Skip to main content
Original Web

La guía de Dios nos salva y nos sana

Del número de noviembre de 2017 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 5 de septiembre de 2017 como original para la Web.

Adding Bookmark

Favorito archivado



Bookmarks Loading
Bookmarks Loading

Dios tiene un único propósito para cada uno de nosotros: que lo reflejemos a Él en nuestra propia expresión individual. Somos Sus ideas y moramos eternamente en la Mente infinita única, a salvo de todo aquello que nos pueda desviar del camino sagrado que nos mostró amorosa y sabiamente. Nada queda fuera de Su alcance y poder.

Hace algunos años, antes de encontrar la Ciencia Cristiana, cuando me encontraba cursando el primer año de la universidad, desperté una mañana con un fuerte dolor en los pulmones. Me resultaba muy difícil respirar. En el fondo de mi corazón yo sabía que Dios nos ama siempre y que Su cuidado y protección nos libran de todo posible peligro.

Comencé a orar con el Padre Nuestro. Me retiraba a mi habitación y estudiaba y reflexionaba sobre las palabras expresadas en esta oración que nos dio Jesús (véase Mateo 6:9-13).

A medida que transcurrían los días pude observar como mi pensamiento se elevaba, dejando atrás el miedo, los pensamientos de enfermedad y dolor, y dando paso a una comprensión más profunda del reino de Dios, por siempre presente.

Comencé a reconocer la totalidad de la presencia de Dios en mi vida. No se trataba de un ser lejano, ajeno a mí o a mi experiencia, sino muy por el contrario. Pude percibir Su presencia amorosa colmando todo el espacio. Pude sentir la calidez del Amor divino. 

Logré comprender que el perdón que Dios nos otorga, así como el perdón que nosotros otorgamos a quienes nos ofenden, nos liberan de las cadenas del dolor y la discordia. No recuerdo exactamente cuánto tiempo transcurrió, pero en determinado momento supe con certeza que había sanado por completo.

Ni mi familia ni mis amigos supieron jamás nada al respecto. Durante todo ese tiempo pude continuar con mis actividades habituales de manera absolutamente normal.

Poco tiempo después, mi familia y yo tuvimos que tramitar la residencia definitiva en Brasil, país donde residíamos en aquella época. Para hacerlo tuvimos que someternos a los exámenes médicos obligatorios, y la radiografía de tórax que me tomaron indicó la presencia de una lesión inactiva en un pulmón. Al consultar a mi padre al respecto y ver que desconocía lo sucedido, el médico simplemente dijo: “Sea lo que sea que haya ocurrido, ya está curado”.

Esta curación fue un acontecimiento importante en mi vida. A partir de ese episodio, sucediera lo que sucediera, recurría siempre a Dios para resolverlo. Aprendí a través de esa experiencia que como Dios es nuestro Padre-Madre, nuestro Hacedor, nadie queda jamás excluido del Amor divino que nos abraza a todos.

Transcurrieron muchos años, y tuve un período de búsqueda y oración, antes de conocer la Ciencia Cristiana. 

Una tarde, mientras caminaba por la calle hacia mi trabajo, me volví nuevamente al Padre en busca de ayuda. De la manera más sabia y amorosa y para mi sorpresa, fui guiada en dirección a una Iglesia de Cristo, Científico, iglesia filial de la denominación de la Ciencia Cristiana. Una cita del libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy, escrita en un cartel de la iglesia, llamó mi atención: “Para los que se apoyan en el infinito sostenedor el día de hoy está lleno de bendiciones” (pág. vii). 

Supe en ese mismo momento que nuevamente el Amor me estaba guiando y protegiendo. Entré en la iglesia con dudas y muchas preguntas; al salir, llevaba conmigo un ejemplar de Ciencia y Salud.

Al día siguiente de visitar esa iglesia, regresé y asistí al servicio del día de Acción de Gracias por primera vez. Recuerdo hasta el día de hoy la emoción que sentí cuando escuché los testimonios de gratitud de la congregación. En silencio me uní a esa gratitud y al reconocimiento de que Dios es el único poder capaz de salvarnos de todo tipo de discordancia. 

Poco después de comenzar a estudiar la Ciencia Cristiana, Sami, una de mis perras, empezó a manifestar síntomas de enfermedad. Un veterinario diagnosticó que había tenido un ataque de apoplejía y su pronóstico no era nada bueno. Recurrí a Dios y decidí apoyarme en las enseñanzas de la Ciencia Cristiana.

