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Escuchar la voz de Dios trae curación

Del número de febrero de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Publicado originalmente en el Christian Science Sentinel del 29 de agosto de 2016.

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¿Qué necesitamos realmente cuando ansiamos sanar y progresar en la vida? ¿Necesitamos que Dios arregle un cuerpo físico, o que nos dé más dinero, o que cambie a esa persona tan difícil de tratar de la oficina?

Lo que realmente necesitamos cuando nos esforzamos por progresar y gozar de buena salud es obtener un sentido claro e inspirado de la realidad divina. ¿Qué es la realidad divina? Es lo que Dios conoce acerca de Su ser infinito y perfecto, y de Su impecable creación espiritual.

Puesto que Dios es la Mente divina, Él creó todo mediante Su sabiduría, mediante la inteligencia divina, y Su creación es el desarrollo de ideas espirituales. La Biblia afirma: “El Señor con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia” (Proverbios 3:19). 

Como la Mente es infinita, toda acción en el universo consiste en el desarrollo de las ideas de la Mente, que están bendecidas y bendicen. Los atributos de la Mente incluyen misericordia, justicia, sabiduría y bondad; por lo tanto, las ideas de la Mente expresan naturalmente esas cualidades en abundancia.

Las soluciones surgen a medida que obtenemos un claro sentido de la Mente que todo lo sabe y prestamos atención a las ideas espirituales que la Mente nos está revelando constantemente a cada uno de nosotros. ¿Cómo obtenemos la habilidad de escuchar y utilizar las ideas espirituales que Dios nos da? Es reconfortante saber que Dios, la Mente divina, nos creó a cada uno de nosotros con la habilidad de escuchar a Dios. 

Moisés, el gran líder hebreo, explicó esto a los israelitas sobre su relación con Dios: “Desde los cielos te hizo oír su voz, para enseñarte” (Deuteronomio 4:36). Dios siempre está expresando Sus ideas en el hombre, revelando la armonía universal y haciendo que el hombre conozca esta armonía. A medida que cedemos a Su voluntad de inmutable bondad, los pasos humanos correctos se van revelando en nuestro pensamiento.

¿Qué función desempeña esto en la curación cristiana? Cristo Jesús, el sanador cristiano por excelencia, mantenía constantemente un sentido claro e inspirado de la realidad divina, de la Mente y sus ideas. Él llamaba a la realidad divina “el reino de Dios” o el “reino de los cielos”. En sus parábolas, metafóricamente describía este reino como una perla de gran precio, un tesoro oculto, una semilla sembrada en buena tierra, la levadura que leuda el pan, o una pequeña semilla de mostaza que crece hasta convertirse en un gran árbol que brinda protección. Puesto que Dios es la Mente divina, las cosas de gran valor que encontramos en Su reino pueden ser entendidas como ideas espirituales, aspectos de la realidad divina, incluidas en el sentido espiritual de la vida como el reflejo de la Vida divina.

¿Cómo se relaciona esto con la ayuda que brinda un practicista de la Ciencia Cristiana? El practicista percibe mediante la oración la unidad del paciente con la Mente divina, la cual contiene la idea verdadera del ser armonioso. El practicista adquiere la percepción de esta unidad mediante la oración específica, o tratamiento, por el paciente, y a veces ayuda al paciente a discernirla al compartir ideas o verdades espirituales de la Biblia y los escritos de Mary Baker Eddy. 

La curación es el resultado natural e inevitable porque el hecho de conocer la realidad espiritual como Dios la conoce se manifiesta externamente en compleción y bienestar. La Sra. Eddy explica: “Para Dios, saber es ser; es decir, lo que Él sabe debe existir verdadera y eternamente” (No y Sí, pág. 16). La consciencia —el conocimiento y la comprensión— de la verdadera idea del ser nos capacita para probar y experimentar algo de nuestro verdadero ser en su armonía y bondad inmortales.

