The Herald of Christian Science

Un fundamento espiritual para la maternidad

Del número de mayo de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Publicado originalmente en el Christian Science Sentinel del 10 de agosto de 2015.

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He descubierto que ser padre es una increíble travesía espiritual. Desde apreciar al nuevo miembro de la familia antes de su llegada, a tener en brazos al bebé por primera vez, a ver brillar la individualidad del infante a medida que crece, el sentimiento de expectativa y alegría es casi indescriptible.

Mientras mi esposo y yo nos preparábamos para recibir a nuestro hijo, muchas veces me encontré reflexionando sobre esta pregunta: “¿Qué clase de madre espero ser?” Para muchos padres que esperan la llegada de un bebé, la respuesta a esta pregunta se basa en tener en cuenta libros sobre paternidad, blogs o incluso los consejos de amigos y familiares. En cierto sentido yo no era (ni soy) diferente. 

Pero, si bien encontré en estas fuentes ideas que concordaban con mi propia intuición sobre la maternidad, cuando nació nuestro hijo, muy pronto me vi buscando algo más profundo que las teorías a menudo contradictorias acerca de la paternidad, que se encuentran en esas fuentes. Anhelaba una guía que fuera compasiva, confiable y eficaz.

Durante mi embarazo, había orado para comprender mejor que nuestro bebé era completo por ser el hijo totalmente espiritual de Dios. Ahora me doy cuenta de que era tiempo de dedicarme a considerar en oración el fundamento espiritual de la maternidad.

Una noche, cuando nuestro hijo estaba luchando para acomodarse para dormir, recurrí en oración a Dios en busca de guía. Mi oración no estuvo llena de palabras; fue simplemente el deseo de ver algo más que dos padres cansados y a un bebé cansado e infeliz. Un versículo de Isaías en la Biblia incluye esta dulce promesa de Dios: “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros” (66:13). En aquel momento, yo estaba buscando sentir la evidencia de esa promesa del cuidado maternal de Dios, que nos guía, nos nutre y nos conforta a todos nosotros.

Esta idea me vino muy suavemente al pensamiento: “La madre en la Ciencia Cristiana debe ser alegre, ordenada, puntual, paciente, llena de fe, receptiva a la Verdad y al Amor”. Muy pronto me di cuenta de que esta era una leve modificación de una frase de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy, que dice: “La enfermera debe ser alegre, ordenada, puntual, paciente, llena de fe, receptiva a la Verdad y al Amor” (pág. 395).

Cuando nació nuestro hijo, varias enfermeras de la Ciencia Cristiana habían apoyado a nuestra familia durante el trabajo de parto y el nacimiento, así como también en las primeras semanas después del nacimiento. Al pensar en su ejemplo, junto con esta inspiración, mi pensamiento cambió y empecé a considerar de qué manera las cualidades de la maternidad eran similares a las que expresaban las enfermeras de la Ciencia Cristiana.

Cuatro ideas importantes se destacaron para mí a medida que fui explorando esta conexión:

El cuidado práctico es impulsado por el Amor divino.

Al pensar en el cuidado que brindan los enfermeros de la Ciencia Cristiana, me di cuenta de que puede hacerse con mucha alegría, pues el cuidado es una expresión del Amor divino. A cada momento, los enfermeros de la Ciencia Cristiana (y todos nosotros) pueden recurrir al Amor divino en busca de guía e inspiración, en lugar de a una lista larga e inmanejable de cosas por hacer.

¿Cuál es el resultado? El cuidado práctico que brindan los enfermeros de la Ciencia Cristiana no es un obstáculo para el crecimiento espiritual y el pensamiento elevado responde con eficacia a las necesidades y, al mismo tiempo, brinda una mayor inspiración y curación a todos los que participan de la situación, como mi esposo y yo experimentamos.

De igual manera, cuando nosotros como madres dejamos de lado el sentido de responsabilidad personal respecto a la maternidad, y permitimos que el Amor divino nos dirija cuando respondemos a las necesidades de nuestro hijo en cierto momento, al término del día nos sentimos contentas e inspiradas, en lugar de sobrecargadas y agotadas.

Es importante fomentar la comprensión de la verdadera identidad del hombre.

Ser madre incluye muchos momentos felices y divertidos, pero también hay ocasiones cuando tanto el niño como la madre pueden sentirse irritables o frustrados, o como estancados en una etapa particularmente desagradable, y en situaciones similares. Así como el enfermero de la Ciencia Cristiana entra al cuarto del paciente con la comprensión más elevada de la verdadera naturaleza espiritual del hombre, la tarea de la madre es ser testigo constantemente de la integridad del niño (y de la madre) como una idea espiritual, que no es tocada por las circunstancias humanas.

