia Cristiana: Cómo romper el hipnotismo colectivo

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 5 de agosto de 2019


Un amigo mío que practicaba hipnotismo una vez me dijo que para que la gente sea hipnotizada primero hay que “inducirla”. Me explicó que una inducción hipnótica podía ocurrir de manera voluntaria o involuntaria, poco a poco o en un instante sorprendente; pero cualquiera sea el método, lo importante es que el hipnotizador capte toda la atención del sujeto para luego poder tener influencia sobre lo que piensa esa persona.

Eso fue toda una revelación para mí, pues me di cuenta de que es posible sentirse hipnotizado aun cuando no hay una persona específica, como un hipnotizador, involucrado. Empecé a preguntarme cuáles serían los momentos del día que de la misma manera intentarían captar mi atención e inducirme hacia un estado hipnótico de las cosas. ¿Qué impresiones inquietantes o incluso adormecedoras me harían verme a mí mismo o a otros en una luz distorsionada, o me harían ver a mi iglesia, al movimiento de la Ciencia Cristiana o a mi comunidad de manera que no se base en la realidad?

Lo que es completamente natural para todos nosotros es ver y sentir la bondad de Dios, la realidad de una sola creación gobernada enteramente por el poder de Dios, del Amor divino, y habitada enteramente por personas que reflejan la naturaleza divina, porque eso es lo real. Eso incluye nuestras iglesias y todo el movimiento de la Ciencia Cristiana, pues ellos surgen de la misma fuente y están arraigados en la misma realidad. Ningún otro poder o influencia realmente existe para apartar al linaje de Dios, o a cualquier otra actividad dispuesta por el Amor, del gobierno total del Amor infinito. Todo lo que Dios ha creado es inmutablemente santo y un eficaz agente del bien; y es por eso que el hipnotismo no es algo que debamos temer.

Así que ¿cómo podemos reconocer más fácilmente los pensamientos de “inducción” por lo que realmente son, para permanecer lúcidos en nuestra percepción de la realidad que proviene de Dios? Y más específicamente, ¿cómo se diseñan las conferencias de la Ciencia Cristiana para poner de manifiesto más de lo que es real y bueno, tanto para los miembros de la iglesia que las auspician, como para los miembros de la comunidad en donde se llevan a cabo las mismas?

Una cosa que Mary Baker Eddy escribió en su carta publicada dirigida al Cuerpo de Conferenciantes es que los conferenciantes de la Ciencia Cristiana son responsables de “penetra[r] muy hondo en lo universal y [elevarse] por encima de teoremas hasta lo trascendental, lo infinito; sí, hasta la realidad de Dios, el hombre, la naturaleza, el universo” (La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 248). Nótese que ella dice que la conferencia debería elevarse por encima de “teoremas”. Generalmente se considera que un teorema es una conclusión inevitable de alguna regla aceptada universalmente o de una verdad evidente. Pues, no es posible elevarse por encima de algo que se basa en una verdad o regla, ¿no es cierto? Pero sí podemos elevarnos por encima de los teoremas humanos que se basan en una visión distorsionada de la verdad. Estas visiones generalmente aceptadas de la vida y la realidad son como inducciones hipnóticas. O sea, parecen como si fueran hechos ineludibles sobre cómo funciona la vida, y nos engañan para que pensemos y actuemos sobre una base falsa, con la sugestión de que no hay otra opción.

De qué manera una conferencia de la Ciencia Cristiana se conecta profundamente con lo universal y lo real y se eleva por encima de los teoremas falsos es tanto, si no más, el mismo proceso mental que respalda la conferencia, como lo que se dice en la conferencia. Es un esfuerzo de oración colectivo entre los que auspician la conferencia tanto como del conferenciante.

Cuando observamos a la gente de nuestra comunidad, ¿qué es lo que creemos que vemos? ¡Sin duda están pasando muchas cosas buenas! Pero entre medio también vemos el materialismo, impresiones equivocadas acerca de Dios y la espiritualidad, ajetreos y distracciones varias, gente que sufre y tiene pocas esperanzas de alcanzar bienestar, justicia o felicidad. Pero ninguna de esas visiones son hechos reales; no corresponden con “la realidad de Dios, el hombre, la naturaleza, el universo”. Sí, pueden parecer evidentes e ineludibles, pero estas visiones inducidas hipnóticamente son las que una conferencia de la Ciencia Cristiana busca desafiar.

Bajo la luz del gobierno del Amor, nadie en nuestras comunidades o en cualquier otro lugar está atrapado en la materialidad, tiene inclinación a lo material o está demasiado ocupado como para pasar el tiempo con la Verdad y el Amor divinos. Tales imágenes son, esencialmente, hipnotismo colectivo. Todos los que existen nacieron libres: se originaron en la sustancia de nuestro Dios del todo bueno, y jamás se apartan de ella. Por lo tanto, la espiritualidad, la esperanza y la integridad son naturales para nosotros. Nuestra manera de pensar inherente es moldeada exclusivamente por la Verdad y el Amor. Y gravitamos hacia lo que expresa la Verdad y el Amor porque es allí donde nos sentimos cómodos y más realizados.

