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Cómo puedes ayudar a detener la pandemia

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 8 de marzo de 2021


En todo el mundo, desde Mumbai hasta Melbourne y Minneapolis, la gente está deseando saber que no sólo podemos soportar la pandemia, sino realmente acabar con ella. ¿Es esto posible siquiera? ¡Sí! Puede que no parezca probable desde una perspectiva material, pero Cristo Jesús dijo: “Todas las cosas son posibles para Dios” (Marcos 10:27).

La Ciencia Cristiana explica que las obras sanadoras de Jesús estaban basadas en verdades divinas que son eternas, universales y demostrables. Durante los últimos ciento cincuenta años, esta Ciencia ha sanado a innumerables personas, incluidas aquellas con enfermedades consideradas incurables. De modo que puede contribuir de forma única a la curación del COVID-19, ya que hace que las leyes de salud y armonía de Dios sean comprensibles para que todos puedan apreciarlas y aplicarlas. 

La comprensión de la Biblia y el cristianismo que presenta la Ciencia Cristiana surgió de la experiencia de vida de Mary Baker Eddy (1821–1910). Ella superó cuatro décadas de mala salud y enseñó a otros a sanar espiritualmente a través de su descubrimiento del Principio divino y demostrable que fue la base de las obras sanadoras de Jesús.

Por supuesto, la Biblia hacía siglos que existía, pero la Sra. Eddy encontró en ella una realidad perdurable que siempre había estado presente. Más allá de los puntos de vista tradicionales acerca de Dios, ella encontró que Él es Todo, la única sustancia, Vida e inteligencia reales y permanentes. Esto no era panteísmo; ella no veía a Dios, el Espíritu infinito, expresándose en el Espíritu o por medio del opuesto del Espíritu, la materia. Ella vio que el Espíritu se expresaba solo a través de ideas espirituales. 

Dentro de esta realidad espiritual hay un concepto de la individualidad que está por encima de lo que normalmente vemos como materia. Cada uno de nosotros es una manifestación, o expresión única, de los atributos eternos del Espíritu, tal como la inteligencia, la fortaleza y el amor. Cuando comprendes este concepto de identidad, cambia la forma en que piensas de ti mismo y cómo enfrentas la enfermedad. Te das cuenta de que, en vez de ser una realidad temible y aparentemente ineludible, la enfermedad es algo que podemos superar mediante la ayuda divina, al entender que nunca cambia realmente quiénes somos o nuestra perfección en la Mente infinita que es Dios. 

Comprender esta realidad espiritual fortalece el tono de nuestra forma de pensar, y nos sentimos alentados, autorizados, a desafiar y superar la enfermedad como lo hizo Cristo Jesús.

He aquí un ejemplo. Hace algunos años, estando de vacaciones en España, mi esposa y yo experimentamos graves síntomas de gripe. Pero una amiga, con quien compartíamos nuestro alojamiento y es Científica Cristiana, demostró fortaleza al comprender que efectivamente estamos autorizados a detener la enfermedad, incluso una contagiosa. Aunque no dijo nada, fue como si ella hubiera levantado la mano mentalmente y dicho “¡Alto!”, a toda impresión de enfermedad; como si hubiera desafiado el pensamiento de que sus amigos estaban mal a una pulseada y bajado con un duro golpe la mano de su oponente al salir victoriosa. En menos de 24 horas, mi esposa y yo estábamos libres de los síntomas, y los tres disfrutamos de momentos memorables. 

En el libro principal de la Sra. Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, hay un pasaje que explica lo que nuestra amiga estuvo haciendo en cuanto a la oración: “Sé el portero a la puerta del pensamiento. Admitiendo sólo las conclusiones que deseas que se realicen en resultados corporales, te controlarás armoniosamente a ti mismo. Cuando esté presente la condición que tú dices induce la enfermedad, ya sea aire, ejercicio, herencia, contagio o accidente, desempeña entonces tu oficio de portero y deja afuera estos pensamientos y temores malsanos. Excluye de la mente mortal los errores nocivos; entonces el cuerpo no puede sufrir a causa de ellos. Lo concerniente al dolor o al placer tiene que venir por medio de la mente, y como un vigilante que abandona su puesto, admitimos la creencia intrusa, olvidando que mediante la ayuda divina podemos prohibir esta entrada” (pág. 392).

En vez de ser una realidad temible, aparentemente ineludible, la enfermedad es algo que podemos superar mediante la ayuda divina.

Para mí, lo que se destaca en este pasaje es la frase “ayuda divina” en esa última frase. Estar a la puerta del pensamiento no es un esfuerzo humano solo para pensar que estamos bien, sino una protesta propia del Cristo, divinamente autorizada contra el sufrimiento humano y que no puede provenir de un Dios del todo amoroso ni existir en la Mente que es solo buena. Es un reconocimiento humilde, devoto y espiritualmente intuitivo de la ilegitimidad de la enfermedad, basado en la naturaleza de Dios. Dado que la Mente única solo crea el bien, y nos crea para que experimentemos sólo el bien, la enfermedad no es normal, natural ni inevitable. Al reconocer esto, podemos eliminar progresivamente la enfermedad del pensamiento y la experiencia, como hizo mi amiga por mi esposa y por mí.

La Biblia muestra que Jesús, el ejemplo perfecto de cómo vivir para la gloria de Dios, fue un sanador eficaz. Envió a sus seguidores a sanar y compartió con ellos ideas útiles para hacerlos mejores sanadores. Por ejemplo, dijo: “Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa” (Marcos 3:27).

Al comentar acerca de este pasaje, la Sra. Eddy escribe: “Nuestro Maestro preguntó: “¿Cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata?” En otras palabras: ¿Cómo puedo sanar el cuerpo sin empezar con la así llamada mente mortal, que controla directamente el cuerpo? Una vez destruida la enfermedad en esta así llamada mente, el temor a la enfermedad desaparece, y por consiguiente, la enfermedad es sanada por completo” (Ciencia y Salud, págs. 399-400).

No tenemos que aceptar que la enfermedad es inevitable para nosotros, nuestras familias o nuestro mundo.

La Sra. Eddy acuñó el término mente mortal para describir la forma de pensar materialista que consciente o inconscientemente, y generalmente por ignorancia, se opone al bien a través de creencias y percepciones limitadas. El antídoto contra la mente mortal es la Mente inmortal, la Mente puramente buena y omnipotente que es Dios y que calma y destruye el temor y la enfermedad. Y aunque, frente a una pandemia mundial, quizás debamos ser valientes y persistir en saber y sentir que realmente hay una sola Mente gobernante, esta es, de hecho, la solución.

No tenemos que aceptar que la enfermedad es inevitable para nosotros, nuestras familias o nuestro mundo. Por medio de la comprensión de la supremacía de Dios y nuestro derecho divino de vencer la enfermedad, incluida esta pandemia, podemos probar cuán auténtica y correcta es la armonía —ciertamente, su auténtica y omnipotente realidad— incluidas la salud y la santidad. De esta manera, podemos contribuir a los numerosos y valientes esfuerzos que se están haciendo alrededor del mundo para detener este contagio.

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— Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea pág. 353

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