Skip to main content
Original Web

El deseo de ser madre es respondido

Del número de mayo de 2018 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Tuve una niñez muy feliz. Era la más chica de cuatro hijos. Cuando era pequeña me encantaban los bebés y siempre anhelaba que hubiera otro niño en la familia, pero ¡estaba consciente de que mi madre tenía una opinión diferente sobre el tema! Sin embargo, siempre estaba con la esperanza de que llegara otro bebé.

Apenas entré en la adolescencia, nuestra vida familiar cambió drásticamente. Mi madre y yo nos mudamos de nuestra pequeña ciudad a Johannesburgo. Siguieron años de serios desafíos. La bendición maravillosa fue que ahora podíamos ir a una Iglesia de Cristo, Científico, y yo podía asistir a la Escuela Dominical. Con esto me vino el profundo deseo de aumentar mi comprensión de la Ciencia Cristiana y servir de alguna manera. Así que, cuando me enteré acerca de la enfermería de la Ciencia Cristiana, presenté mi solicitud para recibir entrenamiento y fui aceptada. A partir de entonces trabajé durante muchos años como enfermera de la Ciencia Cristiana en Inglaterra, los Estados Unidos y Sudáfrica.

Pero todavía tenía el anhelo de casarme y tener una familia. Cuando conocí al hombre con quien me casaría, me enteré de que él no quería tener hijos. Como lo amaba mucho, estuve de acuerdo en no tener hijos. Para esconder mi tristeza, me ocupé en hacer todo lo que podía para expresar mis cualidades maternales.

También profundicé mis estudios diarios de la Biblia y de los escritos de Mary Baker Eddy. Yo no quería tener esta sombra sobre nuestro afectuoso matrimonio. De vez en cuando me comunicaba con un practicista de la Ciencia Cristiana para que me apoyara en mis oraciones. Un practicista me dijo: “Dios no te dice algo a ti, y lo opuesto a tu esposo”. El practicista fue claro de que una sola Mente única, Dios, estaba gobernándonos a nosotros dos. No obstante, yo no lograba abandonar el sentimiento de que debía reprimir mi anhelo de tener un hijo.

Al continuar orando y estudiando, me di cuenta de que no necesitaba sacrificar mi deseo de tener un hijo para demostrar mi amor por Dios. En Salmos 4:5 dice: “Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en el Señor” (La Biblia de las Américas). Necesitaba sacrificar la creencia de que un niño era la fuente del bien, y reconocer que la única fuente del bien es Dios. Tenía que confiar mi deseo implícitamente a Dios y ceder por completo a Su plan. En el libro de Job dice: “Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien” (22:21). Y estas palabras de Romanos fueron muy claras para mí: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (8:28).

Me tranquilicé. Obtuve vislumbres del hecho de que soy reflejo de Dios, y por lo tanto, reflejo la paternidad y maternidad de Dios. Llegué a comprender que las ideas de Dios ya están creadas, y que por ser el verdadero Padre-Madre de cada uno de nosotros, Dios nos revela Su creación de formas divinamente naturales.

Un día, algo conmovió a mi esposo, y empezó a hacer consultas sobre criar un niño con la perspectiva de adoptarlo. Sin embargo, nos dijeron que la adopción no era posible debido a nuestra edad. Pero yo percibí muy claramente que Dios es el único creador. Recurrí a la oración mucho más que antes, no para “hacer que ocurra algo”, sino para estar más cerca de Dios. Me di cuenta de que debía dejar de lado el proceso de las creencias del mundo que decían: “¡Es demasiado tarde! ¡No es posible!”

Pensé en el mandato que Eliseo dio a la mujer sunamita después de resucitar a su hijo de la muerte: “Toma tu hijo” (2 Reyes 4:36). Me vino la idea no solo de tomar mi concepto de niño a un nivel más elevado de entendimiento, sino también aceptar que todas las ideas de Dios están vivas y bien.

Un día me vino muy claramente la idea de telefonear a una amiga cuya familia vive en otro país, y pedirle que se comunicara con ellos y averiguara sobre la posibilidad de adoptar a un niño allí. Sentí fuertemente que este era un mensaje angelical de Dios, y mi amiga estuvo muy contenta de hacerlo. 

En el momento que llegó su carta, una amiga vino a verlos para decirle a la familia que estaba embarazada y que no podía quedarse con el niño. Al enterarse de nuestra carta, ella estuvo ansiosamente de acuerdo en que adoptáramos al bebé, que nacería en seis o siete meses.

Mientras nos aprontábamos con los preparativos para que yo viajara e iniciara el proceso de adopción, recibimos la muy desalentadora noticia de que la madre del niño había cambiado de idea. Pero yo continué sintiendo el amor de Dios, resuelta a confiar en Él con todo mi corazón para que me guiara y me protegiera a mí y a este niño. Y si bien transcurrieron los meses y a veces luchaba con la duda, los mensajes angelicales me alentaban para que no dejara de persistir en mi oración.

Aunque todavía no teníamos novedades, me sentí guiada a volar al lejano hogar de la madre del niño cerca de la época en que se esperaba el nacimiento. Cuando llegué al hotel, entró la llamada de mi contacto local. La madre quería que yo tuviera al bebé, y que el nacimiento era inminente. Tuve que viajar todo un día y tomar varios autobuses para llegar al pueblo. El bebé nació ese mismo día y, en menos de 24 horas, ¡estaba sosteniendo en mis brazos a nuestra hermosa hija! Los procedimientos legales siguieron su curso. En seis semanas mi esposo nos dio la bienvenida a mí y a esta preciosa criatura en nuestro hogar. Durante toda esta experiencia, sentí la cercanía y el amor de Dios. Aprendí la verdad de esta declaración de la Sra. Eddy: “Los pensamientos inexpresados no son desconocidos para la Mente divina. El deseo es oración; y ninguna pérdida puede ocurrir por confiar a Dios nuestros deseos, para que puedan ser moldeados y exaltados antes de que tomen forma en palabras y en obras” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 1). Y al cumplir con el requisito de conocer mejor a Dios, no solo encontré mi paz, sino que Dios también ciertamente cumplió Su promesa: “Te vendrá bien”. Además del bien que nos ha venido a mí y a nuestra hija desde aquel día en 1988, el hecho de ser el padre de esta dulce criatura hizo que mi esposo se sintiera muy realizado, y que todos sintiéramos mucha alegría.

Estoy muy agradecida a Dios por la Ciencia Cristiana —Su “don inefable” (2 Corintios 9:15)— y por los practicistas y amigos que están listos para apoyarnos con la oración y ayudarnos a volver al camino cuando surge la necesidad.

Gerda Bickel
Bath, Somerset, Inglaterra

¡TENGA ACCESO A MÁS ARTÍCULOS INSPIRADORES COMO ESTE!

Bienvenido al Heraldo-Online, el sitio de El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Esperamos que disfrute de este artículo que ha sido compartido con usted.

 Para tener acceso total a los Heraldos, active una cuenta usando su suscripción impresa del Heraldo ¡o suscríbase hoy a JSH-Online!

More in this issue / mayo de 2018

La misión de El Heraldo

La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

Saber más acerca de El Heraldo y su misión.