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Sana de malaria

Del número de junio de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Publicado originalmente en el Christian Science Sentinel del 15 de agosto de 2016.
 Apareció primero el 15 de junio de 2017 como original para la Web.


Años atrás, tuve una experiencia que me demostró la habilidad de Dios para sanar y salvar en cualquier circunstancia, y me mostró que la oración puede traer curación cuando nos enfrentamos con la malaria o cualquier otra enfermedad.

Había estado en Níger, África Occidental, durante aproximadamente 11 meses, trabajando como voluntario para el Cuerpo de Paz, cuando empecé a presentar síntomas de malaria. De acuerdo con el protocolo y las regulaciones del Cuerpo de Paz, me pusieron bajo atención médica, y los doctores me diagnosticaron malaria.

Aunque pude volver a mi puesto en unos pocos días, cuando regresé a Estados Unidos aproximadamente un año después, los síntomas volvieron, incluso con más agresividad. Esta vez tuve la libertad de confiar totalmente en el tratamiento de la Ciencia Cristiana. Había hablado con un practicista de la Ciencia Cristiana cuando estaba en Níger, por lo que fue a ese mismo practicista a quien llamé nuevamente. Y, por supuesto, los dos dirigimos nuestra mirada hacia Dios como “nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmos 46:1).

El practicista me había recordado anteriormente que no importa cuán fuerte sea la creencia de que el hombre puede sufrir daño, pues, no es más que una mentira, porque Dios no sabe nada de enfermedad o desarmonía, y el hombre es Su imagen y semejanza espiritual. Estas palabras reflejaron la esencia de un pasaje en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy que siempre ha sido importante para mí. Dice así: “Para el que sana mediante la Ciencia Cristiana, la enfermedad es un sueño del cual el paciente necesita ser despertado” (pág. 417). La enfermedad nunca es parte de nuestra verdadera identidad espiritual.

Otra idea de Ciencia y Salud que me dio mucho consuelo fue: “El hombre no fue creado desde una base material, ni ordenado a obedecer leyes materiales que el Espíritu nunca hizo; su esfera está en los estatutos espirituales, en la ley más elevada de la Mente” (pág. 307). Tuve la creciente convicción de que esta pretensión de enfermedad no tenía ley que la apoyara, y que espiritualmente yo era inocente de haber quebrantado alguna supuesta ley material. Dios había ordenado perfecta integridad para Sus ideas espirituales, y yo tenía el derecho de experimentar la salud perfecta indefinidamente.

La curación se produjo cuando, una noche, percibí claramente que yo no era personalmente responsable de sanar este problema, y que la fuerza más poderosa, la única fuerza real en la existencia —el Amor divino mismo— estaba cuidando perfectamente de mí; así que no tenía nada que temer. A los pocos minutos de tener esta tranquila y apacible certeza, que eliminó todo mi temor y preocupación, repentinamente recuperé el apetito, regresó mi temperatura normal, me sentí despierto y alerta, y los frecuentes episodios de delirio y fiebres se detuvieron para no volver jamás.

Esto me demostró que es Dios, la Verdad, quien sana y cuyo amor transforma la consciencia humana, eliminando todo temor y toda sensación falsa de peligro o enfermedad. Como dice la Biblia: “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Habacuc 2:14).

Nunca volví a tener una recaída, y cuando más tarde presenté mi solicitud para la Escuela Naval de Vuelo, un examen médico de los Centros para el Control de Enfermedades mostró que no había ningún rastro de la enfermedad.

Ciertamente es verdad que Dios está cuidándonos perfectamente, y ningún otro llamado poder puede interrumpir esta perfección. Como dijo Jesús: “Para Dios todo es posible” (Mateo 19:26), incluso la destrucción de la enfermedad. Estoy muy agradecido por el amor de Dios que destruye todas las mentiras, por las diligentes oraciones del practicista que me ayudó, por el ejemplo de Cristo Jesús, y por la incansable labor de la Sra. Eddy para compartir con nosotros esta Ciencia en la que podemos confiar a cada momento.

Ryan Siewert
Somerville, Massachusetts, EE.UU.

Publicado originalmente en el Christian Science Sentinel del 15 de agosto de 2016.
 Apareció primero el 15 de junio de 2017 como original para la Web.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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