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Ya no tengo síntomas de alergia

Del número de marzo de 2016 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Original en portugués


Desde muy pequeña, sufría de reacciones alérgicas a ambientes polvorientos y cambios de clima. Con el paso de los años, los síntomas empeoraron, especialmente durante la noche y en la mañana cuando me despertaba, aun si el cuarto no estaba lleno de polvo. A lo largo de los años, consulté con muchos médicos. Me diagnosticaron que tenía rinitis alérgica, y llegaron a la conclusión de que siempre sufriría de ella. Ya me había resignado.

Para aliviar los síntomas, tomaba medicamentos prescritos para aliviar la alergia. Sin embargo, después de tomar un medicamento específico por un tiempo, dejaba de tener efecto. Entonces tomaba otro diferente. Tomé tantos tipos diferentes de medicinas que también empecé a tener problemas digestivos.

En 2012 empecé a estudiar la Ciencia Cristiana y a familiarizarme con sus conceptos. Leía a diario Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy, y O Arauto da Ciência Cristã, la edición en portugués de El Heraldo de la Ciencia Cristiana.

Me gustaba mucho leer los testimonios de curación en el Arauto. Aunque la curación por medio de la oración era algo muy nuevo para mí, sentía mucha inspiración al leer estos testimonios. Con el estudio de la Ciencia Cristiana, yo estaba aprendiendo que soy una idea de Dios, creada a Su imagen y semejanza perfectas.

En Ciencia y Salud, Mary Baker Eddy escribe: “Sé el portero a la puerta del pensamiento. Admitiendo sólo las conclusiones que deseas que se realicen en resultados corporales, te controlarás armoniosamente a ti mismo” (pág. 392). Con la lectura de este libro estaba aprendiendo que las enfermedades eran tan solo sugestiones falsas que contradecían la realidad de la perfección de Dios. Como eran simples sugestiones, en verdad esos síntomas que yo sentía no podían ser reales y, por lo tanto, no podían manifestarse de ninguna manera. Dios, el bien, llena todo el espacio. Entonces, solo lo que es bueno es real y puede expresarse.

Poco a poco, dejé de tener ataques durante la noche y de estornudar cuando me despertaba por la mañana. Sentí cada vez menos miedo de estar en ambientes polvorientos o en contacto con objetos cubiertos de polvo. Fue un paso natural dejar de tomar medicina. Los síntomas de alergia y los problemas digestivos desaparecieron.

En una ocasión, alrededor de tres meses después de empezar a estudiar la Ciencia Cristiana, tuve la prueba de que había sanado. Después de pasar un día maravilloso en una reunión de ex alumnos con mis amigos de la universidad a la que asistí en Brasil, comiendo carne asada y estando en la piscina, decidí quedarme en la granja donde se había celebrado la reunión, en el estado de São Paulo, para pasar más tiempo con estos amigos. Entonces noté que la casa, que era el segundo hogar de la familia de uno de mis amigos, y había estado cerrada por un tiempo, estaba llena de polvo, incluso todos los colchones y mantas.

En ese momento, sentí fuertemente que debía reconocer que la curación mediante la Ciencia Cristiana es siempre completa, y que no podía permitir que ninguna sugestión opuesta arruinara estos momentos de alegría que estaba disfrutando con mis amigos. Para entonces yo sabía cómo orar en la Ciencia Cristiana, y declaré con firmeza que la expresión del bien nunca es interrumpida.

También tomé unos momentos para establecer en mi pensamiento que, como Dios es perfecto, todos nosotros, por ser Su reflejo, solo podemos expresar perfección. Me fui a la cama muy tranquila. Dormí muy bien esa noche, y no me desperté con síntomas de alergia. Hace más de dos años que no tengo ningún ataque.

Continúo orando para tener bien claro en mi pensamiento que soy la hija perfecta de Dios, hecha a Su imagen y semejanza. Por lo tanto, las únicas “condiciones” que puedo tener son buena salud y alegría. Después de esta curación, decidí practicar la Ciencia Cristiana en toda ocasión, y he sido una persona muy alegre. La alegría ha estado presente constantemente en mi vida, porque ahora sé que existo en Dios, el bien omnipresente.

Elys Renata Carvalho, Elsah, Illinois

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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