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Del número de agosto de 2018 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 25 de junio de 2018 como original para la Web.


¿Qué pasaría si fueras a una entrevista de trabajo sabiendo que ya eres un empleado valioso con un potencial y talento ilimitados, y que ya tienes el mejor trabajo que podrías tener, así como los recursos infinitos a tu disposición y todos los beneficios que uno necesita para tener éxito y sentirse seguro?

A menudo se piensa tradicionalmente que Dios es nuestro verdadero Padre. Mary Baker Eddy, la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, pone el mismo énfasis en la maternidad de Dios refiriéndose a Dios como Padre-Madre, así como “nuestro Ministro y el gran Médico” (Escritos Misceláneos 1883–1896, pág. 151).

Pero ¿con cuánta frecuencia pensamos en Dios también como el gran empleador?

Mediante mi estudio de la Ciencia Cristiana he aprendido que Dios es la fuente de todo el bien, y está continuamente “empleándonos” para que expresemos Sus cualidades, tales como inteligencia, creatividad, flexibilidad, felicidad, generosidad, integración, y así sucesivamente. Todos poseemos estas cualidades porque somos el reflejo de nuestro Padre-Madre Dios y las expresamos cada uno de una manera única y propia. Dios nos provee del desbordante flujo de infinitos beneficios —como son amor, salud, vida eterna e ideas divinas— que constituyen nuestra provisión diaria ilimitada.

¿Quién podría pedir un trabajo más seguro y mejor que aquel que jamás podemos perder?

Hace años, tuve la oportunidad de pensar más profundamente en Dios como empleador después de que terminé mis estudios avanzados y estuve buscando empleo. Al no lograr encontrar un puesto ejecutivo a nivel básico a través de los esfuerzos tradicionales, acepté un puesto que me pareció inferior. Fue allí donde aprendí algunas lecciones necesarias sobre la humildad, y no mucho después encontré un puesto abierto en otra ciudad que parecía ser perfecto para mí.

Me presenté y fui aceptado para una entrevista. Quería estar mentalmente bien preparado, y llamé a un practicista de la Ciencia Cristiana para que me apoyara. Un practicista se dedica totalmente a ayudar a otros a recuperar la salud y liberarse de las creencias limitantes por medio de la oración como enseña la Ciencia Cristiana.

 ¿Con cuánta frecuencia pensamos en Dios como el gran empleador?

A medida que el practicista y yo orábamos, entendí claramente que mi enfoque al ir a la entrevista debía estar en lo que yo podía contribuir —en las cualidades espirituales que expresaba y que beneficiarían a la compañía— en lugar de centrarme en lo que podía obtener en forma de salario y beneficios. Abracé esta guía divina de todo corazón. Recuerdo que sentado en el avión de camino a la entrevista, empecé a hacer una lista de las cualidades que aportaría al nuevo trabajo. Fue un ejercicio divertido el hecho de pensar en dar en lugar de recibir, y estas son algunas de las cualidades que escribí: entusiasmo, lealtad, dedicación, confiabilidad, cortesía y sentido del humor. Para cuando terminé, me sentí totalmente en paz respecto a la entrevista.

Esto hizo que la misma fuera una experiencia alegre. No estuve nervioso de ninguna manera, a pesar de un pequeño contratiempo: accidentalmente tiré al suelo alfombrado un tarro de dulces envueltos del escritorio de la entrevistadora, derramando todo el contenido. Si hubiera estado nervioso por la entrevista, esto me habría perturbado y avergonzado. En cambio, me incliné, rápidamente recogí los dulces y los puse de nuevo en el tarro, y continué con la entrevista.

Me contrataron, y fue un primer paso perfecto en lo que ha sido una carrera muy gratificante.

Recientemente, encontré en el fondo de un portafolio viejo la lista que había hecho en el avión, y me hizo pensar en las entrevistas desde una perspectiva diferente. Me di cuenta de que ya sea que estemos buscando empleo o no, siempre podemos “entrevistarnos” con nuestro empleador divino. Es decir, tenemos la oportunidad en cualquier momento de estar en comunión con Dios, la Mente divina, y estar atentos para escuchar Su guía. A diferencia de cualquier otro empleador, nuestro Dios está siempre disponible, listo para escucharnos y responder a nuestras oraciones. Lo grandioso es que no necesitamos decirle nada a Dios porque, por ser la Mente divina, Él ya lo sabe todo, incluso cuáles son nuestros talentos y habilidades. Bajo la dirección infalible de la Mente divina, siempre somos ubicados donde estos talentos y habilidades pueden ser reconocidos y utilizados de la mejor manera. Al estar gobernados por Su ley, la ley del Amor, los hijos de Dios nunca están fuera de su lugar correcto, o sin un lugar.

Cristo Jesús aconseja: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Y en la epístola de Santiago leemos: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (4:8). Yo conocía bien estos dos versículos de la Biblia, pero adquirieron un nuevo significado cuando los consideré con relación a una carrera.

A veces nos sentimos atrapados al pensar en las promociones y el progreso, pero estos pasajes nos aseguran que cuando ponemos a Dios primero en nuestra vida y anhelamos comprenderlo, el resto se manifiesta, y tenemos todo lo que necesitamos y merecemos. Al acercarnos más a Dios procurando hacer Su voluntad, sentimos Su presencia y llegamos a saber que Él es un empleador generoso y afectuoso.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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