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Desafía las mentiras acerca de la salud

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 8 de julio de 2021


Una de las cosas que les enseño a mis estudiantes en las clases de la universidad es a proporcionar evidencia de las razones que dan al hacer un argumento. La evidencia es la prueba que respalda el razonamiento que hace que el argumento sea válido.

 Desafiar las suposiciones con razones y evidencias claras es parte del pensamiento crítico tan importante en cualquier campo de acción, y la práctica de la Ciencia Cristiana no es una excepción. La curación mediante la oración como se enseña en la Ciencia Cristiana implica obtener una comprensión más clara de Dios, el bien, y probar la verdad de la integridad del hombre por ser la creación espiritual de Dios, a pesar de lo que nos digan los sentidos materiales.  

Mary Baker Eddy, una estudiante de la Biblia de toda la vida quien descubrió la Ciencia del Cristo que fundamenta las enseñanzas y el trabajo sanador de Jesús, no sólo aprendió a sanar rápida y permanentemente mediante la oración como hizo Jesús, sino que también enseñó a muchos otros a sanar. Su libro Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras explica la Ciencia que permite a cualquiera orar y sanar al comprender y probar la ley de armonía de Dios.  

He tenido muchas oportunidades de aplicar lo que he aprendido de este libro y otros escritos de Eddy para sanar problemas de todo tipo. He aquí un ejemplo.

En enero de 2019, comencé a tener frecuentes mareos. Se producían varias veces al día, incluso cada vez que me levantaba de la cama o incluso al girar la cabeza de manera equivocada. A veces tenía que quedarme quieto, y otras debía aferrarme a algo para no caerme.

Durante este período, oré para ver mi verdadera identidad espiritual, la forma en que Dios me hizo y me ve. El primer capítulo de la Biblia explica que Dios creó todo (incluyéndonos a nosotros) y vio que todo lo que había hecho era “bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Requirió de humildad y disciplina apartarme de lo que mi cuerpo estaba sugiriendo y aceptar, en cambio, lo que yo sabía que era espiritualmente cierto acerca de Dios y el hombre.

Esto fue lo que Jesús y sus discípulos hicieron. Refutaban la falsa evidencia de los sentidos físicos con la verdad acerca de la bondad del hombre como la creación de Dios, el Espíritu divino. El concepto espiritual del hombre como perfecto e íntegro corrigió la falsa visión material del hombre como enfermo y pecador, y este cambio en el pensamiento trajo curación. En la mayoría de los casos, la curación fue rápida.

En la página 40 de Escritos Misceláneos 1883–1896, Eddy plantea una pregunta interesante: “Con frecuencia se pregunta: ‘Si la Ciencia Cristiana es el mismo método de curación que aquel que empleaban Jesús y los apóstoles, ¿por qué los estudiantes de esta Ciencia no efectúan curaciones tan instantáneas como las que se efectuaron en el primer siglo de la era cristiana?’”. Ella responde que algunos de sus estudiantes han alcanzado este nivel de curación rápida, pero también explica por qué no sucede todo el tiempo: “La razón de que no se obtengan los mismos resultados en cada caso se debe a que el discípulo no tiene siempre el espíritu del Cristo y su poder en grado suficiente para echar fuera la enfermedad. La Fundadora de la Ciencia Cristiana enseña a sus discípulos que deben tener el espíritu de la Verdad y el Amor, que deben lograr el dominio sobre el pecado en sí mismos, pues de otro modo no podrán curar instantáneamente”.  

Este pecado al que se refiere Eddy implica vernos a nosotros mismos como seres materiales atrapados en los caprichos y atracciones de las circunstancias materiales. San Pablo llama a este punto de vista la “mente carnal”, y Eddy lo llama mente mortal. Pero cualquiera sea el nombre, es una mentalidad errada o falsa. Puesto que Dios, la Mente divina única, no creó la materia o la mente mortal, las creencias de esta mente falsa de que el hombre es material y está sujeto a la enfermedad, el pecado y la muerte no tienen una base real. La curación espiritual se trata de saber y probar que estas creencias son falsas, o realmente que el Espíritu, Dios, es la Verdad misma, y nosotros somos la expresión completa de ese Espíritu divino.

Y ¿cómo sabemos esto cuando la materia parece tan real y poderosa? Eddy señala: “Sólo mediante las energías divinas debe uno o salir de sí mismo y entrar en Dios tan profundamente que la consciencia de uno sea el reflejo de la divina, o debe, por medio de argumentos y del conocimiento humano del mal y del bien, vencer el mal” (Escritos Misceláneos, pág. 352).

Así que debemos apartar nuestra consciencia de la percepción de que todas las cosas son materiales y una mezcla de bien y mal, y volvernos hacia la visión espiritual de que la creación de Dios es enteramente espiritual y buena. Como se acaba de indicar, hay dos formas de lograrlo. A través de la oración y el estudio de la Biblia y los escritos de Eddy, podemos alcanzar tal nivel de discernimiento espiritual que la curación se produce espontáneamente cuando comprendemos que reflejamos a Dios como Él nos hizo, perfectos, como Él es.  

No obstante, si la curación no se produce de inmediato, no debemos rendirnos. Más bien, podemos adoptar el segundo enfoque. Ciencia y Salud nos instruye, “Argumenta al comienzo mentalmente, no audiblemente, que el paciente no tiene ninguna enfermedad, y ajusta el argumento de modo que destruya la evidencia de la enfermedad” (pág. 412). Escritos Misceláneos añade, “…continúa con el argumento mental hasta que se pueda sanar instantáneamente sin él, y sólo mediante el Espíritu” (pág. 359).

De cualquier manera, nuestro objetivo es tener nuestro pensamiento tan imbuido en Dios, que ya no estamos pensando en nosotros mismos ni en el problema en cuestión. Y al percibir la presencia del reino de los cielos, experimentamos la prueba práctica de ello en nuestras vidas.  

Esos mareos no sanaron rápidamente. Tuve que orar a diario. Este pasaje que encontré en el libro de Eddy La Ciencia Cristiana en contraste con el panteísmo fue un gran apoyo: “Finalmente, hermanos, continuemos denunciando el mal como la pretensión ilusoria de que Dios no es supremo, y sigamos combatiéndolo hasta que desaparezca —mas no como quien golpea la niebla, sino como quien levanta la cabeza por encima de ella y pone el pie sobre una mentira” (pág. 6).  

Preguntarme “¿Por qué estoy mareado?” equivale a aceptar la mentira y golpear la niebla, así que tomé la decisión de aferrarme a lo que es verdad desde la perspectiva de Dios, en lugar de pensar en la perspectiva de la mente mortal y temerosa. Era obvio que mi trabajo consistía en denunciar el mareo como una ilusión. Con la consciencia de la Verdad divina, contrarresté tranquilamente, pero con firmeza tanto los síntomas como los temores que trataban de inundar mi pensamiento. Lo hacía constantemente cada vez que me sentía mareado, y no me daba por vencido. 

Después de varios meses, dejé de tener esos ataques. Ni siquiera recuerdo haber notado cuando se detuvieron. Simplemente se desvanecieron, y ya hace más de un año que no tengo mareos. Contrarrestar persistentemente la imagen material cambió la condición, porque mi pensamiento se apartó de los síntomas y se volvió hacia el reino espiritual de la bondad divina de Dios.

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— Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea pág. 353

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