¿Cómo podemos mejorar nuestra habilidad para escuchar, apreciar y percibir con entendimiento las ideas espirituales de la Mente que traen curación? Jesús dijo: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). Es reconfortante saber que, por ser el reflejo de Dios, somos naturalmente puros y buenos. 

Los móviles altruistas, una actitud mental siempre alerta para escuchar, y un profundo deseo de conocer y llevar a cabo la voluntad de Dios que es del todo buena, nos capacita para discernir las ideas que emanan de la Mente divina. La oración diaria, el estar en comunión con la Mente única, es también indispensable.

El año pasado tuve una experiencia que destacó la importancia de escuchar a Dios. Una mañana, al agacharme para hacer una tarea en la casa, sentí un dolor muy intenso en la espalda y sentí que me iba a desmayar. Empecé a orar para eliminar el temor y apenas pude llegar al teléfono para llamar a un practicista de la Ciencia Cristiana. Le dije al practicista que no podía moverme ni hacer nada, y él respondió: “¿Puedes escuchar a Dios?” 

Sentí que ese era un llamado para que mentalmente apartara la mirada del cuerpo y escuchara solo las ideas que me venían de Dios, y así lo hice. Me vinieron al pensamiento ideas sanadoras, basadas en mi estudio de la Ciencia Cristiana. El dolor disminuyó considerablemente, y continué escuchando a Dios atenta a lo que fuera que yo necesitara saber. 

En cierto momento, escuché claramente en mi pensamiento que podía desechar el gran sentido de responsabilidad que tenía debido a ciertas cosas que necesitaba cumplir, y saber que yo era simplemente el reflejo de Dios. En el transcurso del día, me sentí mucho mejor, y le agradecí al practicista por sus oraciones. En una semana desaparecieron las últimas molestias, y ese invierno paleé mucha nieve alrededor de mi casa sin ningún problema.

En otra ocasión, aprendí la importancia de estar preparada para escuchar las ideas que se necesitan, aunque sean totalmente diferentes a lo que uno espera. Se necesitaba reconstruir una pared de ladrillos de mi casa, pero no lograba encontrar ningún albañil disponible, supuestamente porque había pocos albañiles competentes en mi ciudad. Oré durante semanas por la idea espiritual de hogar y los recursos abundantes del Amor divino. 

Un día, de pronto me di cuenta de que no había sacado un permiso municipal para este trabajo. Una vez que entendí esto, las cosas empezaron a avanzar. Me vino la idea de llamar a un inspector de viviendas que conocía y pedirle que me recomendara una empresa de albañilería. 

Llamé a la firma que me recomendó, y una persona de la empresa muy pronto vino a darme un presupuesto. Me dijo que podía empezar el trabajo en dos días. Llevé el presupuesto a la oficina de permisos y lo obtuve ese mismo día, aunque me habían dicho que tomaría una semana. Dos días después, vinieron los albañiles a construir una nueva y hermosa pared.

La Mente divina está continuamente expresando ideas correctas en el desarrollo de su plan del bien infinito. La Biblia nos asegura que “el Señor da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia” (Proverbios 2:6). A medida que nuestro pensamiento va cediendo, mediante la oración, a la Mente única, encontramos ideas divinamente inspiradas que traen curación y progreso para todos.

Publicado originalmente en el Christian Science Sentinel del 29 de agosto de 2016.

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En 1903, Mary Baker Eddy estableció El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Su propósito: “Proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad”. La definición que da el diccionario de “heraldo” como un “precursor, un mensajero que es enviado para anunciar que lo que ha de venir se acerca”, da un significado especial al nombre “Heraldo” y señala además nuestra obligación, la obligación de cada uno de nosotros, de ver que nuestros Heraldos sean dignos de la confianza depositada en ellos, confianza que es inseparable del Cristo y que fue anunciada primero por Jesús (Marcos 16:15): “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

Mary Sands Lee, Christian Science Sentinel, 7 de julio de 1956

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