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Artículo de portada

Mi travesía espiritual hacia la curación

Del número de enero de 2015 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Original en francés


 En el año 2010, durante un chequeo médico, me diagnosticaron cáncer en el pecho. Ese fue un golpe muy grande para mí. No sabía qué hacer. Me embargó tanto miedo que me sentía paralizada.

Tenía dos hijos que cuidar, de modo que no podía aceptar ese diagnóstico. Yo quería estar con ellos para apoyarlos. No quería que sintieran el dolor que causa la pérdida de uno de los padres. Me dije a mí misma que debía haber una solución, y que tenía que seguir buscando la inspiración que me diría cómo sanar esa condición. Para ese entonces, hacía muchos años que practicaba meditación. Lo primero que se me ocurrió fue que tenía que dejar de trabajar, y centrar todos mis pensamientos y energías en sanar. No quería ni pensar en seguir un tratamiento médico regular, porque para mí la respuesta no estaba ahí.

Tenía dolores de vez en cuando, y pasaba momentos muy difíciles. Sentía miedo de morir. Luchaba mentalmente contra el temor con todo mi corazón, pero la lucha era agotadora. En aquel momento también comprendí que estaba muy enojada con alguien muy cercano a mí, y cuán dañino era ese enojo para mi bienestar. Poco a poco logré perdonarlo.

Entonces sentí la necesidad de buscar ayuda, de encontrar a alguien que pudiera aconsejarme sobre qué debía hacer. Me comuniqué con una persona que había estado investigando la curación espiritual, y estaba muy interesada en el cristianismo primitivo. Él me dio el libro Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy, y la información de contacto de un practicista de la Ciencia Cristiana. Fue entonces que descubrí el efecto práctico de la oración metafísica. 

Comencé leyendo Ciencia y Salud abriendo páginas al azar. Era como si estuviera leyendo mis propios pensamientos, lo que siempre había sentido pero que no había logrado expresar. Sabía que las ideas del libro declaraban la verdad acerca de mi ser. Estaba saliendo de una prisión mental, y comprendiendo mi unidad con Dios, el Espíritu. Las ideas que estaba recogiendo de mi lectura me daban fortaleza. Ahora sabía que tenía la capacidad de enfrentar y superar mi temor a la enfermedad, y ser sanada, gracias a este libro. Sentía la presencia de Dios conmigo.

Para mí, esta curación es el fruto de tomar consciencia de la verdad, que está al alcance de todos.

Estudiaba Ciencia y Salud todos los días. Entonces llegó un momento cuando decidí llamar al practicista de la Ciencia Cristiana que me habían recomendado. El practicista me explicó que él estaba interesado en qué es Dios, en qué es la Vida, en qué es el Amor. Me comentó que cuando comprendemos esto claramente, se produce una transformación física, porque el Amor divino sana. Cuando le pregunté cómo podía experimentarse ese Amor, me dijo que era como si un pececito preguntara: “¿Dónde está el agua?” Explicó que el agua (el Amor) está en todas partes, por debajo, por encima y todo alrededor.

Cortamos la comunicación después de cinco minutos. Me sorprendí cuando me di cuenta de que no habíamos hablado para nada de mi condición, sino que habíamos intercambiado ideas acerca de Dios. Pensé en esa conversación una y otra vez. Permití que mi mente fuera asimilando esas ideas. Yo sabía que el Amor divino nunca me había abandonado. El Amor estaba ahí mismo. Las cosas comenzaron a aclararse cada vez más para mí. El temor se estaba convirtiendo en vapor, e iba desapareciendo. Me sentí llena del amor de Dios. Empecé a entender lo que el practicista me había explicado. 

Fue un momento de despertar espiritual. Empecé a comprender que la Vida es Dios, y a sentir mi unidad con la Vida. Centré mi atención en comprender mi identidad espiritual. Recuperé la vitalidad, y el dolor desapareció. Llamé al practicista varias veces, y le envié algunos correos electrónicos cada vez que sentía que necesitaba apoyo. Su convicción del poder sanador de Dios resonaba en sus palabras. Unos tres meses después, desperté una mañana, y tan pronto abrí los ojos, las primeras palabras que me vinieron al pensamiento fueron: “Estoy curada”, lo sentí dentro de mí. Me sentí tan liviana, como si me hubieran quitado un peso de encima. Noté que el bulto en el pecho había desaparecido. Salí a correr: me sentía libre, llena de fuerza, ligera. Esto ocurrió hace dos años y medio. Nunca sentí la necesidad de consultar con el médico para confirmar que había sanado. Me he sentido perfectamente sana desde entonces. 

Para mí, esta curación fue el resultado de tomar consciencia de la verdad, que está al alcance de todos. La verdad es universal, y puede experimentarse al descubrir nuestra verdadera naturaleza. ¡Es el poder del Amor divino lo que sana!

Desde entonces he tomado instrucción en clase de la Ciencia Cristiana para comprender y practicar mejor la curación espiritual, como enseña esta Ciencia. Mi dedicación a este estudio, es una expresión de gratitud y mi deseo de responder al mandato de Jesús de sanar al enfermo (véase Mateo 10:8). Me encanta permitir que Dios guíe mis pasos cada día de mi vida.  

Florence-Anika Lasnier, Saint-Sylvestre-sur-Lot

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Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 353

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