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[Original en español]

En abril de 1968 empecé a sufrir de un serio problema del corazón...

Del número de mayo de 1979 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


En abril de 1968 empecé a sufrir de un serio problema del corazón y también sufría muchísimo de diabetes. Tenía que inyectarme grandes cantidades de insulina diariamente. Mi condición fue diagnosticada incurable y, como si eso fuera poco, tenía problemas familiares y desagradables rasgos de carácter.

En 1974 fui a Boston a visitar a una hermana, pero en realidad estaba huyendo de un problema familiar. Estando allí pasé por La Iglesia Madre y le dije a mi sobrina que quería verla por dentro. Desde el momento en que entré y fui recibida muy cortésmente por una guía, sentí una gran inspiración. Mientras ella me iba mostrando el hermoso edificio, yo iba recibiendo algo divino. Cuando llegué al auditorio, no pude más que expresar en voz alta: “¡Esto es maravilloso!” La guía me indicó dónde podía obtener el libro de texto, Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras por Mary Baker Eddy, y además me obsequió alguna literatura. Después compré el libro. La inspiración que sentí allí no me dejó. Leía Ciencia y Salud continuamente. Cuando volví al estado donde vivo, encontré una Sala de Lectura de la Ciencia Cristiana
Christian Science (crischan sáiens) que me venía muy bien. Allí me enseñaron cómo estudiar la Lección Bíblica que está en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Compré todo lo que había en español, e iba a la Sala de Lectura cada lunes a estudiar por varias horas. No supe cuándo sané de la diabetes y de mi carácter irascible —pero estas dificultades desaparecieron.

En 1975 regresé a Boston, donde asistí a un culto dominical. Volví a encontrarme con la misma guía, que seguía siendo tan amable como siempre, y con otras personas que me dijeron que había cultos en español en una iglesia filial cerca de mi domicilio. Nunca podré olvidar el amor que todos me expresaron.

Al regresar a Miami, surgió nuevamente el problema del corazón. Una practicista de la Ciencia Cristiana accedió a ayudarme. Después de varios meses de haber estado recibiendo tratamiento por la Ciencia Cristiana, mi esposo insistió en que fuera examinada por un médico nuevamente. Para gran sorpresa de los médicos no encontraron nada. Decían: “Es sorprendente; no solamente su corazón está sano, sino que hasta su diabetes ha desaparecido”.

Después de esta curación he tenido otras también de importancia y que han sido para la gloria de mi Padre-Madre Dios. Ahora soy miembro de Cuarta Iglesia de Cristo, Científico, Miami, y también de La Iglesia Madre. Por todas estas bendiciones, estoy sumamente agradecida a Dios; también por Cristo Jesús, el Mostrador del camino, por la Sra. Eddy, por el libro de texto, Ciencia y Salud, y por todos los que participaron en esta gran aventura mía, incluvendo la practicista que me ayudó por medio de la oración. Mis palabras son pocas para expresar todo lo que siento.


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Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 353

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