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Original Web

La ira no gana

Del número de julio de 2021 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 29 de julio de 2021 como original para la Web.


“Es, sin duda, una época de mucha ira”, escribe Katherine Ellison en la sección de Salud de The Washington Post. Ella informa: “Los expertos en salud mental están preocupados por el aumento de la violencia doméstica y el abuso de las drogas y el alcohol, advirtiendo que los estadounidenses necesitan con urgencia mejores herramientas para calmar las tormentas emocionales”.

Una cosa es responsabilizar a alguien por las maldades o injusticias cometidas. Pero a veces podemos ceder a la atracción de la ira y el mal genio. ¿Hay una base más firme que podamos encontrar para tener pensamientos claros y acciones razonables, en lugar de reacciones basadas en las emociones, que provoquen un cambio provechoso?

Como la mayoría de nosotros, he expresado ira tanto como la he recibido; algunos casos parecían justificados y otros infundados. Una noche, me senté afuera de la puerta cerrada con llave del dormitorio de mi hija adolescente mientras ella gritaba “¡Te odio!” durante horas. La entendía. Yo había cometido un error y la había avergonzado delante de sus amigos.

Me había disculpado. Pero eso no parecía ser suficiente para ninguna de las dos, y la furia continuó mientras me sentía molesta conmigo misma y frustrada por la ira.

Finalmente, le pedí a Dios que me mostrara cómo amar. Dios, el Amor divino, se mantiene impasible e intacto ante la ira. Este Amor es “muy limpio… de ojos para ver el mal” (Habacuc 1:13). Dios no nos conoce como mortales con emociones volátiles, sino como Su descendencia espiritual, amados y en paz unos con otros. El Amor divino no cuenta y ni siquiera conoce los disparates. El Amor perdona y abre nuestros corazones al perdón.

Esa noche, mientras oraba, mi propia ira desapareció. Me senté afuera de esa puerta y, en silencio, amé a mi hija de todo corazón. Por cada “te odio”, yo afirmaba: “No, no. Tú amas. Dios te hizo para amar. Estás hecha de amor puro. Nadie ni nada puede quitarte ese amor”.

Después de un tiempo, la casa quedó en silencio y ambas nos dormimos. Por la mañana, la ira se había disuelto. Nos reconectamos con mucho amor. Ambas fuimos cambiadas y sanadas.

Jesús dijo: “Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino” (Mateo 5:25). Jesús practicaba lo que predicaba, y como su propio ejemplo muestra, esto no significa hacer la vista gorda a las cosas malas. Pero los destellos de las reacciones airadas y malhumoradas, como el calor de Arizona sobre una flor alpina, marchitan la forma de pensar clara y útil.

Podemos contrarrestar la atracción de dicha ira de manera rápida y persistente mediante la oración sanadora. La oración que guía el pensamiento hacia Dios como la fuente presente y estable de la pureza, la misericordia y el amor, actúa como un bálsamo refrescante que permite que surjan la paz, la esperanza, la estabilidad, el poder espiritual y la gracia. Cuando al orar la ira da lugar a la estabilidad y claridad del razonamiento espiritual, el pensamiento se vuelve receptivo a una nueva dirección, una nueva percepción y a la revelación sanadora del bien divino que proviene Dios. Es aquí donde el progreso y el cambio verdaderos echan raíces.

Cada uno de nosotros puede hacer el esfuerzo de eliminar la ira y el mal humor. No forman parte de ninguno de nosotros. El amor de Dios sí forma parte. No hay un lugar en este universo ni un solo corazón que no pueda ser alcanzado por el amor sanador de Dios. Podemos tomar una posición firme y decir: “¡No, ira, no lo puedes lograr! No puedes ganar”. A medida que reconozcamos que el poder absoluto del Amor divino es la fuerza impulsora para el progreso y la curación, esto disminuirá la influencia de toda reacción inútil y airada.

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