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“Dios con nosotros” todos

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 28 de febrero de 2022


Que oremos por los desafíos, incluida la guerra, es realmente importante.

La poderosa historia de una guerra entre dos naciones que fue detenida contiene convincentes lecciones para estos tiempos. Esta historia, del libro de Segundo de Reyes de la Biblia, nos muestra que todos —tanto los opresores como los oprimidos— estaban rodeados por los “caballos y carros de fuego” de Dios (véase 6:8-23, LBLA). Esta revelación espiritual, que dio a conocer el profeta Eliseo, fue una garantía de que todos serían liberados, porque en otra ocasión, él había visto que este mismo medio había traído liberación (véase 2 Reyes 2:12).

En el Nuevo Testamento, la liberación, a través del reconocimiento de la vida en Dios y de Dios, fue poderosamente demostrada por Cristo Jesús. Su reconocimiento inquebrantable de que todo ser real se encuentra en Dios, incluyó el corolario de que todo aquello desemejante a Su bondad infinita no podía ser, ciertamente, la realidad que pretende ser. Jesús demostró el control de Dios bajo las circunstancias más severas, y disipó toda noción de que alguna situación pudiera detener la supremacía de Dios, el Amor divino. Su comprensión de Dios destruía el error, es decir, la creencia de que el Amor no tiene el control. Veía este error no como una realidad, ni siquiera como un poder menor y temporal, sino como un engaño en el que se cree erróneamente. 

Si el mal y la materia hubieran sido la realidad que afirmaban ser, Jesús no habría podido caminar con seguridad a través de las multitudes empeñadas en su destrucción, alimentar y sanar a las multitudes o resucitar a los muertos, y hasta levantarse de su propia tumba. 

Innumerables personas han demostrado también estos conceptos espirituales —tanto modesta como más dramáticamente— incluida la Descubridora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy. Ella escribió: “Ninguna evidencia de los sentidos materiales puede cerrarme los ojos ante la prueba científica de que Dios, el bien, es supremo” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 277).  

La Ciencia Cristiana explica que la capacidad de conocer a Dios proviene de Dios, y este conocimiento constituye nuestro sentido espiritual. Ninguna imagen material puede impedirnos percibir o experimentar lo que nuestros sentidos espirituales conocen. No obstante, la imagen material, ciertamente, no puede resistir el pensamiento espiritualizado.  

Un espejismo en el camino desaparece porque es una ilusión; jamás es ni por un momento real. Así también, un cambio en el pensamiento del temor a la sagrada inspiración revela que toda imagen material nunca ha sido la sustancia que afirmaba ser. El “tamaño” de un espejismo, obviamente, es tan irreal como su pretensión de ser real. 

Esto tiene mucho que ver con la forma en que oramos de manera eficaz acerca de los desafíos globales. Si no enfrentamos con audacia y espiritualmente el mesmerismo de la guerra, esta pretendería habernos engañado. De modo que insistimos para que nuestro pensamiento no sea invadido por ningún sentido de impotencia, futilidad o derrota. Este tipo de guerra —que destruye mentalmente toda pretensión que se atreve a oponerse al conocimiento y la totalidad de Dios— es la única manera de vencer el conflicto y la guerra. Ya se ha demostrado que este enfoque es eficaz. Necesitamos, entonces, utilizar este, el más poderoso de los medios, para salvar a todos. 

La forma en que oramos acerca de los desafíos globales, incluida la guerra, es realmente importante.

Si los desafíos mundiales a los que nos enfrentamos hoy en día cobran gran importancia, eso no tiene por qué impedirnos pensar con claridad, valentía y espiritualmente a pesar de ellos. Esto se confirmó en la experiencia de un joven amigo mío. Él vive en un país que fue invadido por una nación vecina hace unos años. Hubo períodos en los que, durante semanas, la suspensión temporal del bombardeo no era de más de tres o cuatro horas. Durante el día, mi amigo leía todos los libros que podía, buscando respuestas al significado de la vida. Cuando oscurecía, ocupaba el tiempo pensando profundamente en las ideas que había estado leyendo. Después de semanas de vivir así, un día logró enviarme un correo electrónico en el que escribió: “Si tienes fe, ¿puedes al mismo tiempo temblar de miedo ante esta locura? Quiero decir que literalmente debo encomendarme a Dios. No pretendo convencer a nadie de esto. Pero al pensar así he empezado a vivir”.

Alrededor de mi amigo había tal destrucción, que un sentido mortal y material de la vida comenzó a perder su significado. Como siempre debe ser el caso, cuanto mayor parece volverse una discordia, en lugar de hacerse más real, comienza a perder su legitimidad. En medio de toda la destrucción, cuando a mi amigo lo embargó un sentido irreprimible de la vida, supo que lo que estaba sintiendo solo podía ser de Dios. 

Cuando finalmente se declaró un alto el fuego, mi amigo fue al día siguiente a la biblioteca pública, donde trabajaba, para ayudar a limpiar los escombros. ¡En menos de una hora la gente entró no solo para ayudar, sino también para tomar libros prestados! 

En todas las épocas, las personas han experimentado la certeza de que nada podía separarlas de Dios, el Amor, la Vida. Y puesto que no se les podía impedir sentir la presencia de Dios, comenzaron a aceptar que el mal era incapaz de controlar sus vidas. En este sentido, recientemente escuché un testimonio compartido en una reunión de testimonios de los miércoles por la noche (que las iglesias de la Ciencia Cristiana realizan cada semana en persona y a veces en línea) de un hombre cuya convicción de la realidad de Dios aumentó, en lugar de disminuir, durante el período en que sirvió en una zona de guerra.

En mis experiencias actuales con amigos que viven en zonas de guerra, en numerosas ocasiones he pasado de una sensación de desesperanza a la certeza del control de Dios sobre todo. Ese cambio no fue algo que yo pudiera producir. Fue el Cristo, el mensaje de verdad y amor enviado por el cielo, que me aseguraba de la presencia y el poder del Amor. No es de sorprender que estos amigos más tarde me hayan contado que recibieron suministros inesperados, seguridad, nuevas oportunidades e incluso momentos de alegría. 

Es reconfortante saber que somos cambiados para sentir nuestra unidad con Dios. Digo que “somos cambiados” porque no nos cambiamos a nosotros mismos, sino que somos elevados por la omnipresencia del poder salvador del Amor. Al igual que los profetas bíblicos, podemos saber que Dios nos libera a todos. Dios es el mismo aquí y ahora, dondequiera que estemos, sea lo que sea que enfrentemos. “Dios con nosotros” todos es el único Dios que existe.

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