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Protegida de sufrir una lesión

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 26 de marzo de 2019


Había salido de casa de prisa para asistir a la reunión de testimonios de los miércoles, en mi filial de la Iglesia de Cristo, Científico. Sería la Lectora aquella noche. Llevaba muchos libros en mi brazo izquierdo cuando salí para ir a mi coche que estaba estacionado en la calle. Al abrir la puerta, escuché un ruido ensordecedor. Un camión grande venía a toda velocidad por mi lado de la calle, así que entré en el auto rápidamente, tomé la parte superior de la pesada puerta con mi mano derecha, y tiré de ella para sacarla fuera del paso del camión. Sin embargo, cuando la puerta se cerró, los dedos de mi mano derecha todavía estaban aferrados a la parte superior del marco de la ventana, y sintieron el impacto.

Raudamente abrí la puerta con mi otra mano y liberé los dedos. Mi pensamiento se dirigió de inmediato a la verdad: Vivo en el reino espiritual de Dios, el cual está gobernado por el Principio divino, no el azar. Todo está bajo el control perfecto de Dios, así que en realidad no puede haber accidentes ni heridas. ¡Estoy intacta y libre!

Cuando miré los dedos, no tenían ninguna marca. Ni siquiera sentía dolor, tan solo una pequeña molestia que muy pronto desapareció para no regresar.

Hice una pausa para pensar en lo que había ocurrido, y me di cuenta de que no me había permitido tener tiempo para sentir temor. Simplemente me había negado a aceptar que un hijo de Dios —yo o cualquier otra persona— pudiera estar sujeto a algún percance, y como resultado hubo una curación inmediata. Me habían venido al pensamiento dos pasajes favoritos de la Biblia: del Salmo 91: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”, y del Salmo 46: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”. Acababa de experimentar la verdad de esas palabras de una forma muy práctica, y me embargó un sentimiento de reverencia y gratitud por Dios, quien es el Amor siempre presente.

Comúnmente se diría que este incidente fue un accidente. Sin embargo, yo había estado estudiando la Ciencia Cristiana, y había visto muchas curaciones por medio de la oración cristiana divinamente científica, y anteriormente había escapado de ser herida en un choque de automóvil. Un accidente puede definirse como algo no planeado o fuera del control de Dios. Pero el hecho espiritual es que Él siempre tiene el control de toda Su creación. La armonía es la ley de Dios. Esta experiencia me demostró que un accidente no tiene ningún poder para hacerme daño ni a mí ni a nadie; ningún poder para trastornar nada en el reino de Dios.

Prudence Carr
Bishop, California, EE.UU.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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