Esas personas que oran y colaboran al ofrecer una conferencia de la Ciencia Cristiana para la comunidad, están haciendo su parte para romper con el hipnotismo colectivo y ayudar a otros a ver y experimentar más de lo que es bueno y verdadero. Estos progresos mentales que ocurren en el pensamiento de quienes ofrecen una conferencia son tan necesarios y valiosos como la conferencia misma.

Hay impresiones hipnóticas que parecerían también definir el proceso mismo de auspiciar una conferencia. Algunos son pensamientos desalentadores tales como: “Casi nadie es receptivo a la Ciencia Cristiana”, o “No tenemos los recursos para auspiciar una conferencia”. Mientras que otros pensamientos son más atractivos, como ser: “¡Si conseguimos un orador famoso o el lugar correcto para reunirnos, eso atraerá mucho público!” o “No nos preocupemos por nuestros vecinos de la zona, ¡potencialmente podemos tener una cantidad ilimitada de público si nos concentramos en poner la conferencia en Internet!”. Pero cualquier pensamiento que hace parecer como si la conferencia girara en torno a algo que solo los medios humanos pueden generar, puede identificarse de inmediato como un intento de inducción hipnótica. Estas impresiones pueden parecer muy legítimas, pero son otros de los mismos “teoremas” por encima de los cuales debe elevarse la conferencia. Las conferencias sanadoras y realmente eficaces (incluso las innovadoras ideas sobre su auspicio) evolucionan solo desde una perspectiva verdadera de Dios, de nosotros mismos, nuestras comunidades y la naturaleza de la realidad.

A medida que “penetra[mos] muy hondo... en la realidad de Dios, el hombre, la naturaleza, el universo” respecto a auspiciar una conferencia de la Ciencia Cristiana, se hace más claro, por ejemplo, que la Verdad divina, no la personalidad, es poder. La Verdad habla por sí misma y atrae porque es lo que la humanidad, incluidos nuestros vecinos, están buscando por sobre todo lo demás. El Amor divino, no el dinero ni las tácticas de marketing, es el motor que mueve y facilita todo lo que es bueno. Jesús señaló que el poder del Amor resplandece a través de nosotros como una “ciudad en lo alto de una colina”, cuando rehusamos permitir que pongan nuestra luz “debajo de una canasta” (Mateo 5:14-16, NTV). Esta es una regla ineludible sobre la cual podemos construir, que trae los resultados que buscamos. Negarnos a actuar basados en falsos puntos de vista impide que nuestra luz esté oculta “debajo de una canasta”. Y permitir que nuestra luz resplandezca requiere decontinuosnuevos descubrimientos y de visiones del mundo llenas de Amor, no solo técnicas que empleamos cuando llega el momento de auspiciar una conferencia. El poder del Amor resplandece a través de nosotros cuando damos testimonio de lo que Dios está haciendo.

¿Qué es lo que realmente está ocurriendo en nuestro movimiento y en el mundo? Mary Baker Eddy escribió un párrafo maravilloso sobre esto en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras que comienza así: “La idea inmortal de la Verdad recorre los siglos, reuniendo bajo sus alas a enfermos y pecadores” (pág. 55). Este es un hecho del universo. Es la única tendencia de la realidad, sin importar cuántos argumentos en contra parecieran sugerir otra cosa.

Elevarse para descubrir más de lo que es real e infinito trae alivio e inspiración. Es el Amor divino mismo lo que nos eleva por encima de los falsos teoremas; no lo hacemos nosotros mismos. El Amor nos muestra perspectivas más reales de la presencia y de la Ciencia de la bondad de Dios, las que desenmascaran y anulan las impresiones hipnóticas. El Amor nos muestra que las conferencias sanadoras y fructíferas sobre la Ciencia Cristiana surgen de hacer lo que naturalmente amamos más: ser guiados por el Amor hacia vistas más espirituales y nuevas. Esta actividad que se apoya en la oración nunca es una carga. Si en algún momento sentimos lo contrario, podemos recurrir a la luz inspiradora del Amor, que revela más de lo que Dios es y está haciendo, y así podremos sentir un nuevo contexto en el cual avanzar.

Es una alegría continua para los miembros del Cuerpo de Conferenciantes acompañarlos en esta actividad.

Tom McElroy

Gerente del Cuerpo de Conferenciantes de la Ciencia Cristiana

La lista completa de los miembros del Cuerpo de Conferenciantes de la Ciencia Cristiana se puede encontrar en elheraldocc.com/conferenciantes.

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La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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