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Gratitud: Un festín espiritual que no te debes perder

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 21 de noviembre de 2022


Expresar gratitud es una práctica profundamente nutritiva que trae consigo un poder indescriptible. En Estados Unidos, mi país, el Día de Acción de Gracias se celebra cada noviembre expresando gratitud. Ya sea reuniéndose con la familia o tú solo, o incluso si nos encontramos en una parte del mundo sin este día festivo, podemos beneficiarnos de pensar más detenidamente en la verdadera naturaleza de la gratitud.

La gratitud promueve una sensación de bienestar y nos ayuda a estar más conscientes del bien. De hecho, es una especie de oración que mantiene nuestra conversación con Dios, el bien.

“Las quejas son pobreza, riqueza es gratitud”. Estas palabras de un himno (Vivian Burnett, Himnario de la Ciencia Cristiana, N° 249, CSBD) pueden provocar una pregunta fundamental que invita a la reflexión: ¿Decido servir al dios de la limitación o reconozco, en cambio, la verdad absoluta de la abundancia de Dios, el bien?

Si bien comúnmente se supone que la escasez conduce a la queja, la queja abre cada vez más la puerta a la sugestión de carencia. A su vez, esto puede fomentar el miedo, la preocupación, la envidia e incluso la desesperación, los cuales son obstáculos para el crecimiento y la gratitud. Al quitar del camino nuestros propios deseos y lo que no queremos, abrimos nuestros corazones al conmovedor reconocimiento de lo que es espiritualmente verdadero: nuestra perfección como imagen de Dios. 

A medida que nos elevamos por encima del sentido de carencia, discernimos la ley de la Ciencia divina que lo sustenta todo, y un sentimiento natural de gratitud e inspiración resplandece desde adentro. Aparecen bendiciones que antes no podíamos ver. Mary Baker Eddy, la fundadora de la Ciencia Cristiana, preguntó: “¿Estamos realmente agradecidos por el bien ya recibido? Entonces aprovecharemos las bendiciones que tenemos, y así estaremos capacitados para recibir más” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 3).

Hay una gratitud que viene antes que cualquier razón humana perceptible para ello, o prueba de ello, y es como una lente a través de la cual podemos ver el Principio infinito vivo y presente, Dios. Dicha gratitud es la expectativa de experimentar el bien que Dios otorga continuamente al hombre, una conciencia que brota de la omnipresencia del bien: lo que ya está sucediendo. No tenemos que esperar a que nuestra experiencia cambie antes de decidir reconocer el bien inalterable de Dios aquí y ahora.

Jesús demostró el poder de esa gratitud cuando dio gracias y luego alimentó a más de cinco mil personas con cinco panes de cebada y dos peces (véase Juan 6:5-14). Y esta misma acción devolvió a su querido amigo Lázaro a la vida. Aunque parecía que Jesús había llegado demasiado tarde, elevó su corazón en una oración de acción de gracias a Dios allí mismo y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has oído. Yo sabía que siempre me oyes” (Juan 11:41, 42, LBLA). Y luego llamó a Lázaro, que salió de la tumba vivo.

El concepto de estar agradecido antes de que llegue la evidencia es comprender la ley universal del bien eternamente en operación, y esto abre el camino para que se manifieste la gloriosa totalidad de Dios. Derrama la luz de la comprensión espiritual, y esto trae curación.

La Ciencia Cristiana revela que cada uno de nosotros es el reflejo de la Mente infinita, y que sólo hay una Mente, Dios, que es la inteligencia misma. En esta inteligencia divina, somos creativos, confiados, resplandecientes: una idea asombrosamente hermosa de la creación de Dios. 

Pero ¿creemos esto acerca de nosotros mismos? ¿O dudamos, y nos encontramos expresando solo una gratitud obligatoria y mecánica, especialmente en determinado día festivo? 

