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Al impulso de mi gratitud por todo lo que la...

Del número de julio de 1955 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Al impulso de mi gratitud por todo lo que la Christian Science ha hecho por mí, ofrezco este testimonio esperando ayude a otros como a mí me han ayudado tan a menudo los testimonios publicados. Hace muchos años, cuando estaba radicada en Chile, padecía mucho de constantes dolores de cabeza. A veces se agravaban a tal grado que tenían que recetarme alguna droga fuertemente soporífera a fin de que el sueño me dejara descansar del dolor por algunas horas. Visitando una vez a una amiga mía ví en su casa el libro de texto de la Christian Science, “Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras” por Mary Baker Eddy. Eso me hizo recordar que había oído discutir mucho en pro y en contra de ese libro. Pero también recordé que había oído decir que su lectura había curado a muchos, así es que pedí permiso de llevarme el libro a mi casa para leerlo, pensando que quizá me ayudara a olvidar mis males. Se me respondió con sarcasmo que el libro no valía la pena de leerse, pero me lo llevé, y hay que añadir que nunca lo regresé.

Poco después de esa visita me le uní a mi esposo en unas faenas pesadas que él emprendía en el jardín de nuestra quinta a la que íbamos a pasar el fin de semana. Al rato comenzó a dolerme un brazo, por lo cual dejé de trabajar. Noté luego una hinchazón en ese brazo. Al día siguiente fuí a ver a mi doctor que hizo lo que pudo por curarme, pero el mal siguió empeorando gradualmente hasta que ya no podía ni mover mis dedos sin que me dolieran. Mi esposo sugirió entonces que fuera a ver a un cirujano, lo cual me alarmó porque ya me habían operado tres veces y cada operación había sido seria y eso me hacía sentir que ya no podría soportar ninguna otra operación por leve que fuera. En el silencio de esa noche, me pareció oír una voz que me decía que tomara el libro de la Christian Science y que lo leyera; que había curado a otros y me podía curar a mí también. Comencé a leerlo y me quedé dormida mientras lo leía. Al despertar a la mañana siguiente ya nada me dolía.

Sobresaltada de sorpresa corrí a decirle a mi esposo que había sanado leyendo el libro de texto de la Christian Science. Pero él me reprendió con severidad diciendo que era un disparate decir eso. Cuando ví que le disgustaba que yo estudiara formalmente el libro, me guardé para mis adentros la grata nueva de mi curación y leía a escondidas pero con interés creciente. Mis amigos poco sabían de Christian Science y la ridiculizaban, pero yo ya me sabía que había hallado la perla de gran precio, e inmediatamente abandoné toda actividad puramente social y me puse a estudiar el libro de texto con el fin de aprender más de tan admirable religión.

Un día llegó a nuestra casa una sobrina mía que venía a que la curara de acuosidad en una rodilla un especialista que vivía por ahí cerca. Viendo que no experimentaba ninguna mejoría como ella esperaba, mi sobrina me preguntó si la podría curar la Christian Science. Le contesté que yo estaba segura que sí, y comencé a contarle todo lo que ya había logrado yo de la Ciencia en el corto tiempo que la había estudiado. Juntas nos pusimos a leer el Salmo 91. Ella sanó instantáneamente de su afección y, según hallamos después, también de bronquitis crónica y de descoloramiento pulmonar. Esa curación estaba llamada a producir extensos resultados, pues mi sobrina vino a ser la primera practicista de Chile que había de figurar en el directorio de The Christian Science journal.

Yo he tenido muchas otras curaciones incluso las de reumatismo inflamatorio, abscesodental, pleuresía y otras de menor importancia Mis dolores de cabeza desapareciaron cuando conceptué más cariñosamente a alguien que yo creía que había sido injusto conmigo. Hace poco sané lindamente de la pesadumbre que me había causado la defunción de un allegado querido. Aumenta cada día mi gratitud a Dios por nuestra amada Guía, Mrs. Eddy, cuando pienso en todo lo que de bueno he derivado de mi estudio de la Christian Science. Ahora disfruto de gozo y felicidad verdaderos e inalienables.—

Yo soy la sobrina a que se refiere el anterior testimonio que confirmo con gusto.

