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Estabilidad en tiempos inestables

Del número de septiembre de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

 Apareció primero el 6 de julio de 2017 como original para la Web.
Publicado originalmente en el Christian Science Monitor del 27 de febrero de 2017.

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Hace años, vi una atracción de carnaval en la que los pisos bajo tus pies se movían e inclinaban cuando caminabas por ellos. Lo divertido era tratar de mantener el equilibrio mientras luchabas por llegar al final. 

Las épocas de revueltas e inestabilidad a veces se parecen un poco a eso, excepto que, por lo general, no son divertidas. Si nos sentimos inestables e inseguros acerca del futuro, y ya no tenemos las cosas con las que estábamos contando para tener estabilidad, esos tiempos nunca son de por sí buenos o deseables. No obstante, pueden transformarse en una bendición, si nos impulsan a ver más allá de las confianzas materiales, y descubrir que no podemos estar separados de Dios.

La Biblia está llena de pasajes que nos alientan y ofrecen profundos puntos de vista acerca de la relación inalterable que tenemos con nuestro Padre-Madre Dios. En el libro de los Salmos, por ejemplo, vemos la profunda confianza que tenía el Salmista en Dios, como un refugio de los cataclismos de la materialidad: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza… Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob” (46:1–3, 7).

Cristo Jesús nos enseñó y demostró de diversas formas a todos, que Dios es la fuente inalterable y estable de todo el bien. Por ejemplo, en la parábola de los lirios que no trabajan ni hilan, no obstante, están vestidos, y los cuervos que “ni siembran, ni siegan”, sin embargo, son alimentados (véase Lucas, cap. 12), Jesús ilustra la firme seguridad en que Dios provee todo lo que necesitamos. Y les da seguridad a sus oyentes con esta promesa: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro  Padre le ha placido daros el reino” (versículo 32).  

La paz, estabilidad y alegría verdaderas se encuentran en la comprensión de Dios.

Dios nos da “el reino”, todo lo que sea necesario para nuestra felicidad y bienestar. Su gobierno armonioso es constante, porque Él es el Amor infinito e inalterable, el Principio divino que sostiene la creación y nunca cambia ni se debilita. Por ser hijos de Dios cada uno de nosotros es espiritual —la expresión o imagen de Dios— y el Principio divino mantiene nuestra integridad y seguridad por medio de Su ley del bien invariable. Esta realidad espiritual no se discierne a través de los sentidos físicos o el razonamiento materialista. No obstante, se vuelve cada vez más evidente para nosotros a medida que aprendemos a confiar en lo que el sentido espiritual nos está diciendo de Dios.

Hace muchos años, estaba en un trabajo donde todo a mi alrededor estaba cambiando y viniéndose abajo. Debido a los cambios organizacionales, me dijeron que mi puesto ya no era necesario, y me quitaron a mi asistente. En lugar de quejarme, esperé con tranquilidad que Dios dispusiera de los hechos, sabiendo que su Principio afectuoso e infalible estaba gobernando, y cuidaría de mí de la mejor manera. 

A pesar de las insistentes indicaciones de que el cambio era inminente, continué confiando en Dios y esperé. Al final, transcurrió más de un año antes que eliminaran mi puesto. Para entonces mis propias circunstancias eran tales que el cambio fue armonioso y no me afectó en absoluto. Me sentí totalmente tranquilo.

A medida que nos volvemos más conscientes de la constante armonía del gobierno de Dios, podemos orar con más eficacia también en situaciones donde la desorganización es aún mayor. Tener una confianza firme en Dios, la Mente divina infinita, hace que seamos menos propensos a simplemente dejar las cosas en las inquietas manos de la mente mortal, es decir, la forma de pensar material en la cual la agresividad, la ira y la animosidad obstinadas, a veces parecen producir más de lo mismo por todos lados. Tales condiciones requieren oración, discernimiento espiritual y confianza en Dios, quien abraza y gobierna a toda Su creación.

Refiriéndose a Dios, Mary Baker Eddy afirma en el libro de texto de la Ciencia Cristiana: “La verdadera jurisdicción del mundo está en la Mente, que controla todo efecto y reconoce toda causalidad como conferida a la Mente divina” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 379).

En otro lado ella escribe: “…enfrentemos mansamente las convulsiones de la mente mortal, perdonémoslas con misericordia, meditemos sobre ellas con sabiduría y escudriñémoslas con amor de manera que sus repentinos arrebatos nos ayuden, no a reaccionar, sino a tener una alegría duradera” (La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 201).

La paz, estabilidad y alegría verdaderas se encuentran en la comprensión de Dios, cuyo amor y gobierno son inalterables. Esto es verdad para nosotros individualmente, y para toda la humanidad.

 Apareció primero el 6 de julio de 2017 como original para la Web.
Publicado originalmente en el Christian Science Monitor del 27 de febrero de 2017.

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En 1903, Mary Baker Eddy estableció El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Su propósito: “Proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad”. La definición que da el diccionario de “heraldo” como un “precursor, un mensajero que es enviado para anunciar que lo que ha de venir se acerca”, da un significado especial al nombre “Heraldo” y señala además nuestra obligación, la obligación de cada uno de nosotros, de ver que nuestros Heraldos sean dignos de la confianza depositada en ellos, confianza que es inseparable del Cristo y que fue anunciada primero por Jesús (Marcos 16:15): “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

Mary Sands Lee, Christian Science Sentinel, 7 de julio de 1956

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