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Cómo encontré la Ciencia Cristiana

“Un Dios de amor únicamente”

Del número de mayo de 2019 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Cuando era niño, me vino el pensamiento de que “Dios es un Dios de amor únicamente”, no un Dios tanto de amor como de odio, como enseñaba la religión de mi padre, cosa que yo no podía aceptar.

Esta nueva perspectiva acerca de Dios vino durante la época en que mi madre empezó a estudiar la Ciencia Cristiana. Ella había estado buscando respuestas a los interrogantes más importantes de la vida desde que era jovencita, y finalmente encontró la Ciencia Cristiana. No mucho después, mi madre dejó la religión de mi padre y se afilió a una Iglesia de Cristo, Científico, cercana.

Mi madre no nos sacó de la iglesia de mi padre porque a él le habían dicho que, para su propia salvación, era necesario que nosotros asistiéramos continuamente. Aunque extrañaba la presencia de mi madre los domingos por la mañana, sentía que ella estaba haciendo algo que debía hacer. Podía ver que el amor de Dios ahora permeaba la existencia de mi madre, irradiaba de ella, y tocaba a todos los que la rodeaban.

Uno de los primeros recuerdos que tengo es cuando tuve fiebre escarlatina y solo podía dormirme si estaba muy cerca de mi madre. Ella sabía que el amor Dios era más poderoso que cualquier teoría médica sobre el contagio. Muy pronto estuve bien, y ella nunca sufrió por haber estado tan cerca de mí. Más tarde comprendí que ella comprendía el siguiente concepto del libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy: “La Verdad trata el contagio más maligno con perfecta seguridad” (pág. 176).

Fui testigo de la influencia sanadora de mi madre año tras año, y aunque cuando crecía yo sabía solo un poco sobre la Ciencia Cristiana, vi cómo cuando había un problema, ella oraba para que hubiera curación. A veces llamaba a un practicista de la Ciencia Cristiana para pedirle ayuda, y en otras ocasiones me pedía que le leyera de Ciencia y Salud. Las ideas sanadoras de ese libro no solo la ayudaban a ella, sino que después me di cuenta de que se estaban afianzando en mi pensamiento.

Con el tiempo, visité una Sala de Lectura de la Ciencia Cristiana y compré Ciencia y Salud y la Biblia para poder estudiar la Lección Bíblica semanal de la Ciencia Cristiana.

El continuo estudio de la Ciencia Cristiana fue de gran ayuda para mí en mi trabajo como enviado diplomático del Departamento de Estado de los Estados Unidos; y durante el tiempo considerable que tenía entre viajes, yo podía estudiar mucho a fin de progresar en mi comprensión de la Ciencia Cristiana. También asistía a los servicios religiosos en mi sede en Alemania y siempre que era posible en los viajes que hacía por Europa, Oriente Medio y África.

En una oportunidad durante un vuelo, agarramos un pozo de aire y pareció como que el avión se venía abajo. Estaba sentado solo en la parte trasera del avión. Me sentí como cuando era pequeño y me di cuenta de que Dios es un Dios de amor únicamente, y por lo tanto, podía sentir la bondad de Dios en mi vida. El avión se sacudió fuertemente al tocar el fondo del pozo de aire, y las botellas que la azafata había dejado en una bandeja en el asiento junto a mí, se hicieron añicos a mi alrededor, pero yo estaba ileso.

Al continuar mis viajes, a veces el temor me tentaba a creer que otro incidente grande podía ocurrir en un avión. Entonces oraba con un pasaje de la Biblia: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Según recuerdo, aquel incidente fue el único que enfrenté durante los más de 800.000 kilómetros que recorrí al viajar como enviado diplomático.

En otra ocasión, cuando mi hijo más pequeño se lastimó un pie, oré con el Himno 139 del Himnario de la Ciencia Cristiana:

Andando voy con el Amor
y es día santo el día de hoy;
ya nada puedo yo temer,
pues cerca siento a mi Señor;
de puro gozo lleno estoy.
¡Con el Amor andando voy!
(Minny M. H. Ayers, adapt. y trad. de la letra en inglés © CSBD)

Lleno de gratitud, comprendí que el “Dios de amor únicamente” que yo había llegado a conocer de niño, estaba con mi hijo también. Muy pronto él estaba caminando normalmente otra vez.

Hace muchos años que trabajo en la administración de bienes raíces, y oro con regularidad para ver la armonía de Dios en mi negocio, confiando en que Dios está a cargo de la “administración” de todo lo que llega a mis manos. Recientemente, experimenté notables curaciones en la relación entre arrendador e inquilino. En dos oportunidades, pareció que debería recurrir a medios legales para desalojar a unos inquilinos, pero en ambos casos estos asuntos se resolvieron amigablemente.

Décadas después de que me viniera aquel pensamiento de que “Dios es un Dios de amor únicamente”, continúo sintiendo que el amor de Dios se derrama en mi vida día tras día. Por esto estoy realmente agradecido.

Richard McManus

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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