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Agradecido por encontrar la Ciencia Cristiana

Del número de abril de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Original en francés


Encontré la Ciencia Cristiana hace más de cuatro años. -¡Por fin! Es lo que inmediatamente pronuncié después de comenzar a leer Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, el libro de texto de la Ciencia Cristiana, escrito por Mary Baker Eddy, Fundadora de la Iglesia de Cristo, Científico. El sentimiento de realización que obtuve de las enseñanzas de esta Ciencia nunca me ha dejado.

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:7, 8). La promesa contenida en estas palabras de la Escritura se cumplió en la larga travesía que me llevó a la Ciencia Cristiana.

Siempre he creído en Dios y en la posibilidad de ser sanado por medio de la oración. Y he sido testigo de los beneficios de mi confianza en Dios. Pero en cierto momento, mi vida se volvió miserable en varios aspectos, y resolví pedirle a Dios, de una manera mejor que antes, que me mostrara el verdadero camino que me permitiría acercarme a Él. Después de más de tres semanas de oración ferviente de rodillas, la respuesta vino. Y esta respuesta fue la Ciencia Cristiana.

En siete días terminé de leer Ciencia y Salud, que acababa de adquirir a través de un conocido. Nunca antes había oído hablar de la Ciencia Cristiana. Cuando conocí al amigo que me había ayudado a conseguir el libro de nuevo, obviamente estaba lleno de entusiasmo. Me dijo que esperaba encontrarme en ese estado, viendo cuánto yo ansiaba conocer a Dios.

Después de leer el libro, inmediatamente solicité ser miembro de la Sociedad de Ciencia Cristiana local, y un año más tarde me hice miembro de La Iglesia Madre. Me sentí feliz y agradecido de haber sido admitido tan pronto y poder aportar mis modestas contribuciones a las actividades de los diversos comités de la sociedad local. Sigo siendo activo en la sociedad hoy. Y estoy muy agradecido de haber podido tomar instrucción en clase Primaria de la Ciencia recientemente. Mi inclusión en esta clase fue una verdadera demostración del amor de Dios por Su hijo. 

Tan pronto como encontré la Ciencia Cristiana, desde el principio, experimenté muchas curaciones. Me alegré mucho al ver desaparecer el miedo a ser asaltado por la calle, la fobia de estar entre una multitud, la tendencia a desalentarme o confundirme. Un practicista de la Ciencia Cristiana y otros científicos cristianos devotos me ayudaron con amor y paciencia, para superar la duda y el desaliento.

Por medio de su ayuda y mi estudio personal, he comprendido que soy la imagen y semejanza de Dios, lo que significa que puesto que Dios es eternamente e inmutablemente perfecto, la perfección es una manifestación eterna e inmutable en todo lo que soy y hago. He estado apoyándome desde entonces en esta comprensión y esta confianza para curar problemas de salud. Por ejemplo, he sido sanado de malaria, de ataques de fiebre, y de un malestar estomacal.

Encontrar la Ciencia Cristiana me ha ofrecido perspectivas nuevas y felices sobre la vida. Expreso mi más profunda gratitud a Dios y a Cristo Jesús por esto, así como a nuestra amada Guía, Mary Baker Eddy. También estoy lleno de alegría al saber que la iglesia de Cristo, Científico, durante más de cien años, ha mantenido encendida la luz de la Vida, la Verdad y el Amor que nunca se apagará.

A. Louis Agbazagan, Cotonou

Original en francés

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La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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