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Curación de artrosis y dispepsia

Del número de noviembre de 2009 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Antes de conocer la Ciencia Cristiana yo sufría de dolores en las articulaciones, sobre todo en los hombros y en las caderas. Cuando el médico me dijo que tenía principio de artrosis me sentímuy angustiada pensando que no podría caminar ni trabajar. Además, empecé también a sufrir del estómago y el médico me dijo que tenía principio de dispepsia a causa de la cantidad de antiinflamatorios que tomaba para aliviar el otro problema.

En el año 2006, recibí un volante en el que se anunciaba una conferencia de la Ciencia Cristiana. Se titulaba: "Problemas humanos, soluciones espirituales" y decidí asistir. Al concluir esa conferencia recuerdo que salí con una enorme sensación de paz. Enseguida empecé a leer la revista de El Heraldo, otra literatura de la Ciencia Cristiana y la Biblia. Fue así que encontré esta cita en Jeremías: "Yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas" (30:17). Sentí que era un mensaje para mí. Me dio mucha esperanza.

La lectura de Ciencia y Salud me ayudó a comprender que Dios me había hecho libre y no sujeta al sufrimiento, y que el dolor era una forma de temor. En una parte del libro leí: "Mantened perpetuamente este pensamiento, que es la idea espiritual, el Espíritu Santo y Cristo lo que os capacita para demostrar con certeza científica la regla de la curación" (pág. 496). Asimismo, al ir aprendiendo que Dios es Amor, comenzó a desaparecer el temor que sentía. Este pasaje de la Biblia me fue muy útil: "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor" (1 Juan 4:18).

Como resultado del estudio de estos libros sané por completo de la artrosis y la dispepsia y, por supuesto, dejé de tomar todos aquellos medicamentos. Recuperé totalmente mi libertad de movimiento y hoy trabajo con niños de cuarto grado, con los que corro, brinco y en el recreo jugamos a la ronda sin que sienta yo ninguna dificultad.

Este nuevo conocimiento de Dios también me permitió ayudar a mi hija que justo en aquella época tenía síntomas de depresión. El trabajo, el cuidado de la casa y la familia la habían agobiado a tal punto que tuvo que ser internada en una clínica. En mis visitas empecé a hablarle de Dios y a decirle que su identidad espiritual era perfecta porque fue creada a imagen y semejanza de Dios. También le leía la Lección Bíblica Semanal, constituida de selecciones de la Biblia y Ciencia y Salud. A medida que comenzó a aceptar la verdad de lo que significa ser hija de Dios, su pensamiento empezó a cambiar, e incluso me pidió asistir a los servicios religiosos de la iglesia. Para su cumpleaños le regalé el libro Ciencia y Salud. Con el tiempo se convenció de que tenemos que vivir más en paz y en armonía, y que hay tiempo para todo, por lo que no tenemos que desesperarnos. Desde entonces, ella ha estado bien, y continúa estudiando la Ciencia Cristiana, de modo que cuando siente que los problemas la quieren agobiar, inmediatamente vuelca su pensamiento en Dios.

Este cambio en su actitud mental tuvo también un efecto notable en sus hijas, que con frecuencia se enfermaban de faringitis o amigdalitis, y a una de ellas siempre le daba asma. En cuanto mi hija cambió su actitud las niñas dejaron de enfermarse; de esto hace ya dos años

Con el estudio de la Ciencia Cristiana estoy aprendiendo que hemos sido creados como ideas espirituales de Dios. Este estudio me está señalando la importancia de buscar la paz y el bien común y de no guardar rencores en el pensamiento. Cristo Jesús lo resumió de manera inmejorable: "Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo" (véase Mateo 22:37–39).

Dios es una presencia que está con nosotros todo el tiempo, guiándonos y cuidándonos.

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Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 353

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