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Original Web

Con el poder de decir “¡no!”

Del número de octubre de 2018 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 6 de agosto de 2018 como original para la Web.


Cuando era joven, y estudiante de octavo grado del bachillerato, empecé a tomar un autobús hasta la YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes) para tomar clases de natación los sábados. Una mañana, cuando caminaba desde la parada del autobús hasta una de las entradas del edificio, noté que un hombre me observaba. Me siguió. Pensé que era mejor no correr con temor, y empecé a orar como estaba aprendiendo en la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana. Oré para saber que Dios estaba siempre presente y protegía a todos Sus hijos.

El hombre se acercó más y me siguió hasta las escaleras mismas que llevaban a la puerta para los miembros de la YMCA. Cuando me volví para mirarlo, me sujetó de forma inapropiada. 

Con confianza y valor grité: “¡No me toque!”. Él saltó hacia atrás, y yo subí corriendo las escaleras para entrar en el área de la piscina. El que un chico tan joven hablara con esa confianza y poder a un hombre adulto, debe haber sido una verdadera sorpresa para él. Esa fue la última vez que vi al hombre. 

Estoy muy agradecido por lo que he aprendido en la Escuela Dominical acerca de la bondad y el poder de Dios, de que Él es “nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmos 46:1). También me sentí agradecido por la confianza espiritual que me ayudó a responder con sabiduría en una situación difícil. Aunque era tan solo un adolescente, la modesta comprensión que estaba alcanzando en la Ciencia Cristiana —que mi verdadera y buena identidad espiritual tenía su fundamento y seguridad en Dios, mi Padre-Madre— me fortaleció y sostuvo. No me sentí mesmerizado ni inseguro, sino con el poder de mantenerme firme en mi identidad espiritual como hijo de Dios. Al sentirme totalmente sostenido por el amor que Dios tiene por Sus hijos, no sentí miedo.

No es un secreto que recientemente han habido muchas situaciones críticas en la sociedad en las que niños, mujeres y hombres sufrieron amenazas, acoso y ataques. Muchos han sido forzados y reprimidos de formas violentas. Aunque no hayamos sido afectados directamente por acciones como esas, es sumamente importante saber que, no obstante, podemos orar por este asunto con enorme compasión. Es alentador saber que la Ciencia Cristiana enseña que Dios, la Verdad y el Amor divinos, puede ser una ayuda poderosa para la gente en esas circunstancias.

Defenderse de los ataques, ya sea cara a cara o por Internet, es posible cuando aprendemos a confiar en Dios y Su bondad para traer armonía y resolución. Con la confianza y fortaleza que obtenemos en nuestra propia integridad espiritual y entereza derivadas de Dios, viene la habilidad y el valor para enfrentar y negarse a aceptar circunstancias que tratarían de intimidar o violar esa integridad y entereza. Confiar y saber que Dios es bueno y todopoderoso, y que al ser Su reflejo nosotros también somos buenos, no es teórico. Es real y práctico, y nos capacita para experimentar nuestra libertad y dominio espiritual.

Cuando Cristo Jesús se enfrentó con un padre cuyo hijo era un “lunático”, él reprendió vigorosamente las creencias diabólicas que atormentaban al joven: “Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora” (véase Mateo 17:14-18).

En la Ciencia Cristiana, decir “no” de esta forma no es hacer uso de la voluntad humana. Es negarse a creer o aceptar las creencias y pretensiones falsas acerca del hombre que tratarían de intimidarnos y hacernos sentir temerosos y atrapados. Esta convicción espiritual lo abraza todo, y nos da la certeza de que verdaderamente nada bueno puede perderse —ya sea nuestra carrera y propósito, o seguridad en el mundo mercantil— mientras defendamos lo que es correcto. Dios no nos castiga por defender nuestros derechos divinos, nuestra verdadera identidad y respeto propio.

Al referirse a Dios como la Mente divina, Mary Baker Eddy escribe en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “La Mente es el amo de los sentidos corporales, y puede conquistar la enfermedad, el pecado y la muerte. Ejerce esta autoridad otorgada por Dios. Toma posesión de tu cuerpo y gobierna sus sensaciones y acciones. Levántate en la fortaleza del Espíritu para resistir todo lo que sea desemejante al bien. Dios ha hecho al hombre capaz de esto, y nada puede invalidar la capacidad y el poder divinamente concedidos al hombre” (pág. 393).

Entender nuestra “autoridad otorgada por Dios” nos da el poder tanto para resistir como para reprender lo que trate de atacarnos. Nuestra confianza en la bondad y el poder de Dios nos ayuda a tomar consciencia de que la intención maligna debe caer ante la supremacía de Dios. Reitero, en Ciencia y Salud leemos: “Cuando el error te confronte, no escatimes la reprensión o la explicación que destruye el error. Nunca respires una atmósfera inmoral, excepto para tratar de purificarla” (pág. 452).

He aprendido que a través de una comprensión consciente del Dios omnipotente y de mi relación con Él obtengo la autoridad para decir no en situaciones equivocadas, confiando en el amor de Dios y en Su poder para proteger y salvar.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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