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La ley que nos impulsa a avanzar

Del número de noviembre de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 18 de septiembre de 2017 como original para la Web.

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Últimamente, he orado mucho por el trastorno causado por el estrés postraumático. La perspectiva que he obtenido de mi estudio de las enseñanzas de Cristo Jesús y los escritos de Mary Baker Eddy, me ha ayudado a ver incluso más allá del pensamiento positivo que te dice: “Si la vida te da limones, aprende a hacer limonada”. En cambio, he estado entendiendo algo acerca de la ley espiritual natural que opera en favor de todos imparcialmente, y a la que podemos aprender a ceder. 

Comienza con la idea de que el hombre y la mujer son creados “a imagen” de Dios, para ser “muy buenos”, como Dios (véase Génesis 1:26, 27, 31). Esto significa que reflejamos inherentemente el bien que proviene de Dios. Es la ley de reflejo del hombre que es la expresión armoniosa de Dios. A medida que comprendemos esto, experimentamos curación y adquirimos confianza y fortaleza como para enfrentar la adversidad.

Cuanto más constantemente nos identifiquemos como la expresión de Dios, más hallaremos que somos capaces de superar la adversidad y avanzar.

La Biblia está llena de personas que superaron circunstancias difíciles. Por ejemplo, los hermanos de José estaban tan celosos de él que lo metieron en un pozo y lo vendieron como esclavo, y después fue puesto en prisión por algo que no había hecho. Pero su comprensión de que estaba muy cerca de Dios lo capacitó para transformar cada adversidad en una bendición. José no preguntó: “¿Por qué me pasan estas cosas a mí?” Él confiaba en el cuidado de Dios. Esto lo ayudó a salir del pozo y más tarde lo capacitó para interpretar el sueño de Faraón, lo que impidió que la gente muriera de hambre durante una hambruna, y lo ayudó a reconectarse con su familia y perdonarlos.

Fue como si José hubiera sabido que la verdadera historia no eran los episodios de una dificultad tras otra, sino el infinito y amoroso cuidado de Dios (véase Génesis 37-50). Ciertamente, José era una prueba viviente de esta promesa de la Biblia: “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). José fue avanzando a medida que se mantenía cerca de Dios en sus oraciones y era obediente a la guía que obtenía de Dios, la cual le daba valor, lo protegía de sufrir daño y respondía a sus necesidades.

Nosotros también podemos progresar al percibir algo de nuestra unicidad con Dios. Después de todo, nuestra experiencia real es ser la expresión Misma de Dios. La bondad, la misericordia, la sabiduría, y así sucesivamente, provienen de Dios, y son inherentes en nosotros porque somos Sus hijos; es natural para nosotros expresarlas. En lugar de luchar abriéndonos paso por la secuencia humana de sucesos buenos y malos, podemos aferrarnos a nuestro entendimiento del bien y esforzarnos por expresar estas cualidades en toda circunstancia, autorizados por la comprensión de dónde provenimos verdaderamente. Esto a su vez nos permite superar la adversidad, y nos ayuda a crecer y a progresar.

Un querido himno lo resume de la siguiente forma:

Te busco en mi necesidad 
y siempre Te hallaré;
.   .   .   .   .
Me abriga Tu bendito amor, 
   Tu ley es mi sostén; 
Tu mano en todo puedo hallar 
   y todo en Ti, Señor; 
mis pasos guías por mi bien, 
Tú vuelves gozo mi pesar.

(Samuel Longfellow, Himnario de la Ciencia Cristiana N° 134, traducción © CSBD)

Cuanto más constantemente nos identifiquemos como la expresión de Dios, más hallaremos que somos capaces de superar la adversidad y avanzar.

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Mary Sands Lee, Christian Science Sentinel, 7 de julio de 1956

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