Para experimentar gratitud más regularmente y más profundamente, el bien ilimitado y constante debe atesorarse en la consciencia. Tómate un tiempo para sentarte y meditar en lo que Dios ve como tú, incluyendo tu belleza y gracia absolutas. Luego siente que te envuelve esta realidad espiritual. No puede sino atravesar el sentido personal de limitación, el hecho de centrarse en uno mismo y la letanía de problemas que parecen plagar a toda la humanidad.

La práctica de un corazón agradecido ayuda a sanar porque nos anima e inspira, lo cual no solo nos bendice a nosotros mismos y a nuestros seres queridos, sino que eleva universalmente a otros en todo el mundo. Además, nos prepara, como dice Ciencia y Salud, “para recibir más” (pág. 3).   

Es una alegría sanar nuestros pensamientos más íntimos, y para aquellos que son Científicos Cristianos es un deber. El momento en que nos sentimos agradecidos por la bondad de Dios, es el resplandeciente momento en que vivimos nuestras oraciones, y abandonamos con toda confianza esa nube de distracciones humanas; en síntesis, aceptamos “la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:21). 

Tal vez en un momento de arrepentimiento, dolor o autocompasión, seamos incapaces de percibir la bondad de Dios. Pero reconocer que el culpable es un error —cualquier cosa que sugiera que estamos separados de Dios— nos ayuda a descartar el error y nos hace volver a nuestra fuente, Dios. Ciencia y Salud nos sigue guiando: “La Ciencia es una exigencia divina, no humana. Siempre en lo cierto, su Principio divino jamás se arrepiente, sino que mantiene la demanda de la Verdad exterminando el error” (pág. 329).

Cada momento es una oportunidad para alinear nuestros pensamientos con la Vida divina prístina. Aquí uno puede deshacerse de las capas de sombras que oscurecen nuestra verdadera gratitud. La Sra. Eddy escribió un pensamiento notable: “Dios expresa en el hombre la idea infinita desarrollándose a sí misma para siempre, ampliándose y elevándose más y más desde una base ilimitada” (Ciencia y Salud, pág. 258).  

¿Cómo puede uno estar menos que agradecido por la idea de que el infinito se manifiesta como su vida? La Mente divina nos expresa generosamente a cada uno de nosotros como una idea suprema y siempre activa. Con Dios, el Principio divino, el Amor, como nuestro punto de partida, uno es renovado. Y no es de sorprender que como consecuencia surjan las soluciones para resolver los desafíos.

Ciencia y Salud dice: “El mandato del Maestro es que oremos en secreto y dejemos que nuestras vidas atestigüen nuestra sinceridad” (pág. 15). Los ejemplos de Jesús son incontrovertibles; vivió plenamente lo que enseñó. No repitió palabras superficiales de gratitud, sino que sintió y vivió su agradecimiento a Dios, el cual es una oración para la curación. Él nos enseñó que la mejor manera de estar agradecidos es vivir expresando gratitud. 

Vivir agradecido es estar consciente de que cada día es una oportunidad para abrazar en la consciencia la Vida que es Dios. Vivir con un corazón agradecido también nos ayuda a liberarnos de cualquier falso sentido de identidad o conciencia propia, como hijos nacidos libres de Dios, el bien. La gratitud sincera nos eleva por encima de un sentido limitado y corpóreo de individualidad y nos recuerda que cualquier bien que parezca faltar ya está científicamente presente.

Las siguientes son palabras del Himnario de la Ciencia Cristiana. Nos dicen que cada momento en que estemos agradecidos cada uno de nosotros “[perfecto] brotará”:

Un corazón de gratitud jardín hermoso es,
do toda gracia divinal perfecta brotará.
(Ethel Wasgatt Dennis, N° 3, © CSBD) 

Es la comprensión del cuidado infinito y omnipotente de Dios por el cual expresamos absoluta gratitud. La mente está señalando el camino, incluso cuando experimentamos espinas humanas, pero la corona del pensamiento que es agradecida y siempre receptiva de la idea divina viene con la curación en sus alas. No importa en qué época del año.

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