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Un dedo quebrado sana rápidamente

Del número de octubre de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 17 de agosto de 2017 como original para la Web.
Publicado originalmente en el Christian Science Sentinel del 19 de junio de 2017.

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Mi madre era una dedicada Científica Cristiana. Para ir a la Iglesia de Cristo, Científico, más cercana, me ponía en un cochecito de bebé y me empujaba por más de tres kilómetros hasta el camino principal, donde tomábamos un autobús para ir a la ciudad. Allí me inscribieron a muy tierna edad en la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana.

Cuando era un poco más grande, uno de los requisitos de mi maestro de la Escuela Dominical fue memorizar cada semana el Texto Áureo de la Lección Bíblica del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. ¡Qué maravilloso fundamento han sido estas citas de la Biblia para mí a lo largo de los años! Fue en la Escuela Dominical que aprendí: “Para Dios todo es posible” (Mateo 19:26). He podido probar esta verdad muchas veces.

Cuando estaba en séptimo grado, una mañana estaba jugando béisbol con unos amigos antes de la escuela. Uno de los chicos hizo un movimiento con su bate, y mi dedo quedó atrapado entre su bate y el mío. El dedo estaba sangrando y era muy obvio que estaba quebrado. El director de la escuela lo miró y dijo que no lo iba siquiera a tocar. Llamó a mi mamá y le pidió que me viniera a buscar.

Cuando ella me recogió, hablamos para decidir si debíamos llamar a un practicista de la Ciencia Cristiana para pedirle tratamiento, o ir al hospital para que me pusieran el hueso en su lugar. Yo nunca antes había tenido tratamiento médico, y como habíamos tenido muchas experiencias de curación en nuestra familia, teníamos confianza en recurrir a la Ciencia Cristiana para sanar mi dedo.

Lo que me impresionó no fue el cuidado o la forma como limpió mi madre el dedo después que llegamos a casa, sino el hecho de que llamó a un practicista para que orara por mí. Yo tenía total confianza en que Dios me sanaría. Mary Baker Eddy afirma: “La Ciencia Cristiana siempre es el cirujano más hábil, pero la cirugía es la rama de su método sanador que será reconocida por último. Sin embargo, es justo decir que la autora ya tiene en su poder registros debidamente autenticados de curaciones, efectuadas por ella misma y sus alumnos mediante la cirugía mental únicamente, de huesos fracturados, de articulaciones y vertebras dislocadas” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 402).

Siempre me ha gustado pensar en la diferencia entre la oscuridad y la luz. La luz es energía. Se mueve. Calienta e inspira crecimiento. Tiene poder. Pero la oscuridad no tiene poder; no puede moverse o actuar por su cuenta. Pero ¿puede acaso afectarnos a nosotros? Si tratamos de correr de noche a través de un campo oscuro, es posible que tropecemos y nos caigamos. Pero ¿es que la oscuridad provocó esa caída? ¡No! La ausencia de la luz nos impidió ver el camino. Así que encendemos la luz para ver por dónde vamos.

De igual manera, yo sabía que Dios, el bien, tiene todo el poder, y el mal no tiene ningún poder. No me miré el dedo. Encendí la luz del entendimiento de que Dios es Amor y todo lo que él crea es perfecto. Comprendí que un dedo quebrado no podía pertenecerme porque no le pertenece a Dios. Me acosté en el sofá y me dormí.

Más tarde, me desperté, fui a mi escritorio y empecé a dibujar. De pronto me pregunté: “¿Por qué estoy en casa?” Fue entonces que me acordé de mi dedo. Descubrí que estaba completamente sano, no había rastro alguno de la quebradura. Y nunca he tenido ningún otro problema con ese dedo.

Para mí esta experiencia es una prueba de que la misión sanadora de Cristo Jesús no era para su época solamente, sino para la nuestra también. Como declara Ciencia y Salud: “Más allá de las frágiles premisas de las creencias humanas, por encima del apresamiento de los credos que está cediendo, la demostración de la curación cristiana por la Mente se yergue como una Ciencia revelada y práctica. Es imperiosa a través de todas las épocas como la revelación por Cristo de la Verdad, la Vida y el Amor, la que permanece inviolada para que todos los hombres la comprendan y la practiquen” (pág. 98).

Si bien me siento agradecido por esta curación física, estoy aún más agradecido porque esta experiencia me puso en un camino que, mediante el avance en mi estudio y comprensión de la Ciencia Cristiana, me ha guiado a lo largo de mi vida y me ha traído curaciones físicas, protección y provisión. Siento la más profunda gratitud por mis maestros de la Escuela Dominical, los practicistas, la instrucción de clase de la Ciencia Cristiana y las actividades de la iglesia.

Emmett Wainwright
Deltona, Florida, EE.UU.

Apareció primero el 17 de agosto de 2017 como original para la Web.
Publicado originalmente en el Christian Science Sentinel del 19 de junio de 2017.

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En 1903, Mary Baker Eddy estableció El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Su propósito: “Proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad”. La definición que da el diccionario de “heraldo” como un “precursor, un mensajero que es enviado para anunciar que lo que ha de venir se acerca”, da un significado especial al nombre “Heraldo” y señala además nuestra obligación, la obligación de cada uno de nosotros, de ver que nuestros Heraldos sean dignos de la confianza depositada en ellos, confianza que es inseparable del Cristo y que fue anunciada primero por Jesús (Marcos 16:15): “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

Mary Sands Lee, Christian Science Sentinel, 7 de julio de 1956

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