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Original Web

El Principio y la práctica

Del número de junio de 2018 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 12 de abril de 2018 como original para la Web.


La naturaleza y la posición de la mente mortal son el opuesto de la Mente inmortal. La llamada mente mortal es creencia y no comprensión. La Ciencia Cristiana requiere comprensión en lugar de creencia; se basa en un Principio divino eterno y fijo, totalmente separado de la conjetura mortal; y debe ser comprendido pues, de otro modo, no puede ser aceptado y demostrado correctamente. La mente mortal tiende a recibir la Ciencia Cristiana a través de una creencia en lugar del entendimiento, y esta tendencia prevalece como una epidemia en el cuerpo; inflama la mente mortal y debilita el intelecto, pero esta llamada mente mortal es totalmente ignorante de este hecho, de modo que aprecia su mera fe en la Ciencia Cristiana.

Los enfermos, cual hombres que se están ahogando, se aferran a lo que sea que vaya a la deriva hacia ellos. Un Científico por la fe le dice al enfermo: "Puedo sanarlo, porque Dios es todo, y usted está bien, porque Dios no crea ni el pecado ni la enfermedad ni la muerte". Como resultado de esas declaraciones el enfermo, o bien sana por su fe en lo que tú le dices —lo cual sana solo como sanaría un medicamento, por medio de la creencia— o no logra resultado alguno. Si el sanador por la fe tiene éxito en asegurar (encender) la creencia del paciente en su propia recuperación, el practicista habrá realizado una cura por la fe que erróneamente declara que es Ciencia Cristiana.

De esta misma forma algunos estudiantes de Ciencia Cristiana han aceptado, mediante la fe, un Principio divino, Dios, como su salvador, pero no han comprendido este Principio lo suficientemente bien como para cumplir con el mandato de las Escrituras: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio". "Sanad enfermos". Es la comprensión que tiene el sanador de la operación del Principio divino, y su aplicación de la misma, lo que sana al enfermo, del mismo modo que es la comprensión que tenemos del principio de las matemáticas lo que nos capacita para demostrar sus reglas.

La Ciencia Cristiana no es una curación por la fe, y a menos que se distinga la fe humana de la curación científica, la Ciencia Cristiana nuevamente se perderá de la práctica de la religión como lo fue poco después del período de la enseñanza y práctica científicas de nuestro gran Maestro. La prédica sin la práctica del Principio divino del ser del hombre no ha resultado, en mil novecientos años, en la demostración de este Principio. La prédica sin la práctica veraz y constante de tus declaraciones destruirá el éxito de la Ciencia Cristiana.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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