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Original Web

¿Cuál es mi historia?

Del número de agosto de 2021 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 17 de mayo de 2021 como original para la Web.


Mary Baker Eddy hizo una declaración verdaderamente notable cuando se le preguntó acerca de una lesión física que no cedía a la oración en la Ciencia Cristiana. El paciente era un veterano que sufría de una herida que había recibido durante la Guerra Civil estadounidense. Cuando se le preguntó qué pensaba que podía estar impidiendo la curación, ella explicó que tanto el practicista como el paciente creían que una guerra era parte de la historia del hombre. La Sra. Eddy debe de haber tenido una visión diferente de él, viendo en cambio su historia espiritual, siempre en armonía con Dios, el Amor divino (véase Ira Packard, “Justification,” Sentinel, May 10, 1913).

Con respecto a nuestra historia, la Sra. Eddy dio este consejo: “Es bueno saber, querido lector, que nuestra historia material y mortal, no es sino el registro de los sueños, no de la existencia real del hombre, y los sueños no tienen lugar en la Ciencia del ser. … 

“Dios está sobre todo. Él sólo es nuestro origen, propósito y ser. El hombre real no es del polvo ni jamás lo ha creado la carne; porque su padre y madre son el Espíritu único, y sus hermanos son todos hijos de un mismo padre, el bien eterno” (Retrospección e Introspección, págs. 21-22).

Los escritos de la Sra. Eddy nos ayudan a comprender la base de su notable afirmación de que, debido a nuestra unidad eterna con Dios, el Espíritu, no tenemos ninguna historia material. Ella estaba haciendo una distinción entre lo que había visto, en su estudio de la Biblia, como una realidad divina —que Dios es un Dios de amor todopoderoso y omnipresente, que está siempre gobernando a Su creación— y lo que los sentidos materiales presentaban como dificultades en la experiencia humana. Ella había descubierto que este tipo de visión espiritual tiene un efecto poderoso y beneficioso. Cuando lo que parece ser verdadero se corrige en el pensamiento, esas dificultades o distorsiones de la vida se corrigen en nuestra experiencia, en lo que llamamos curación.

La oración sanadora exitosa se basa en reconocer lo que es verdad acerca de Dios y de nuestra relación con Él.

Lo que la Sra. Eddy aprendió acerca de un Dios amoroso provino de lo que ella llamó su libro de texto: la Biblia, incluidos los relatos de las curaciones de Jesús. Eso la sanó. Esta es una manera en que la Biblia describe a Dios: “Reconoce hoy y reflexiona en tu corazón, que el Señor es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra; no hay otro” (Deuteronomio 4:39, LBLA). Este Dios hizo todo lo que fue hecho, incluido el hombre a Su propia imagen, y lo creó todo para que fuera bueno como Él mismo. Y Dios bendijo Su creación (véase Génesis 1). La Biblia informa de muchos casos en los que el poder de Dios salvó y protegió a Sus hijos, sanó el cuerpo y resucitó a los muertos, brindó consuelo en tiempos de temor y respondió a la necesidad humana de alimento y agua.

Dado el registro bíblico, su propia experiencia de curación y su extensa investigación sobre las Escrituras, la Sra. Eddy concluyó: “Las tres grandes verdades del Espíritu: la omnipotencia, la omnipresencia y la omnisciencia —el Espíritu que posee todo el poder, llena todo el espacio, constituye toda la Ciencia— contradicen para siempre la creencia de que la materia pueda ser real. Estas verdades eternas revelan la existencia primigenia como la realidad radiante de la creación de Dios, en la cual todo lo que Él ha hecho es declarado bueno por Su sabiduría” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, págs. 109-110).

El registro bíblico también afirma que el hombre fue hecho por Dios. Pero el hombre no fue creado y luego dejado solo para ser remodelado por las experiencias mundanas. En cambio, por ser la imagen y semejanza de Dios, que es el Espíritu infinito, el hombre es, de hecho, espiritual, eternamente uno con Dios, y expresa continuamente la naturaleza y actividad del bien.

De su estudio de las curaciones de Jesús y de sus propias experiencias como sanadora, la Sra. Eddy concluyó que reconocer al Dios que es Amor como el creador de toda la realidad tiene un impacto directo en la experiencia humana: abraza, ajusta, mejora la vida diaria y sana los sufrimientos, pasados y presentes. 

Esto significa para nosotros hoy que cada uno puede comprender claramente su propia historia. Podemos desafiar la historia de hace un minuto o de años atrás. Esto me ha resultado sumamente útil en mi propia vida. Un ejemplo simple: un día, me golpeé accidentalmente la cabeza contra una puerta de garaje que no estaba completamente abierta, con tanta fuerza que me arrojó hacia atrás, y caí de espaldas sobre el pavimento. Inmediatamente afirmé en oración que eso nunca había sucedido. Y continué orando con esa idea: “Nunca estuve allí, ni en la materia ni en un cuerpo mortal. En cambio, estaba con Dios, gobernada por Dios y actuando con sabiduría bajo Su dirección, sin importar lo que pareciera haber sucedido”. Estuve tentada a culparme a mí misma por haber actuado con descuido, pero reconocí que la autocondena solo afirmaría la creencia de que no había sido protegida y que podía sufrir debido a un error. Continué orando y no tuve secuelas del accidente.

Esta rápida curación me confirmó lo importante que es comprender que nuestra historia consiste en estar momento a momento con Dios, y que reconocer el hecho de esta unidad eterna abraza nuestra vida de la manera que mejor respalda nuestro continuo bienestar. Cualquier cosa en nuestro pasado humano que parezca haber sido formativo (como la herencia), el precursor de algo dañino (como el divorcio) o un argumento a favor de un daño irrevocable (como un accidente), no puede ser verdad, debido a nuestra eterna unidad con Dios como Su reflejo. Debido a esto, el suceso o condición dolorosa realmente nunca podría haber sucedido. En verdad, nunca estuvimos allí, sino que siempre estuvimos con Dios, el bien. 

Orar de esta manera contradice por completo la evidencia de los cinco sentidos materiales. Los sentidos informan continuamente con gran autoridad que el dolor, el veneno, las heridas, los accidentes, etc., son verdaderos; dicen: “Lo veo; lo siento; sé que es real”. Pero siempre tenemos la opción de aceptar o no esa lamentable descripción de la realidad como nuestra historia. Ciencia y Salud afirma, “… Si Dios, o el bien, es real, entonces el mal, la desemejanza de Dios, es irreal” (pág. 470). Por lo tanto, en lugar de aceptar lo que los sentidos materiales informan que es una realidad, podemos desafiarlo. Si su evidencia no es consecuente con el amor de Dios por nosotros, jamás podrá ser cierta.

La oración sanadora exitosa se basa en reconocer lo que es verdad acerca de Dios y de nuestra relación con Él. Reconocer esto nos da una perspectiva precisa de nuestra verdadera historia, y de nuestro eterno ahora.

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— Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea pág. 353

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