Las cualidades espirituales que forman parte de la maternidad, o de la enfermería en la Ciencia Cristiana, son innatas en cada uno de nosotros.

A veces, cuando somos padres por primera vez, puede que sintamos que nos han metido en una situación difícil. Al pensar en las cualidades indicadas en la mencionada cita de Ciencia y Salud, comprendí claramente un hecho espiritual que yo ya conocía: estas cualidades no se generan por sí solas, como tampoco se aplican solo si optamos por ser enfermeros de la Ciencia Cristiana o madres. Son ideas espirituales que son innatas en cada uno de nosotros porque somos la expresión de Dios, el Espíritu infinito.

Por lo tanto, no solo las tenemos, sino que debemos expresarlas, porque no existe ningún aspecto de la naturaleza infinita de Dios que no deba ser expresado. Nuestra alegría, sentido del orden, paciencia, lealtad y receptividad a la Verdad y al Amor provienen de Dios, y están siempre disponibles como una provisión infinita y abundante, en cualquier circunstancia.

Honra la habilidad innata del hombre para sanar.

Un aspecto único de la enfermería de la Ciencia Cristiana son las diferentes pero complementarias funciones del enfermero de la Ciencia Cristiana y del practicista de la Ciencia Cristiana. Mientras que el practicista es responsable de la oración científica específica que responde al pensamiento del paciente, la atención práctica del enfermero de la Ciencia Cristiana cumple una función importante al apoyar el trabajo sanador. Al ayudar al paciente a sentirse atendido, seguro y amado, el enfermero de la Ciencia Cristiana puede ser útil para ayudar a aliviar los temores que de otro modo podrían inhibir el progreso del paciente.

Puede que tengamos la tentación de sentir que somos personalmente responsables de la salud, la integridad y la relación de nuestro hijo con Dios, y de alguna forma dejar a un lado a Dios como única causa y creador. Para mí fue muy útil comprender que, tal como una enfermera de la Ciencia Cristiana, yo podía reconocer la relación que mi hijo tiene con Dios y su inherente habilidad para sentir y conocer por sí mismo el poder sanador del Cristo.

Sin duda alguna también es mi responsabilidad actuar como practicista, orando diligentemente por mi hijo cuando surge la necesidad, así como proveer todos los cuidados necesarios que debo brindarle normalmente todos los días. Pero al cuidar de él a diario, es igualmente importante que yo reconozca su directa relación con Dios, y su innata habilidad de conocer la presencia sanadora de Dios, como resultado de esa inquebrantable relación.

Aquella noche, mientras que estaba absorta en esta línea de razonamiento, me olvidé de la sensación de carga y agotamiento que había estado sintiendo. Muy pronto mi hijo se tranquilizó y se durmió. Pero, lo más importante fue que mi percepción de la maternidad cambió a una base más espiritual. Desapareció la sensación de carga en mis tareas diarias, y encontré mayor libertad y alegría como madre, aún en las circunstancias menos placenteras.

Es una travesía continua; hay días en los que siento que necesito recurrir a estas inspiraciones acerca de la maternidad y reafirmarlas. Pero ahora, cuando surge alguna situación difícil, veo que recurro cada vez con más rapidez a la oración, cediendo mi pensamiento a la Verdad y al Amor divinos, y así obtengo una sensación de dominio sobre las creencias falsas que se presentan acerca del hombre, y estoy atenta para recibir la dirección inspirada y saber cuál es precisamente la curación y el cuidado que se necesitan.

En esos momentos, con frecuencia vuelvo a mi pregunta inicial: “¿Qué clase de madre espero ser?”. La respuesta que me ayuda a reorientar el pensamiento, a apartarlo del temor y a dejar de pensar en lo que ocurre, y me recuerda la base espiritual de la maternidad, es: Puedo expresar las cualidades de un enfermero de la Ciencia Cristiana en mi función de madre: espiritualmente, soy inherentemente “alegre, ordenada, puntual, paciente, llena de fe, receptiva a la Verdad y al Amor”. Este gentil recordatorio de que estas cualidades espirituales son la eterna expresión del amor maternal de Dios, me da la confianza para ser una madre eficaz.

Publicado originalmente en el Christian Science Sentinel del 10 de agosto de 2015.

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