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Sana de esclerosis múltiple

Del número de marzo de 2005 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Cuando empecé a hacer la investigación para mi tesis a fin de terminar mi Maestría, todo a mi alrededor comenzó a derrumbarse. Era invierno y una época de mucho estrés. Además, no tenía idea de lo que me deparaba el futuro.

Un día, me levanté y no podía ver con el ojo derecho. Desesperada y confundida, me comuniqué con mi hermana mayor y le conté lo que ocurría. Ella es estudiante de la Christian Science y de inmediato se ofreció a ayudarme mediante la oración. Yo siempre había sido una persona espiritual, de modo que le dije: "Sí, por favor, ora por mí". Yo estaba tan asustada que fui a ver a un oculista, pero él no me pudo explicar lo que había pasado. Me dijo que tal vez se debiera a un virus y que en un mes recuperaría la vista. La misma regresó en tres días, y yo estaba convencida de que era gracias a las oraciones de mi hermana.

Luego comencé a sentir escalofríos, entumecimiento y hormigueo en todo el cuerpo, y meses después, parálisis parcial. Muy preocupada, dejé la escuela por seis meses y fui a visitar a mi hermano en Nuevo México, quien me llevó a varios médicos especialistas. Después de hacerme unas pruebas, nadie pudo darme un diagnóstico definitivo. Durante todo este tiempo, siempre recordaba la curación de la vista. Tenía la pregunta latente: "¿Cómo se produjo?"

Finalmente, un grupo de médicos con los que había estado consultando en el hospital, me diagnosticaron esclerosis múltiple. Me dijeron que no había forma de tratarla, ni manera de determinar la causa, y no había nada que ellos pudieran hacer por mí, más que aliviar los síntomas. Habían hecho todo lo que estaba en sus manos para ayudarme, lo que me hizo llegar a la conclusión de que la ciencia médica no era una ciencia como las matemáticas, en la cual uno aplica reglas o principios y siempre obtiene un resultado exacto. Los médicos no tenían ninguna otra solución ni esperanza para mí.

Cuando llamé a mi hermana y le conté el diagnóstico, me dijo con tranquilidad y mucha determinación: "Eso es una enorme mentira". Su respuesta no sólo me tranquilizó, sino que me hizo sentir curiosidad porque ella dijo esas palabras con autoridad. Yo sabía que no quería decir que los médicos me habían mentido, sino que su diagnóstico no era un hecho espiritual, no era la manera en que Dios me veía. Mi hermana me preguntó si quería recurrir otra vez a la oración, y acepté inmediatamente. Al día siguiente me envió por correo un ejemplar de Ciencia y Salud para que pudiera comprender cómo opera la curación espiritual. A esta altura yo anhelaba encontrar las respuestas.

Después que recibí el libro empecé a leer las Lecciones Bíblicas Semanales de la Christian Science, las cuales están compuestas de inspiradoras lecturas de la Biblia y de Ciencia y Salud. Aprendí acerca de un Dios definido como Vida, Verdad, Principio, Mente, Alma, Espíritu y Amor. Pensé: "O sea que esto es Dios". Mi concepto de Él siempre había sido el de un hombre enorme sentado sobre una nube mirando la Tierra. Por primera vez descubrí que mi anhelo espiritual era respondido. Me había embarcado en una nueva travesía en mi vida. Estaba decidida a aprender todo lo que pudiera de Dios y de mi "nuevo yo", es decir, de mi identidad espiritual.

Era la primera vez que abría una Biblia, y me sentía muy entusiasmada. Fue como si estuviera aprendiendo un nuevo tema, el tema de la vida. Me sentí como Colón descubriendo América. Durante ese tiempo, la parábola de Jesús del hijo pródigo significó mucho para mí (véase Lucas 15:11-24). Percibí que yo había estado tan enceguecida por los conceptos errados sobre Dios, y por la incomodidad que me producía el tema, que me sentí identificada con ese hijo espiritualmente perdido que finalmente "recuperó el sentido" y regresó a la casa de su padre. Sentí que este desafío estaba ocurriendo por alguna razón, y no porque yo hubiera hecho algo malo, o porque fuera una pecadora. En todo este tiempo estaba aprendiendo que Dios me había hecho espiritualmente perfecta, no material, y que me amaba por lo que yo era, y que no podía ser menos que Su reflejo.

Una noche, salí a caminar después de cenar y pensé en un pasaje de Ciencia y Salud que me había dado mucha inspiración esa mañana. No recuerdo cuál era, pero todas las piezas respecto al propósito de mi vida y mi verdadera identidad, comenzaron a ponerse en su lugar. Sentí una felicidad que no puedo explicar, como si me envolviera una cálida y amorosa energía. Todos mis temores sobre mi futuro, salud, seguridad y propósito en la vida, desaparecieron. Me sentí sana.

Me di cuenta de que Dios me amaba por lo que yo era.

A medida que continué orando con la ayuda de un practicista de la Christian Science, todos los síntomas de la enfermedad disminuyeron hasta que desaparecieron por completo unos dos años después. Durante este tiempo de curación, aprendí a ser "activamente paciente", a examinar mis pensamientos a cada momento y a vigilar que fueran buenos. Siempre hay algo que aprender sobre Dios y nuestra relación con Él También tomé una clase que enseña a sanar en la Christian Science.

Mediante la oración y el estudio, mi vida ha mejorado totalmente. Ya no soy la misma persona que era hace 11 años, cuando estaba en la universidad con innumerables temores, incluso con prejuicios y paranoia. Hoy soy libre y fuerte.


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