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Libre de depresión

Del número de marzo de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Original en portugués

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Hace algunos años falleció mi padre, y este hecho me sumió en una tristeza inmensa. Durante la misma época, quedé embarazada y empecé a tener muy baja autoestima. La situación empeoró tras el nacimiento de mi hijo. Y cuando este tenía nueve meses, mi esposo y yo solicitamos el divorcio. Así que empecé a sentirme cada vez más triste. No quería salir de casa ni socializar con amigos u otras personas, ni siquiera tener contacto con familiares. Sólo quería quedarme en la cama, durmiendo todo el tiempo.

En un momento, visité a un psiquiatra, quien dijo que debía tomar cinco píldoras diariamente. Comencé a sentirme dependiente de esa medicación, lo cual fue muy angustioso para mí. El psiquiatra también recomendó que un terapeuta apoyara el caso, y así comencé a visitar la oficina de un psicólogo semanalmente.

Pero en enero de 2015, me familiaricé con Ciencia y la Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy. Empecé a leer el libro, comenzando con el capítulo “Los frutos”, que ofrece muchos testimonios de curaciones. Estos testimonios me hicieron entender cómo la gente había sanado de varios problemas solamente a través de la oración. Así que empecé a obtener un sentido de confianza a medida que me daba cuenta de que el mensaje del libro realmente sanaba. Al leerlo, vi que realmente presentaba la Ciencia divina del ser verdadero, una Ciencia que se podía demostrar y poner en práctica, y supe que si la practicaba podía confiar en obtener la curación.

Unos cuantos pasajes del libro fueron realmente útiles, como éste, por ejemplo: “Cuando la ilusión de enfermedad o de pecado te tiente, aférrate firmemente a Dios y Su idea. No permitas que nada sino Su semejanza more en tu pensamiento. No dejes que ni el temor ni la duda ensombrezcan tu claro sentido y calma confianza de que el reconocimiento de la vida armoniosa  —como la Vida es eternamente— puede destruir cualquier sentido doloroso o cualquier creencia acerca de aquello que no es la Vida” (pág. 495). Mientras leía Ciencia y Salud, me estaba liberando del temor y la duda. Realmente empecé a sentir un cambio en mi consciencia, y ya no sentía la necesidad de tomar medicamentos o de tener apoyo psicológico y psiquiátrico. Sentí que me estaba convirtiendo en una persona mejor, con mejores pensamientos. Fue un cambio muy natural.

Después de leer el libro durante cuatro meses, ya no tomaba ninguna medicación y había dejado el tratamiento con el psiquiatra y el psicólogo. Me sentía feliz, con energía para cuidar a mi hijo, salir con él, y hacer todo lo que necesitaba.

Después de que esta curación tuvo lugar, me interesé cada vez más en la Ciencia Cristiana. Como no había iglesias, sociedades o grupos informales de la Ciencia Cristiana en mi ciudad, empecé a buscar en el Internet para encontrar todo lo que podía sobre esta Ciencia. Encontré información sobre una Cumbre de la Juventud de la Ciencia Cristiana que se llevaría a cabo en septiembre de 2015, en Río de Janeiro. Hice todos los arreglos para asistir.

Fue estupendo participar en esta cumbre, porque conocí a Científicos Cristianos de todo Brasil y también de otros países. También tuve la oportunidad de visitar una filial local de la Iglesia de Cristo, Científico, y comprar más literatura de Ciencia Cristiana en la Sala de Lectura de esta iglesia, incluyendo otras obras de la Sra. Eddy. Unas pocas personas y yo formamos un grupo informal de la Ciencia Cristiana, y hoy nos reunimos periódicamente para estudiar juntos y compartir testimonios de curaciones a través de la oración.

He estado completamente sana por casi dos años. Aunque no me había dado cuenta al principio, ahora veo cuánto crecí en mi entendimiento de que todos somos hijos de Dios, perfectos, creados a Su imagen y semejanza. Comencé a sentirme amada por Dios —el Amor infinito—, a sentir el amor en todas partes y para con todos, y a comprender que la única realidad es el Amor divino. No había podido salir de mi casa porque tenía miedo, y cuando aprendí que el Amor divino está siempre presente y llena todo el espacio, me sentí a salvo y segura, y así vencí al temor. Como leemos en la Biblia, “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18).

Hoy también entiendo que es imposible para nosotros, como reflejo de Dios, estar recluidos y deprimidos, porque nuestra vida es Dios. Entiendo que puesto que nuestros pensamientos reales provienen de la Mente divina, los pensamientos de tristeza o sentimientos de inferioridad no vienen de Dios y no nos pertenecen, así que podemos rechazarlos. Sólo podemos pensar lo que la Mente divina piensa sobre el hombre —un término genérico que significa todos los hombres y mujeres— como el reflejo de Dios: que el hombre expresa plenamente la alegría, la confianza y el amor, entre otras cualidades. Estas verdades espirituales llenan mi ser, forman mis pensamientos, me alimentan, me protegen y me dan valor. Mi gratitud por la Ciencia Cristiana es ilimitada.

Raquel Espir, Uberlândia

Original en portugués

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En 1903, Mary Baker Eddy estableció El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Su propósito: “Proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad”. La definición que da el diccionario de “heraldo” como un “precursor, un mensajero que es enviado para anunciar que lo que ha de venir se acerca”, da un significado especial al nombre “Heraldo” y señala además nuestra obligación, la obligación de cada uno de nosotros, de ver que nuestros Heraldos sean dignos de la confianza depositada en ellos, confianza que es inseparable del Cristo y que fue anunciada primero por Jesús (Marcos 16:15): “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

Mary Sands Lee, Christian Science Sentinel, 7 de julio de 1956

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