Agradezco mucho la Christian Science por la salud y felicidad que me ha traído todos estos últimos veintidos años por haber confiado en las leyes de Dios según las revela esta Ciencia, y también por las curaciones que recibí hace muchos años de enfermedades de los riñones y del seno osofacial. Otra de mis curaciones fué la de una crítica situación pecuniaria en la que, después de años de arduo trabajo y luchas con grandes dificultades, se le quebrantó su salud a mi esposo por lo cual tuvo que liquidar su negocio. Nuestros únicos medios de subsistencia entonces palpables se debían a la generosidad de un pariente nuestro.

La Christian Science me enseñó a no resistir el mal oponiendo mal al rebelarme contra los desengaños y la frustración, sino confiando humilde y sinceramente en que Dios respondería a nuestra necesidad. Me dí cuenta muy clara de que no debía de congojarme más porque si yo no sabía que la bondad infinita de Dios es la fuente de la provisión del hombre, entonces nada sabía yo de lo que enseña la Christian Science. Cesó mi ansiedad, y yo me esforzaba por poner en práctica la fe y la humildad que me había infundido mi comprensión de la Christian Science. Poco después hubo unos cambios en las leyes urbanas de la ciudad que permitieron a mi esposo vender a precio elevado un terreno que se había considerado inservible durante más de treinta años, y con los fondos así adquiridos mi esposo estableció un negocio nuevo que ha resultado próspero y satisfactorio para él y los suyos.

Yo agradezco especialmente la comprensión espiritual lograda con mi estudio de la Christian Science. Me ha dado una razón de ser o vivir que expresan mejor las palabras de Mrs. Eddy en Ciencia y Salud (pág. 272): “Es la espiritualización del pensamiento y cristianización de la vida diaria, en contraposición a los resultados de la horrible farsa de la existencia material; es la castidad y pureza, en contraste con las tendencias rastreras y la atracción terrenal del sensualismo y la impureza, lo que realmente comprueba el origen divino y la eficacia de la Christian Science.”

Después de nueve años de estudio concienzudo, casi a solas, durante los cuales otros solicitaban mi ayuda constantemente, sentí la urgente necesidad de tomar clase de instrucción facultativa. Eso parecía casi imposible, por requerir un viaje largo y costoso a Europa o a los Estados Unidos. Cuando había resuelto definitivamente dar ese paso a pesar de las grandes dificultades, los medios necesarios se me presentaron de repente en una forma sumamente armoniosa, haciendo posible que recibiera yo esa instrucción facultativa cuando estaba a punto de estallar la segunda guerra mundial en 1939. Esta instrucción ha sido de valor inestimable para mí no sólo por habilitarme para las actividades en conexión con la Causa de la Christian Science en este campo, sino también porque me da una sensación práctica de ecuanimidad y perspicacia espirituales y me hace apreciar como es debido los valores espirituales que fueron para mí un faro luminoso que me guió mientras duró el conflicto mundial de esos años.

Que la Christian Science ha enriquecido y ampliado mi vida entera, puedo testificarlo verídicamente. Agredezco de manera especial la comprensión de que un concepto personal de uno mismo es lo que lo limita, y hay que desprenderse de tal concepto substituyéndolo por el sentido ilimitado del bien en incesante desenvolvimiento como la idea espiritual de la Mante divina.

Le agradezco de todas veras a Mrs. Eddy el sagrado don de la Ciencia del Cristianismo y por haberla dado a la humanidad en la forma de un libro cuyo verdad llega hasta los términos de la tierra, habilitando a los que tienen hambre y sed de la verdadera comprensión de Dios y el hombre a estudiarlo aprendiendo a aprovecharse del poder del Amor divino y a probar la exactitud de las palabras del Maestro (Mateo 6:6): “Tu Padre que ve en [lo] secreto, te recompensará en [lo] público.”—

Grande es el gozo y profunda la gratitud que siento al poder corroborar la curación de acuosidad en la rodilla a que se refiere el testimonio que antecede. Viendo que mi hermana había sanado tan repentinamente, expresé mi deseo de estudiar yo también la Christian Science. Antes de saber de esta religión estábamos muy endrogados con el químico farmacéutico y rara vez quedábamos sin uno u otro remedio medicinal en casa. Una vez emprendido nuestro estudio de la Christian Science, pronto pudimos confiar radicalmente en sus preciosas verdades para todas nuestras curaciones.

También he logrado probar el gobierno infalible de la Mente divina veces sin cuento cuando he necesitado saber cómo utilizar el poder de Dios para vencer las muchas dificultades que han surgido en mi vida matrimonial.

No hay palabras que puedan expresar adecuadamente mi agradecimiento a nuestra amada Guía, Mrs. Eddy.—

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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