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Abundancia de bien

Del número de marzo de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 8 de enero de 2016 como original para la Web.

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“El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22, 23). Los abundantes frutos y bendiciones del Espíritu producen bienestar, y son lo que realmente nos enriquece.

El mundo en general cree que la abundancia significa tener muchas cosas, tales como propiedades, buenos empleos, dinero en el banco, en una palabra, en la acumulación de bienes materiales. Sin embargo, en la Biblia leemos: “En el colmo de la abundancia padecerá estrechez” (Job 20:22). ¡Cuántas veces hemos visto que esto ocurrió en nuestras vidas! Uno puede pensar que lo tiene todo, pero la verdad es que le falta lo más esencial, y lo que más necesita: un reconocimiento satisfactorio de la abundancia de bien que viene al alcanzar una mejor comprensión de Dios y el hombre.

Debemos preservar nuestra fe en Dios, y seguir el consejo de Cristo Jesús, de alcanzar una comprensión espiritual más profunda y perdurable.

He probado en mi propia experiencia que cuando he dejado de lado la confianza errónea en los bienes materiales, en las soluciones humanas y materiales, y he confiado solo en Dios, no me ha faltado nada. Lo que sea que se necesitaba se manifestó respondiendo al instante a lo que parecía faltar, porque la provisión ilimitada de Dios está siempre activa, proporcionando aquello que parece faltar, sanando lo que necesita restauración, consolando al afligido y al que sufre de soledad, trayendo paz al corazón angustiado. Las riquezas materiales y perecederas, por otro lado, están aquí hoy, pero pueden faltar mañana porque no tienen una base firme; no hay verdadera sustancia espiritual ni realidad en ellas.

Cuán distinto es depositar nuestra confianza en la abundancia divina, imperecedera, activa y permanente del bien, el cual nunca cesa de fluir. Aflora instantáneamente, es eficaz en toda circunstancia, en toda necesidad, y se aplica sin límite a toda situación que pueda surgir.

Dejando de lado las confianzas equivocadas que perecen, tomamos consciencia de que la Mente divina está desenvolviendo constantemente el bien, y así nos elevamos espiritualmente de la manera que Mary Baker Eddy describe: “El elevarse por encima de la evidencia falsa a la evidencia verdadera de la Vida, es la resurrección que se adueña de la Verdad eterna” (La unidad del bien, pág. 60-61). Este progreso espiritual nos permite confiar en la bondad de Dios que jamás yerra.

Debemos preservar nuestra fe en Dios, y seguir el consejo de Cristo Jesús, de alcanzar una comprensión espiritual más profunda y perdurable. Él dijo: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). 

La abundancia en realidad se basa en la comprensión espiritual, que no necesita acumular bienes, porque su riqueza está en la confianza, paciencia, tolerancia, bondad, humildad, fidelidad, honestidad, generosidad, integridad, y estos atributos tienen su base en Dios. A medida que vivimos estas cualidades tenemos bienes que están presentes de forma permanente, y que se manifiestan, ni antes ni después de que los necesitemos, sino en el momento justo y oportuno, porque la abundancia de bien de Dios está siempre a disposición de todo aquel que con absoluta confianza espera en Él.

Apareció primero el 8 de enero de 2016 como original para la Web.
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