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Vértebra colapsada sana por completo

Del número de abril de 2019 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Enseñar una clase a la semana sobre la Biblia en la Ciencia Cristiana, en una base militar para jóvenes reclutas de la Infantería de Marina de los Estados Unidos, ha sido para mí una experiencia profundamente enriquecedora durante varios años. Jóvenes infantes de marina de todas las religiones llegan a esta clase los domingos por la mañana, por lo general cansados y somnolientos, después de una semana de duro entrenamiento usando armas y marchando largas distancias por un terreno difícil. En esta clase de la Biblia aprenden que pueden recurrir a otro poder, aparte de su propio poder físico supuestamente limitado: al único poder real en el universo, que es Dios, quien es el bien. A menudo sienten que se les despierta el deseo de descubrir cómo puede el poder de Dios proporcionarles fortaleza espiritual. 

Me ha impresionado ver que algunos de los reclutas se han dado cuenta, debido a lo difícil que es su entrenamiento, que desean tener un fundamento espiritual y moral más sólido del que han tenido antes. Muchos de estos jóvenes marinos tienen una profunda receptividad a las ideas espirituales y un deseo de ser buenos y hacer el bien.

A veces estos reclutas han venido a verme describiendo una dificultad física con la que están lidiando, y les he preguntado si quieren que ore por ellos. Cuando han dicho que sí, he compartido con ellos algunas palabras de aliento de que Dios puede sanar todo, y he estado de acuerdo en orar por ellos conforme a las verdades espirituales que explica la Ciencia Cristiana; y he esperado que se produzca la curación. De hecho, muchas curaciones se han producido después que he orado por ellos. Conjuntivitis, resfríos, tos y estrés son tan solo unos pocos ejemplos de lo que se ha tratado y sanado con el cuidado de Dios. 

Hace poco más de un año, temí que tal vez tuviera que dejar de enseñar esta clase sobre la Biblia, porque no podía moverme después de que una mañana me caí debido al dolor al levantarme de la cama. Logré alcanzar mi teléfono y llamé a una amiga que es practicista de la Ciencia Cristiana para que orara por mí. Muy pronto pude regresar a la cama. Sabía que se me estaba presentando la falsa sugestión de que podía estar separada de la bondad de Dios. Sin embargo, parecía como si se hubieran roto huesos en varias partes.

Durante unos días, permanecí la mayor parte del tiempo en cama, y mi hija me ayudaba a levantarme y a moverme cuando era necesario. Fue entonces que en medio de la noche volví a caerme y ya no pude realizar ningún movimiento. Mi hija y mi esposo vinieron de inmediato a ayudarme. Cuando no pudieron moverme porque el dolor era muy agudo, llamaron a una ambulancia, y me llevaron a la sala de emergencias de un hospital local. Un doctor me explicó que tres vértebras de mi columna vertebral habían colapsado. Me dijo que las opciones eran que cementaran los huesos juntos o simplemente que “controlara el dolor”. 

No acepté ninguna de esas opciones, y pude regresar a casa ese día. Pensé en las curaciones que habían tenido algunos de los marinos por medio de la oración, y comencé a afirmar el poder universal de Dios para sanar toda enfermedad. En mi vida había visto todo tipo de dificultades físicas ceder a la verdad espiritual. Por medio de la Ciencia Cristiana mi madre había sido sanada de dolorosas migrañas, y mi papá había sanado por completo de adicciones al alcohol, al tabaco y al juego. Siendo más joven, yo había sanado rápidamente de un sarpullido producido por una hierba venenosa. Al recordar todas las curaciones que había tenido y presenciado en mi vida, finalmente llegué al lugar mental donde sabía que también experimentaría esta curación. 

