Skip to main content

¿Por qué buscar algo menos que el reino de Dios?

Del número de noviembre de 2016 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Publicado originalmente en el Christian Science Journal de Junio de 2016.


¿Por qué vas a conformarte con la añadidura cuando puedes tener el reino de Dios? Esta pregunta me vino al pensamiento hace algunos años cuando estaba buscando trabajo. Era evidente que yo había superado el puesto que tenía, y no parecía haber ningún otro puesto abierto dentro de la organización. Había enviado mi curriculum vitae a varios contactos, e incluso tenía idea de donde quería trabajar, pero no se abría ninguna oportunidad. Y aunque estaba muy entusiasmada con la posibilidad de encontrar un nuevo trabajo, sentía el profundo deseo de lograr algo más.

De modo que, cuando me vino el mensaje angelical de buscar el reino de Dios, realmente me tomé el tiempo de reflexionar sobre eso. La pregunta me recordó el mandato de Cristo Jesús: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo  6:33). ¿Qué estaba Jesús realmente tratando de decirnos que hiciéramos? ¿Por qué habríamos de escuchar su consejo? Para responder a estas preguntas es útil comprender qué son el reino de Dios y las añadiduras.

El reino de Dios es sinónimo del reino de los cielos, que Mary Baker Eddy define como “El reino de la armonía en la Ciencia divina; el reino de la Mente infalible, eterna y omnipotente; la atmósfera del Espíritu, donde el Alma es suprema” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 590). El reino de los cielos no es ni un lugar físico ni depende de la materia para existir. El reino de Dios depende enteramente de Dios, porque es la consciencia de la Mente divina e infinita. Es lo que Dios sabe y hace, el gobierno que ejerce sobre todo ello.

La mente carnal argumenta que estamos separados del reino de los cielos y que no lo merecemos. Esto solo es verdad del concepto mortal y falso del hombre; ciertamente no es la verdad de la idea de la Mente inmortal, el hombre, el hombre verdadero, tú y yo. Hablando del hombre inmortal, que está gobernado por Dios, Jesús dijo: “El reino de Dios dentro de vosotros está” (Lucas 17:2, según la versión King James). “El reino de los cielos” describe de qué es consciente el hombre, por ser el reflejo de Dios.

Las añadiduras a las que se refiere Jesús son buenas y los componentes correctos de la experiencia humana, tales como comida, hogar, provisión, vestimenta, salud, empleo y actividades, las cuales tienen su base en la bondad espiritual,  ideas, que Dios expresa en el hombre, y que se desenvuelven de nuestra comprensión de Dios. Pero si buscamos estas cosas primero, en lugar del reino de Dios, aparecen en nuestra experiencia simplemente como la versión muy limitada que la mente mortal tiene de ellas, sin ninguna garantía de que expresarán alguna de las cualidades de Dios o que serán realmente suficientes para responder a nuestras necesidades. Por otro lado, si buscamos el reino de los cielos primero, las añadiduras se transforman en la manifestación, de las formas más prácticas y maravillosas, del reino de Dios o cualidades en nuestra experiencia humana. 

¿Qué quiere decir realmente buscar el reino de Dios? Es el deseo, oración y trabajo sinceros de identificarnos a nosotros mismos como el reflejo de Dios, y entender y demostrar mejor, que Dios, el bien, está gobernando cada aspecto de nuestras vidas. A medida que nos esforzamos por buscar y encontrar, mediante la comprensión espiritual, más del reino de Dios, rechazamos todo aquello que sugeriría una existencia, causa o poder separados de Dios. Si bien esta búsqueda requiere devoción de pensamiento y acción, ciertamente no es un esfuerzo que se origine en la llamada mente humana, una creencia falsa de una mente separada de Dios. Buscar y encontrar el reino de Dios es realmente, despojarse habitualmente de la sugestión de que somos mortales con mentes separadas, y ceder con confianza a Dios como la Mente divina única, que está por siempre expresándose en el hombre.

No necesitamos llegar al reino de los cielos, o hacer que venga a nosotros. En vez de eso, cedemos continuamente al hecho científico de que el reino de Dios ya ha venido porque Dios está por siempre presente (véase Ciencia y Salud, pág. 16). En realidad, el reino de Dios debe ser todo lo que nosotros, como el reflejo de Dios, conocemos, expresamos y experimentamos ahora mismo. Nuestra gran necesidad, y emocionante oportunidad, es comprender y demostrar cada vez más esta gloriosa verdad. Como dice Mateo 25:34: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Como dice Mary Baker Eddy: “Dejemos que el altruismo, la bondad, la misericordia, la justicia, la salud, la santidad, el amor —el reino de los cielos— reinen en nosotros, y el pecado, la enfermedad y la muerte disminuirán hasta que finalmente desaparezcan” (Ciencia y Salud, pág. 248).

Una forma maravillosa de asegurar que estamos buscando y sometiéndonos al reino de Dios, es ser obediente a la instrucción de nuestra Guía de orar la “Oración Diaria”: “Venga Tu reino; haz que el reino de la Verdad, la Vida y el Amor divinos se establezca en mí, y quita de mí todo pecado; ¡y que Tu Palabra fecunde los afectos de toda la humanidad, y los gobierne!” (Mary Baker Eddy, Manual de la Iglesia, pág. 41). Los frutos de esta oración provienen de orar con frescura, gran expectativa y desbordando de gratitud, que nosotros podemos y experimentaremos la bondad infinita de Dios en todo aspecto de nuestro día.

