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Identidad y curación espirituales

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 12 de agosto de 2019


Cuando hablamos de la identidad de alguien, a menudo nos referimos a un sentido humano de la persona —su apellido y nombre, fecha y lugar de nacimiento, nacionalidad, residencia y así sucesivamente— hechos que uno podría encontrar en un documento de identidad. Sin embargo, para conocer su verdadera identidad, tenemos que ir más allá de los datos materiales acerca de ella, y mirar en cambio su origen espiritual y verdadero.

La Biblia nos dice que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza y le dio dominio sobre toda la tierra. También afirma que Dios miró Su creación “y vio que era muy [buena]” (Génesis 1:31, NTV).

¿Qué más sabemos acerca de este hombre espiritual de la creación de Dios? En el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, Mary Baker Eddy responde la respuesta “¿Qué es el hombre?” de la siguiente forma: “El hombre es la idea, la imagen, del Amor; no es el físico. Es la compuesta idea de Dios, incluyendo todas las ideas correctas; el término genérico para todo lo que refleja la imagen y semejanza de Dios;...” (pág. 475).

Cristo Jesús, al referirse a su identidad espiritual, dijo: “Yo y mi Padre uno somos” (Juan 10:30). Su clara comprensión de la unidad del hombre con Dios —la fuente espiritual de todos nosotros— lo capacitó para ver el reflejo perfecto de Dios allí mismo donde los hombres y mujeres mortales, enfermos y pecadores, parecen estar. Y fue esta correcta identificación del hombre lo que lo capacitó para sanar a los enfermos y resucitar a los muertos.

Jesús expresaba las cualidades del Amor divino, tales como pureza, bondad, paz, alegría, salud, obediencia y lealtad, y también veía estas cualidades en los demás. El relato de su vida en la Biblia nos permite vislumbrar al hombre ideal descrito en el primer capítulo del Génesis, hecho a imagen de Dios, como todos lo somos.

Los momentos difíciles que experimentamos son, con mucha frecuencia, oportunidades que nos impulsan a apartarnos de un sentido material de nosotros mismos hacia una comprensión más profunda de la verdadera identidad que Dios nos ha dado, como lo descubrí hace algunos años.

Antes de conocer la Ciencia Cristiana, yo había sufrido durante muchos años de malaria, constipación, dolores de cabeza, presión alta y otras irregularidades debidas a la presión de la sangre. Un doctor que me trató había declarado que estas dolencias eran incurables. Como la medicina moderna no me había curado, probé remedios tradicionales como té de hierbas, pero los mismos tampoco dieron resultado alguno. Me puse muy débil, y cuando se agotó toda esperanza de sanarme, no vi otra solución más que quitarme la vida.

Mientras buscaba una forma de suicidarme, un amigo que me vio en ese estado deplorable me persuadió de probar el tratamiento en la Ciencia Cristiana. Me explicó que esta Ciencia es una religión que sana al enfermo como Jesús sanaba, por medio de la oración únicamente. Aunque esto me pareció extraño, yo ya no quería tomar más medicinas ni té de hierbas, así que acepté su oferta de llevarme a ver a un Científico Cristiano.

Este hombre me recibió muy amigablemente y me preguntó qué podía hacer por mí. De inmediato le conté acerca de mi sufrimiento, sin omitir ningún detalle. Él me respondió pidiéndome que leyera algunos pasajes de la Biblia, incluso el relato de la creación del primer capítulo del Génesis.

Las explicaciones espirituales de estos pasajes, que él me señaló en Ciencia y Salud, me llevaron a descubrir el sentido espiritual de Dios y de Su expresión, el hombre.

También leí la respuesta a la pregunta “¿Qué es Dios?”, en la página 465 del libro de texto. Los siete sinónimos de Dios que aparecen en la respuesta son Principio, Mente, Alma, Espíritu, Vida, Verdad y Amor, y ellos fueron como un espejo que desplegó ante mí mi verdadero ser como reflejo espiritual de Dios. Me di cuenta de que el hombre está hecho en completa conformidad con Dios, el bien, y no puede expresar nada que sea contrario al bien. Comencé a comprender que mi cuerpo verdadero es la incorporación de las cualidades divinas, tales como alegría, salud, fortaleza, paz, armonía, etc., y no pueden incluir nada desemejante a Dios.

Fue evidente para mí que la causa de todo mi sufrimiento era mi ignorancia acerca de Dios y de mi identidad espiritual y verdadera como Su hijo perfecto. Sentí que volvía a nacer. Regresé a casa aquel día sintiéndome muy alegre y feliz. Me sentía revitalizado al estar consciente del hecho de que el hombre es la manifestación de la Vida, Dios, y de nada más.

Dormí con una paz que jamás olvidaré, y me desperté a la mañana siguiente completamente sano de todas las dolencias de las que había estado sufriendo. Entonces junté todos los medicamentos y talismanes que tenía y los eché a la basura. Esto ocurrió hace 32 años, y jamás volví a sufrir de esas enfermedades.

En el tiempo que ha transcurrido desde entonces, mi comprensión de mi identidad espiritual y verdadera ha continuado creciendo por medio de mi estudio de la Ciencia Cristiana, lo que me ha traído mucho progreso y me ha capacitado para ayudar y sanar a otros.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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