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Original Web

El Principio y la práctica

Del número de junio de 2018 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 12 de abril de 2018 como original para la Web.


Este artículo fue escrito por Mary Baker Eddy en 1910, y posteriormente publicado como Editorial en la edición del 1° de septiembre de 1917 del Christian Science Sentinel. Su mensaje es de vital importancia para todo Científico Cristiano hoy en día.

La naturaleza y la posición de la mente mortal son el opuesto de la Mente inmortal. La llamada mente mortal es creencia y no comprensión. La Ciencia Cristiana requiere comprensión en lugar de creencia; se basa en un Principio divino eterno y fijo, totalmente separado de la conjetura mortal; y debe ser comprendido pues, de otro modo, no puede ser aceptado y demostrado correctamente. La mente mortal tiende a recibir la Ciencia Cristiana a través de una creencia en lugar del entendimiento, y esta tendencia prevalece como una epidemia en el cuerpo; inflama la mente mortal y debilita el intelecto, pero esta llamada mente mortal es totalmente ignorante de este hecho, de modo que aprecia su mera fe en la Ciencia Cristiana.

Los enfermos, cual hombres que se están ahogando, se aferran a lo que sea que vaya a la deriva hacia ellos. Un Científico por la fe le dice al enfermo: "Puedo sanarlo, porque Dios es todo, y usted está bien, porque Dios no crea ni el pecado ni la enfermedad ni la muerte". Como resultado de esas declaraciones el enfermo, o bien sana por su fe en lo que tú le dices —lo cual sana solo como sanaría un medicamento, por medio de la creencia— o no logra resultado alguno. Si el sanador por la fe tiene éxito en asegurar (encender) la creencia del paciente en su propia recuperación, el practicista habrá realizado una cura por la fe que erróneamente declara que es Ciencia Cristiana.

De esta misma forma algunos estudiantes de Ciencia Cristiana han aceptado, mediante la fe, un Principio divino, Dios, como su salvador, pero no han comprendido este Principio lo suficientemente bien como para cumplir con el mandato de las Escrituras: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio". "Sanad enfermos". Es la comprensión que tiene el sanador de la operación del Principio divino, y su aplicación de la misma, lo que sana al enfermo, del mismo modo que es la comprensión que tenemos del principio de las matemáticas lo que nos capacita para demostrar sus reglas.

La Ciencia Cristiana no es una curación por la fe, y a menos que se distinga la fe humana de la curación científica, la Ciencia Cristiana nuevamente se perderá de la práctica de la religión como lo fue poco después del período de la enseñanza y práctica científicas de nuestro gran Maestro. La prédica sin la práctica del Principio divino del ser del hombre no ha resultado, en mil novecientos años, en la demostración de este Principio. La prédica sin la práctica veraz y constante de tus declaraciones destruirá el éxito de la Ciencia Cristiana.

Traducción al español © 2018 The Christian Science Board of Directors.


Principle and Practice

This article was written by Mary Baker Eddy in 1910 and later published as an editorial in the September 1, 1917, issue of the Christian Science Sentinel. Its message is of vital importance to every Christian Scientist today.

The nature and position of mortal mind are the opposite of immortal Mind. The so-called mortal mind is belief and not understanding. Christian Science requires understanding instead of belief; it is based on a fixed eternal and divine Principle, wholly apart from mortal conjecture; and it must be understood, otherwise it cannot be correctly accepted and demonstrated.

The inclination of mortal mind is to receive Christian Science through a belief instead of the understanding, and this inclination prevails like an epidemic on the body; it inflames mortal mind and weakens the intellect, but this so-called mortal mind is wholly ignorant of this fact, and so cherishes its mere faith in Christian Science.

The sick, like drowning men, catch at whatever drifts toward them. The sick are told by a faith-Scientist, "I can heal you, for God is all, and you are well, since God creates neither sin, sickness, nor death." Such statements result in the sick either being healed by their faith in what you tell them—which heals only as a drug would heal, through belief—or in no effect whatever. If the faith-healer succeeds in securing (kindling) the belief of the patient in his own recovery, the practitioner will have performed a faith-cure which he mistakenly pronounces Christian Science.

In this very manner some students of Christian Science have accepted, through faith, a divine Principle, God, as their savior, but they have not understood this Principle sufficiently well to fulfill the Scriptural command, "Go ye into all the world, and preach the gospel." "Heal the sick." It is the healer's understanding of the operation of the divine Principle, and his application thereof, which heals the sick, just as it is one's understanding of the principle of mathematics which enables him to demonstrate its rules.

Christian Science is not a faith-cure, and unless human faith be distinguished from scientific healing, Christian Science will again be lost from the practice of religion as it was soon after the period of our great Master's scientific teaching and practice. Preaching without practice of the divine Principle of man's being has not, in nineteen hundred years, resulted in demonstrating this Principle. Preaching without the truthful and consistent practice of your statements will destroy the success of Christian Science.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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