Oré, afirmando que Sami, por ser una idea espiritual de la Mente infinita única, nunca estaba sujeta a condiciones materiales, como tampoco estaba a merced del tiempo, la edad o ninguna circunstancia material. Me mantuve firme con la certeza de que su salud no dependía de leyes materiales, puesto que solo hay una ley, la ley de Dios que rige y gobierna toda la creación. Aunque el veterinario había prescrito grandes cantidades de medicamentos, yo no se los di.

Después de orar durante una semana, Sami recuperó sus funciones normales, y volvió a jugar y a correr como siempre. Yo estaba empezando a probar en mi propia experiencia que, como dice Mary Baker Eddy: “El Principio divino y las reglas de este cristianismo, siendo demostrables, son innegables; y debe encontrárselos decisivos, absolutos y eternos” (Mensaje a La Iglesia Madre para el año 1900, pág. 4).

En aquella época yo también estaba pasando por una compleja situación financiera y de trabajo. Acababa de perder un negocio de familia. Si bien muy pronto empecé un nuevo e intenso trabajo en la enseñanza privada, mis entradas eran todavía insuficientes para cubrir todos mis gastos. 

Le pedí ayuda a una practicista de la Ciencia Cristiana. Durante mis visitas a su oficina, ella me guió a estudiar y a comprender mi verdadera identidad como hija y reflejo de Dios. Me explicó que la creación de Dios es espiritualmente perfecta y completa. Nuestro Padre-Madre Amor nos provee de todo lo que podamos necesitar. El reconocimiento de que la presencia de Dios es el Principio absoluto que gobierna nuestra vida y todo el universo, nos permite ver como se revela en nuestra experiencia el bien que necesitamos humanamente. Al orar con estas ideas, pude empezar a trabajar en bienes raíces, y muy pronto los problemas económicos quedaron atrás.

Muy poco después de empezar a estudiar la Ciencia Cristiana, pude reconocer la validez y verdad de todo lo que la Sra. Eddy nos ha dejado a través de sus invalorables enseñanzas. En Rudimentos de la Ciencia Divina nuestra Guía define la Ciencia Cristiana como “la ley de Dios, la ley del bien, que interpreta y demuestra el Principio divino y la regla de la armonía universal” (pág. 1). El reconocimiento de esta verdad nos lleva inexorablemente hacia el único resultado posible: salud, armonía, paz y bienestar en nuestra experiencia y, finalmente, a través de todo el universo. 

A lo largo de todos los años que he estudiado las enseñanzas de la Ciencia Cristiana, tanto mi familia como yo hemos recibido muchas bendiciones muy importantes. Mi madre fue sanada de herpes en los ojos mientras asistía a un servicio religioso dominical. Yo sané de un fuerte dolor en la espalda antes de un viaje, de un dedo dislocado y de una picadura de abeja en unos pocos minutos, para mencionar tan solo algunas de mis muchas curaciones. En cada una de ellas, la guía y el gobierno de Dios fueron la Roca sobre la cual pude mantenerme firme. Al recordarlo, observo que Dios siempre ha guiado mis pasos con dulzura, sabiduría e infinito amor. Así fue como pude tomar instrucción de clase Primaria, y finalmente, un día al orar, reconocer nuevamente la voz divina, esta vez guiándome a entrar en la práctica pública como practicista de la Ciencia Cristiana.

Es maravilloso saber que podemos dar testimonio del reino de los cielos, como una verdad eternamente presente y activa, y comprender sobre todo que podemos ayudar a nuestro prójimo, y traer paz y curación a quien lo necesite, cumpliendo con el mandato bíblico de Jesús: “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).

Claudia Pazos
Piriápolis, Uruguay 

¡TENGA ACCESO A MÁS ARTÍCULOS INSPIRADORES COMO ESTE!

Bienvenido al Heraldo-Online, el sitio de El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Esperamos que disfrute de este artículo que ha sido compartido con usted.

 Para tener acceso total a los Heraldos, active una cuenta usando su suscripción impresa del Heraldo ¡o suscríbase hoy a JSH-Online!


La misión de El Heraldo

En 1903, Mary Baker Eddy estableció El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Su propósito: “Proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad”. La definición que da el diccionario de “heraldo” como un “precursor, un mensajero que es enviado para anunciar que lo que ha de venir se acerca”, da un significado especial al nombre “Heraldo” y señala además nuestra obligación, la obligación de cada uno de nosotros, de ver que nuestros Heraldos sean dignos de la confianza depositada en ellos, confianza que es inseparable del Cristo y que fue anunciada primero por Jesús (Marcos 16:15): “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

Mary Sands Lee, Christian Science Sentinel, 7 de julio de 1956

Saber más acerca de El Heraldo y su misión.