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Original Web

Sana de cáncer

Del número de junio de 2018 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 2 de abril de 2018 como original para la Web.


Después de tener una carrera de 21 años en el ejército de los Estados Unidos, empecé a someterme a los exámenes médicos anuales del Departamento de Asuntos de Veteranos, lo cual era un requisito porque estaba recibiendo beneficios como veterano. Durante esos exámenes, me diagnosticaron una forma rara de cáncer de páncreas. Como soy Científico Cristiano, desde el principio negué mentalmente que esa pretensión fuera verdad. Sin embargo, cuanto más la negaba, más evidencias se presentaban que la confirmaban. No era suficiente negar la pretensión; me di cuenta de que debía apoyarme con vigilancia e insistencia en lo que yo había llegado a comprender que era verdad acerca de mí mismo como imagen y semejanza de Dios.

Me aferré de todo corazón al hecho espiritual de que Dios, el Espíritu, y el hombre, el reflejo del Espíritu, son uno y son inseparables; de manera que el hombre no podría existir sin Dios, y Dios no podría manifestarse sin Su reflejo, el hombre, es decir, cada uno de nosotros. Fue crucial para mí aferrarme radical y firmemente a este discernimiento espiritual, a fin de rechazar la pretensión falsa que apoyaba este diagnóstico basado en la materia, y vencer el temor de estar separado de Dios y sanar.

A veces tenemos que conocer la verdad con vigilancia para poder superar la obstinada resistencia de la mente carnal o mortal. Un pasaje de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy explica: “Para ser inmortales, tenemos que abandonar el sentido mortal de las cosas, volvernos de la mentira de la creencia falsa hacia la Verdad, y recoger de la Mente divina las verdades del ser” (pág. 370). Cuando vigilamos nuestros pensamientos y oramos comprendiendo la verdad espiritual, podemos abstenernos de ser complacientes o aceptar las discordias como si fueran una realidad y, en cambio, sanarlas.

Cristo Jesús no pidió que le dieran una prognosis o el nombre de una enfermedad. Él no tenía una categoría de “pequeños problemas”, como tampoco tenía una categoría de “problemas más grandes o difíciles”. Cada problema era así mismo una pretensión de desarmonía —es decir, la apariencia externa de que supuestamente el hombre estaba separado de Dios, el bien— y cada uno de esos problemas podía sanarse. Como dice en Ciencia y Salud: “Jesús contemplaba en la Ciencia al hombre perfecto, que a él se le hacía aparente donde el hombre mortal y pecador se hace aparente a los mortales. En este hombre perfecto el Salvador veía la semejanza misma de Dios, y esta perspectiva correcta del hombre sanaba a los enfermos” (págs. 476–477).

Después de aferrarme a la verdad, y rechazar la falsa pretensión de la materia porque no era otra cosa más que una sugestión mental agresiva de la mente mortal, dejé de sentir miedo, y estaba seguro de que el elemento de discordia había desaparecido. Mientras los médicos estaban hablando de hacer cirugía, les pedí que hicieran otro escáner para probar que el cáncer ya no estaba allí.

No obstante, me sorprendí cuando mi doctor me dijo que el bulto era más grande y que también tenía una mancha en el pulmón. Me sobresalté de tal modo, que de pronto tuve gran temor. Sin embargo, toda una vida de curaciones en la Ciencia Cristiana me dejó con la única respuesta posible que era saber que tenía que profundizar mi comprensión espiritual para probar la protección y el perfecto amor del Cristo, la verdad de la existencia.

Durante esa época, recuerdo que escuché una grabación de audio que explicaba que la mente mortal es mentirosa sin importar lo que pretenda afirmar, porque sus pretensiones son mortales y materiales, en lugar de espirituales. ¿Cuántas veces creemos la mentira de que nuestra identidad es mortal debido a la estridencia con que se repite esa falsedad?

Puesto que la mentira de que yo tenía una enfermedad seria se estaba repitiendo vigorosamente, sabía que debía mantenerme firme y de forma aún más radical a favor de la verdad de que mi existencia es espiritual y perfecta. Declaré con firmeza que no era una creación aislada con un Dios distante en algún lugar apartado de mí. Oré para comprender que Dios y el hombre son uno (inseparables) y perfectos, y que, por lo tanto, yo jamás ni por un instante estaba separado de la armonía y la totalidad de Dios. Nunca hubo una separación ni un retorno a la armonía.

De inmediato le pedí a un practicista de la Ciencia Cristiana que orara por mí y me diera tratamiento en esta Ciencia. El practicista compartió conmigo vislumbres espirituales de que Dios ha creado al hombre libre de accidentes, enfermedades y discordias. La comprensión de la creación de Dios nos ubica “al abrigo del Altísimo” (Salmos 91:1), en el entendimiento de que solo la Mente divina gobierna.

La semana siguiente, los médicos militares me llamaron para hacer algunas citas con especialistas en cáncer. Con amabilidad, les dije: “No, gracias. Me niego a transformarme en un paciente con cáncer”. Les mandé un correo electrónico a los doctores agradeciéndoles por sus buenas intenciones, pero cerrando la puerta a otras soluciones médicas.

Casi en el momento en que envié el correo, sonó mi teléfono. Era uno de los doctores, insistía en que rechazar el tratamiento era muy peligroso. Le agradecí por su preocupación y afablemente no acepté sus servicios.

Al día siguiente, el cirujano de cáncer me llamó y dijo que quería decirme algo que era difícil de explicar por teléfono. Así que, un día después de su llamada, fui a su consultorio, y el cirujano dijo que, como especialista en cáncer pancreático, él se encontraba en una situación difícil porque nunca había visto un caso como el mío. Él entonces comparó el escáner original que mostraba el tumor, con el segundo escáner que tomaron cuatro semanas después, y que yo había solicitado. Me dijo que en el intento de encontrar el mismo cáncer que estaba claramente en el primer escáner, se había hecho un diagnóstico equivocado al leer el segundo escáner. A continuación, declaró que él no había podido encontrar rastro de cáncer en el segundo escáner. Agregó que aunque él tenía que respetar el examen inicial que encontró cáncer cuatro semanas antes, si él se viera forzado a hacer cirugía ahora, después de ver el segundo escáner, ¡él no sabría dónde hacer la incisión!

Recordé las palabras de mi maestro de la Ciencia Cristiana: “¿Ves? La mente mortal es un mentiroso, en cada instancia”.

Estoy extremadamente agradecido por la Ciencia Cristiana y las numerosas bendiciones que han resultado de esta curación, que ocurrió hace tres años y ha sido completa. Otro resultado adicional de mi más profunda y consagrada oración, fue que me ayudó a detectar y a orar para erradicar en mí mismo la tendencia a sentirme irritado por las supuestas molestias de la vida diaria. Estoy especialmente agradecido porque mi esposa, que es nueva en este país y en la Ciencia Cristiana, fue testigo directo de esta curación. Ella, criada por padres que eran médicos en un país de Europa oriental, fue testigo del poder y la verdad de la Ciencia Cristiana. He hallado que nada es imposible para Dios.

Mark Rendina
Leawood, Kansas, EE.UU.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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