Con la ayuda de una practicista de la Ciencia Cristiana, gradualmente comencé a percibir y a conocer las verdades que Dios, la Mente divina, me estaba impartiendo. Empecé a saber que la materia, o los huesos, nunca me identificaron como hija de Dios, la idea espiritual de Dios, sino que la Mente me sostiene, me controla y responde a todas mis necesidades. Comencé a identificarme realmente como una idea espiritual sin ningún elemento material que necesitara arreglo.

También empecé a dejar a un lado mentalmente el testimonio de los sentidos materiales y a aferrarme con firmeza a la verdad espiritual que Dios sabía de mí. La Biblia dice en Génesis: “Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (1:27). Sabía que esa era eternamente la verdad acerca de mí y que podía confiar en que Dios siempre me mantendría sana como Su idea perfecta.

Unos tres meses más tarde, me pidieron que regresara al hospital para que me tomaran radiografías para ver si era necesaria una cirugía. Como había estado libre de dolor la mayor parte de ese tiempo, estuve de acuerdo en ir solo por amor hacia las personas preocupadas por mí, para demostrarles que todo estaba bien. Las radiografías mostraron que había sanado por completo. 

No obstante, el médico sugirió que fuera cautelosa al moverme, ya que pensaba que los huesos estaban frágiles. Oré de inmediato en silencio con una declaración del libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, por Mary Baker Eddy: “Los huesos tienen sólo la sustancia del pensamiento que los forma” (pág. 423). Al describir algunos de los resultados de su propia práctica sanadora, la Sra. Eddy escribió que “los huesos cariados se han restaurado a su estado de salud” (Ibíd, pág. 162). Esto me dio esperanza de que la curación sería completa por medio del amor y el poder de Dios, la Mente. 

En las semanas que siguieron, estuve atenta a las ideas espirituales de la Mente, y me aferré con firmeza a las verdades espirituales. Llevé un diario sobre las mismas durante varias semanas para asegurar mi confianza y profundizar mi comprensión de que soy un ser espiritual creado y mantenido por Dios, y que nada había ocurrido que cambiara ese hecho. Tenía que admitir que mi verdadero ser no era material, sino completamente espiritual, y que lo que parecía haber ocurrido en la materia era en realidad solo una creencia falsa acerca de mí como un ser mortal en lugar de inmortal.   

Por un tiempo pensé en la palabra creencia y luego escribí en mi diario: “Las creencias falsas acerca de mí son producidas por las teorías humanas erradas de que mi origen y sustancia son materiales en lugar de espirituales. Son producidas por una falta de iluminación espiritual o verdad. Yo no tengo que desaparecer de la materia para encontrar la luz que puede inundar la consciencia con la verdad divina. Ya soy espiritual, y la Ciencia del Cristo trae esta luz a mi consciencia ahora mismo”. Recuerdo el alivio que sentí cuando permití que esas verdades entraran en mi consciencia y las acepté.

También encontré este versículo en Proverbios: “El mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz; y camino de vida las reprensiones que te instruyen” (6:23). Percibí claramente que lo que fuera que estaba experimentando solo podía funcionar para promover y ampliar mi crecimiento espiritual al comprender la Vida que es Dios. Se me había dado la oportunidad de demostrar las verdades espirituales que había expresado en la clase de Biblia, y estaba muy agradecida por demostrarlas.

Gradualmente, la actividad correcta y normal fue restaurada en todas las áreas de mi vida, y pude volver a enseñar la clase sobre la Biblia en la base de la Marina. La curación ha sido completa por más de un año, y me ha dado la libertad de usar mi espalda para realizar todas las actividades que siempre he hecho, sin pensar en las limitaciones, y también me ha dado la agregada certeza de que jamás ocurrió nada que quebrantara mi conexión espiritual con mi Padre-Madre Dios. Estoy profundamente agradecida por el cuidado amoroso de Dios por mí como Su idea espiritual, y por el continuo progreso y crecimiento en mi comprensión y demostración de la Ciencia Cristiana.

Sally Lind
Encinitas, California, EE.UU.

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