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Conferencias de la Ciencia Cristiana: el efecto del Consolador

Del número de octubre de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 24 de agosto de 2017 como original para la Web.
Publicado originalmente en le Chrisitian Science Journal en el número de Agosto de 2017.


Una conferencia de la Ciencia Cristiana trata acerca de la curación. Curaciones de todo tipo, desde la curación física y una percepción totalmente nueva de lo que es posible, verdadero y bueno, hasta aquellos corazones que arden debido al poder de Dios que está elevando espiritualmente a toda la humanidad. (Véase el artículo del año pasado en el número de Agosto del Journal o en el número de Diciembre de El Heraldo para saber más.) 

Si bien pudiera parecer que una conferencia es la causa de la curación, he llegado a comprender que las conferencias son el efecto del Consolador que sana, al que Cristo Jesús describió como el espíritu de Verdad que nos enseñaría todas las cosas, nos guiaría a toda la verdad y nos recordaría todo lo que él nos dijo (véase Juan 14–16). Este Consolador nos está elevando constantemente a todos, en todo lugar, para que obtengamos nuevas perspectivas de Dios y la realidad. Mary Baker Eddy lo identificó como la Ciencia divina, la Ciencia del Cristo; una explicación y una comprensión de Dios con nosotros que llega a toda la humanidad. El Consolador es lo que realmente impulsa la conferencia y la curación que proviene de ella.

Reconocer que la conferencia es la expresión natural del Consolador verdaderamente nos guía para organizar la conferencia de la manera más eficaz.

Un ejemplo de ello es que, en vez de comenzar los preparativos de la conferencia como comúnmente se planea cualquier reunión especial —decidir la fecha, el lugar, el conferenciante, los anuncios, etc.— podemos comenzar orando y escuchando con atención lo que Dios quiere que veamos y hagamos. Yo lo compararía con llevar un estilo de vida sano en estrecha comunión con Dios, y dejar que nuestras actividades sean el resultado de la inspiración y la guía divinas, en vez de enfocarnos en cosas tales como dietas y ejercicio. Tenemos que elegir una fecha y un lugar para la conferencia, así como tenemos que comer y estar activos, pero estos no son el origen ni la causa de la salud o de una conferencia sanadora. Así que debiéramos estar atentos a las tendencias sutiles de confiar en ellos como si fueran la fuente de todo el bien. Son simplemente medios por los cuales la bondad de Dios se manifiesta naturalmente y de formas muy útiles, a medida que nos centramos en cómo el espíritu de la Verdad nos está impulsando a actuar. 

Comprender que lo que impulsa el trabajo para ofrecer una conferencia es el Consolador, también nos ayuda a ver que todos somos necesarios en esta actividad. Puede ser tentador pensar que la responsabilidad yace en los hombros de alguien más, o que no tenemos mucho para aportar, o que no podemos aportar. Pero ofrecer una conferencia de la Ciencia Cristiana no es tarea de una sola persona, ya sea el conferenciante, el presidente del comité de conferencias o quienes se hayan ofrecido para ayudar. La Ciencia del Cristo se aplica a todos por igual y todos pueden experimentarla, pues, esta es la naturaleza de una ciencia: Una ciencia no tiene jerarquía y sus principios se aplican a todos por igual. Si aceptamos la tentación de creer que otra persona tiene más acceso a la Ciencia del Cristo, que la merece más o que es más capaz de experimentarla, entonces perdemos la noción de que es una ciencia. Y en la medida en que perdemos la noción de que es una ciencia, perdemos nuestra percepción del Consolador, porque precisamente eso es el Consolador: la revelación de que el Cristo ha llegado a la humanidad de manera universal, entendible y que puede experimentarse. Así que todos podemos estar atentos a la función que cumplimos al ofrecer una conferencia en nuestra comunidad, y reconocer el valor fundamental de dicha función.

Percibir más de esa naturaleza universal del Consolador también nos ayuda a elevar nuestra perspectiva acerca de nuestro prójimo; y lo que pensamos de nuestro prójimo tiene un impacto directo en el tipo de público que asistirá a una conferencia. Una perspectiva que proviene de Dios nos muestra que cada hijo de Dios —todos en la creación— está listo naturalmente para experimentar lo que es bueno y verdadero, y es receptivo y responde al espíritu de la Verdad. De modo que, cuando anunciamos o invitamos a alguien a una conferencia, no estamos invitando a una “persona de afuera” para que obtenga algo que todavía no tiene. Estamos invitando a un hijo de Dios, dentro del alcance eterno del Amor divino, al único lugar donde más desea estar un hijo de Dios: una reunión donde se explorarán y se experimentarán las ideas relacionadas con la realidad de Dios y el descubrimiento del Consolador.

Ser testigo de los hechos de la naturaleza universal de la Verdad, incluso la relación de cada individuo con la Verdad, es necesario y bendice a nuestro prójimo, ya sea que esa persona concurra o no a la conferencia. Estamos presenciando la realidad de que el Consolador ha venido a toda la humanidad y que el “reino de Dios”, como Jesús lo llamó, en realidad está dentro de cada uno de nosotros. Estamos viviendo el espíritu de Verdad que determina el éxito de la conferencia. Y la conferencia, de una u otra manera, reflejará eso. 

Con mucha gratitud, los miembros del Cuerpo de Conferenciantes los acompañan en este aspecto tan importante del movimiento de la Ciencia Cristiana, que es ofrecer conferencias sobre la Ciencia Cristiana en comunidades de todo el mundo. Estamos muy agradecidos por acompañarlos en esta travesía del descubrimiento diario del Consolador y de las buenas nuevas que trae a la humanidad.

Tom McElroy
Gerente del Cuerpo de Conferenciantes de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 24 de agosto de 2017 como original para la Web.
Publicado originalmente en le Chrisitian Science Journal en el número de Agosto de 2017.

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La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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