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Curación de dolor menstrual crónico

Del número de julio de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Publicado originalmente en Le Héraut de la Science Chrétienne de Julio de 2017.
Apareció primero el 30 de mayo de 2017 como original para la Web.

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Soy originaria de la República Centroafricana, pero actualmente vivo en Mauritania. Ahí es donde escuché acerca de la Ciencia Cristiana por primera vez.

Nací y crecí en una familia cristiana, y cuando era muy joven, mi mamá solía llevarme con ella a la iglesia todos los domingos. Cuando crecí, mis padres me enviaron a vivir con mi tío (hermano de mi papá) y su familia en la capital, para poder seguir mi educación e ir a la escuela secundaria. Yo tenía quince años.

Mi tío, al igual que su esposa, no estaba interesado en temas religiosos, y nunca iban a misa los domingos. Gradualmente me acostumbré a este nuevo modo de vida y perdí mi interés por la iglesia.

Tuve mi primer período alrededor de los catorce años, y varios meses después de llegar a la casa de mi tío, comencé a experimentar un dolor muy fuerte cada vez que esto ocurría. Para entonces tenía dieciséis años. No quería decirle a mi tío y a su esposa, pero se dieron cuenta de que había un problema y me llevaron a ver a un médico que me recetó un medicamento. Pero esto no fue de mucha ayuda, ya que el dolor desaparecía solo al final del período, y volvía al siguiente.

Más tarde, me casé y quedé embarazada, y durante y después del embarazo me olvidé del dolor. Pero dos años más tarde de que el niño naciera, cuando mi esposo se había ido a vivir al extranjero por haber encontrado trabajo en Mauritania, los dolores regresaron con toda intensidad. Estuvimos dos años en esta situación hasta que mi marido me pidió que viniera con el niño a reunirme con él. Para ese entonces yo estaba mentalmente débil y físicamente enferma. No obstante fui, y apenas llegué, mi marido me dio algunos números de una revista llamada El Heraldo de la Ciencia Cristiana, edición francesa.

Cuando empecé a leer, inmediatamente me quedé muy impresionada con los artículos y los testimonios. Los primeros meses después de mi llegada, pasé todo mi tiempo libre leyendo El Heraldo, así como un libro llamado Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy, aunque al principio no entendía nada.

Durante ese tiempo, aprendí a conocer lo que era la Ciencia Cristiana estudiando las Lecciones Bíblicas de la Ciencia Cristiana, compuestas de citas de la Biblia y Ciencia y Salud, y conocí a un grupo de Científicos Cristianos. Fui testigo de cómo algunos miembros de nuestro grupo fueron sanados a través de la oración como enseña la Ciencia Cristiana. Yo oraba incesantemente por este dolor que había sufrido desde que tenía dieciséis años.

Encontré estas frases en Ciencia y Salud, que me dieron mucha inspiración en mis oraciones: “Cuando la ilusión de enfermedad o de pecado te tiente, aférrate firmemente a Dios y Su idea. No permitas que nada sino Su semejanza more en tu pensamiento. No dejes que ni el temor ni la duda ensombrezcan tu claro sentido y calma confianza de que el reconocimiento de la vida armoniosa —como la Vida es eternamente— puede destruir cualquier sentido doloroso o cualquier creencia acerca de aquello que no es la Vida” (pág. 495). Esta declaración desempeñó un papel clave en mi curación, así como esta historia bíblica del Evangelio de Lucas: “Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacia dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios” (13:10-13).

El dolor que había estado experimentando desapareció en el año 2014 y nunca ha vuelto. Estoy completamente sana.

Doy gracias a Dios porque estoy muy feliz de haber encontrado la Ciencia Cristiana.

Merline Nongni
Nouakchott, Mauritania 

Publicado originalmente en Le Héraut de la Science Chrétienne de Julio de 2017.
Apareció primero el 30 de mayo de 2017 como original para la Web.

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En 1903, Mary Baker Eddy estableció El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Su propósito: “Proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad”. La definición que da el diccionario de “heraldo” como un “precursor, un mensajero que es enviado para anunciar que lo que ha de venir se acerca”, da un significado especial al nombre “Heraldo” y señala además nuestra obligación, la obligación de cada uno de nosotros, de ver que nuestros Heraldos sean dignos de la confianza depositada en ellos, confianza que es inseparable del Cristo y que fue anunciada primero por Jesús (Marcos 16:15): “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

Mary Sands Lee, Christian Science Sentinel, 7 de julio de 1956

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