¿Qué quiere decir buscar el reino de Dios primero? Significa que comprendemos que Dios es la fuente de todo el bien que existe, todo el bien que podamos desear. En lugar de buscar simplemente el componente humano específico que deseamos, identificamos las cualidades espirituales que el trabajo, la relación, la salud o el hogar representan, tal como seguridad, alegría, armonía, integridad, satisfacción y amor.  Reconocemos y agradecemos que estas cualidades espirituales de Dios están siempre presentes, sin importar lo que los sentidos materiales puedan decir. Y nos volvemos de todo corazón a Dios para que dirija nuestros pasos humanos por el camino que mejor seremos testigos y demostraremos estas cualidades —el reino de los cielos— más plenamente en nuestra vida cotidiana.

En mi búsqueda de trabajo, buscar el reino de Dios primero quería decir que yo debía dejar de estar concentrándome en encontrar un nuevo trabajo, y recurrir a las cualidades basadas en el Espíritu que yo estaba realmente buscando, incluido el crecimiento metafísico y profesional, un sentido más profundo de propósito y realización, y una mayor oportunidad de servir. No se podía contar con que una nueva oficina y descripción de puesto pudieran proporcionar cualquiera de las cualidades que yo esperaba recibir. De manera que redirigí mis esfuerzos para lograr conocer mejor a Dios e identificarme con más precisión como Su reflejo infinito. A medida que hacía esto, se abrieron oportunidades en el trabajo que tenía, de aplicar las ideas metafísicas que estaba aprendiendo de formas muy concretas, que ayudaron a mis colegas. Había una sensación tan grande de realización gracias a este crecimiento espiritual, que yo la verdad me olvidé del deseo de conseguir un nuevo trabajo.

Uno o dos meses después, me ofrecieron una nueva y totalmente inesperada oportunidad de trabajo dentro de la organización. Yo me había sentido guiada a ofrecerme como voluntaria para trabajar y completar un importante proyecto, el cual con el tiempo abrió este nuevo puesto. De modo que, mientras yo había estado buscando el reino de Dios, procurando reconocer Su presencia en todo aspecto de mi vida, Dios había estado dirigiendo mi camino. Este nuevo puesto era perfecto para mí, pues incorporaba exactamente el tipo de responsabilidades y desarrollo profesional que yo había estado buscando, y a la vez requería un continuo crecimiento espiritual.

Como un año después, tuve otra oportunidad de experimentar las bendiciones prácticas que vienen de buscar el reino de los cielos, en lugar de conformarme con las “añadiduras”. Surgió un desafío tan grande, que me hizo sentir que yo no tenía otra opción más que dejar el trabajo. Abrí mi pensamiento para mudarme a cualquier lugar y hacer lo que fuera para poder servir mejor a Dios. Incluso di el paso práctico de enviar mi curriculum vitae.

Como en mi búsqueda anterior de trabajo, me di cuenta de que lo que realmente quería no era un nuevo trabajo que me satisficiera. Yo deseaba alcanzar una comprensión más plena del reino de los cielos, una oportunidad para progresar, y una percepción más profunda del control de Dios. Así que más importante que encontrar un nuevo trabajo, lo que yo necesitaba era reclamar en oración que esas cosas ya formaban parte de mi experiencia presente. Me alentó mucho una parte del himno de Margaret Glenn Matters:

La Ciencia es mensaje que Dios al mundo dio,
revelación que libra con su verdad y amor.
Dios reina en nosotros, nos muestra Su poder;
el hombre, Su idea, al Alma conoció.
(Himnario de la Ciencia Cristiana, Nº 221, traducción español © CSBD)

Al regocijarme en la eterna presencia de Dios, un sincero deseo de resolver la situación, aunado a los pasos prácticos para hacerlo, me vinieron claramente al pensamiento. Las acciones que el Amor divino me indicó que hiciera resolvieron por completo lo que había parecido ser un problema obstinado, bendiciéndome no solo a mí, sino a todos mis colegas. En otras palabras, una prueba tangible del reino de los cielos, el reino de la armonía, se agregó a mi experiencia humana. Mi experiencia de trabajo continúa desenvolviéndose de forma extraordinaria y profundamente satisfactoria, porque es simplemente la manifestación de mi creciente convicción de que el reino de Dios jamás está en otro lugar o en un tiempo futuro, sino que ¡está siempre en operación aquí mismo, ahora mismo!

Es difícil pensar en un hábito más liberador, que dé más poder y sea más práctico, que buscar el reino de Dios primero, cualquiera sea la necesidad o el deseo que uno tenga. Reemplaza el concepto limitado que tiene la mente mortal acerca de todo, con las ilimitadas posibilidades del hombre inmortal, y asegura que el cuidado amoroso de Dios por el hombre se manifestará como las “añadiduras” en nuestra experiencia humana.

Publicado originalmente en el Christian Science Journal de Junio de 2016.

¡TENGA ACCESO A MÁS ARTÍCULOS INSPIRADORES COMO ESTE!

Bienvenido al Heraldo-Online, el sitio de El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Esperamos que disfrute de este artículo que ha sido compartido con usted.

 Para tener acceso total a los Heraldos, active una cuenta usando su suscripción impresa del Heraldo ¡o suscríbase hoy a JSH-Online!

More in this issue / noviembre de 2016

La misión de El Heraldo

La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

Saber más acerca de El Heraldo y su misión.