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Original Web

La oración sana un problema al corazón

Del número de febrero de 2018 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 25 de diciembre de 2017 como original para la Web.


Hace unos años, sentí que mi corazón no estaba funcionando bien. Mis latidos eran irregulares, y me sentía muy débil la mayor parte del tiempo. Recuerdo que me apoyaba contra la mesada cuando hacía cosas en la cocina porque sentía que estaba demasiado débil como para estar parado. Cuando caminaba, apenas podía dar unos pasos y luego tenía que descansar.

Para mí era natural tratar la dificultad por medio de la Ciencia Cristiana, ya que siempre lo había hecho y había tenido muchas curaciones mediante la oración únicamente. En Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, Mary Baker Eddy afirma: “El pensamiento humano tiene que liberarse de la materialidad y esclavitud que se ha impuesto a sí mismo. No se debiera preguntar más a la cabeza, al corazón o a los pulmones: ¿Qué perspectivas de vida tiene el hombre? La Mente no está indefensa. La inteligencia no enmudece ante lo carente de inteligencia” (pág. 191). Me ayudó mucho comprender este pasaje.

También me sostuvo mucho otra de las declaraciones de la Sra. Eddy, que ella denomina “toque de clarín de la Verdad”, y que dice lo siguiente: “ ‘No hay muerte, no hay inacción, acción enfermiza, acción excesiva ni reacción’ ” (Ciencia y Salud, págs. 427–428).

Oré por esta situación durante dos años o más, a veces con la ayuda de un practicista de la Ciencia Cristiana. Aunque a veces experimentaba tan solo un alivio temporal, sabía que la verdad espiritual que estaba declarando era eficaz y se manifestaría a medida que comprendiera más profundamente la presencia y el amor de Dios. Con frecuencia declaraba: “El Amor es mi corazón; la Mente es mi fortaleza; las corrientes del Espíritu son mi circulación; Dios es mi Vida”.

A menudo, cuando estaba activo, me recordaba a mí mismo que estaba ejercitando el pensamiento, no la materia. Estaba expresando a Dios en fortaleza, acción, ritmo, energía, vigor, vitalidad y armonía. No me sentía atemorizado, porque sabía que el amor de Dios estaba siempre presente, y “el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18).

Entonces, un día noté que caminaba con más libertad, y mi esposa hizo un comentario al respecto. Días después, cuando fuimos a visitar un parque grande, hicimos una caminata de más de tres horas sin ninguna dificultad o malos efectos. Y desde entonces he podido caminar libremente y tengo fuerza para hacer todas mis actividades normales, incluso trabajos en la casa, jardinería y andar en bicicleta.

Las palabras no pueden expresar la satisfacción, gratitud y alegría que vienen con la curación espiritual, pues la Verdad no solo produce un cambio externo, sino que el pensamiento también es sanado y elevado más alto en la comprensión de la vida en Dios. Estoy muy agradecido por la Ciencia Cristiana y por Mary Baker Eddy, que nos trajo esta poderosa comprensión.

Ralph Waldo Emerson
Tacoma, Washington, EE.UU.

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Mary Sands Lee, Christian Science Sentinel, 7 de julio de 1956

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