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Original Web

Encuentra la mejor guardería en el cuidado de Dios

Del número de febrero de 2021 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 7 de enero de 2021 como original para la Web.


Hace tres años, mi esposo y yo nos convertimos en padres. Como la mayoría de aquellos que se preparan para la llegada de su primer hijo, todo era una experiencia nueva, desde decidir sobre los artículos de bebé que necesitaríamos hasta todas las cosas requeridas para organizarnos y prepararnos para un recién nacido. Como Científicos Cristianos, durante este tiempo nos volvimos de todo corazón a Dios en busca de guía. Si bien la familia y los amigos nos apoyaban con mucho amor y nos daban consejos útiles y prácticos de diferentes libros sobre la crianza, sentimos que todo esto nunca podría reemplazar la seguridad inspirada en Dios de que todo estaría bien y que tendríamos todo lo que necesitáramos. Sabíamos que esa seguridad solo podía venir al comprender que Dios es el Padre-Madre de todos, y confiar profundamente en que Él nos estaba guiando a lo largo del camino.

Mary Baker Eddy, la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, y madre ella misma, escribió: “Nunca pidáis para el mañana; es suficiente que el Amor divino es una ayuda siempre presente; y si esperáis, jamás dudando, tendréis en todo momento todo lo que necesitéis” (Escritos Misceláneos 1883–1896, pág. 307). Sentimos que este pasaje nos estaba hablando en nuestra nueva travesía como futuros padres. Parecía una promesa que venía directamente de Dios, asegurándonos que este nuevo capítulo se estaba desarrollando completamente con la ayuda del Amor. No teníamos que preocuparnos por ningún detalle en relación con la llegada de este pequeño. Todo estaría en su lugar correcto. El Amor divino nos estaba proporcionando lo necesario a todos.

Mi esposo y yo nos sentimos afortunados de poder pasar los tres meses siguientes al nacimiento de nuestro hijo en casa con él, lo cual fue un tiempo especial para nosotros. Después, ambos tuvimos que volver al trabajo, y encontrar un lugar donde cuidaran al niño. En aquel entonces, estábamos viviendo en un vecindario que ofrecía muchas guarderías, por lo que pensamos que sería fácil encontrar un buen lugar. Para nuestra sorpresa, la mayoría de ellas ya estaban llenas cuando llamamos. Nos desanimamos un poco, pero esta promesa de la Biblia nos dio mucha paz: “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Isaías 30:21). Este pasaje nos habló directamente al corazón. Lo leímos varias veces, y nos ayudó a confiar en la guía divina. Al leerlo, no podíamos dejar de pensar en el hecho de que esa “palabra” proviene de Dios y que confiábamos en Su guía. Esto nos ayudó a esperar con seguridad que todo estaría bien. 

Mi esposo y yo comprendimos que nuestro hijo ya era una idea completa de Dios, y que el Amor divino estaba cuidando totalmente de él y proporcionándole todo lo necesario. Por lo tanto, Dios ya tenía un lugar preparado para él.

Después de orar con estas ideas durante un mes aproximadamente, se abrió un cupo en una guardería cerca de nuestra casa. Era un lugar conveniente, ya que podíamos llevarlo y traerlo fácilmente; además, había muchos niños ahí y el personal era muy amable. 

Como padres e hijos, siempre tenemos todo lo necesario y estamos a salvo en las manos de Dios.

Pero unos meses después, la directora de la guardería nos informó que necesitábamos inscribir a nuestro hijo varios días más, dado que ya no ofrecerían la modalidad de dos días en la cual estaba inscrito. Al principio, nos sentimos un poco abrumados por esta noticia, ya que no teníamos necesidad de inscribirlo más días. Oramos intensamente acerca de la situación, lo que nos recordó que el Padre-Madre conoce a todos Sus hijos y sabe dónde pertenece cada uno. Seguimos orando en silencio durante las siguientes dos semanas, confiando en que el camino estaba abierto para nuestro pequeño. También continuamos dando los pasos para encontrar una nueva guardería. Mientras escuchábamos atentamente la guía de Dios, nos aferramos a esta declaración del libro de texto de la Ciencia Cristiana: “El ‘oído divino’ no es un nervio auditivo. Es la Mente que todo lo oye y todo lo sabe, para quien cada necesidad del hombre es siempre conocida y por quien será satisfecha” (Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 7). Esto nos aseguraba que Dios ya conocía nuestra necesidad y respondería a ella dándonos las ideas correctas sobre el lugar de nuestro hijo. Solo debíamos permanecer mentalmente en calma y esperar con confianza el plan de la Mente divina. 

Un día, en que no tenía que trabajar, decidí ir a una biblioteca local con nuestro hijo. Cuando estábamos ahí, él empezó a jugar con un niño de su edad, y yo comencé a conversar con la mamá del niño. En un momento dado, ella me preguntó sobre la guardería de mi hijo, y le conté que estábamos buscando un nuevo lugar. De inmediato me contó de la guardería a donde iba su hijo y que estaban muy contentos con ese sitio y las personas que trabajaban allí. Muy amablemente me dio el número de teléfono de la directora y me animó a llamarla. Esa misma tarde así lo hice y, como la guardería quedaba cerca, me invitó a visitarla. Fui con mi hijo, y el lugar nos gustó mucho. Él parecía sentirse en casa. La directora fue muy amable y expresaba mucho amor por los niños. Nos dijo que tenían justo un cupo disponible, y que el niño podría comenzar en el próximo período. Mientras me decía esto, yo le daba gracias infinitas a Dios por esta oportunidad de ver Su mano en acción. Como resultado de Su amorosa provisión encontramos un lugar bonito, lleno de amor para nuestro hijo. 

El cuidado tangible de Dios por nuestra familia nos ayudó a entender claramente que todos los hijos de Dios siempre están en su lugar correcto y bajo el cuidado de nuestro Padre-Madre, Dios. Como padres e hijos, siempre tenemos todo lo necesario y estamos a salvo en las manos de Dios. Nadie queda fuera de Su amoroso cuidado.

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