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Original Web

Libres para amar a Dios

Del número de junio de 2019 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 16 de abril de 2019 como original para la Web.


En la versión King James, así como en otras traducciones de la Biblia, la palabra temor se usa con frecuencia para describir cómo deben los adoradores manifestar su reverencia a Dios. Por ejemplo, este mandato parece claro: “Y ahora, Israel, ¿qué requiere de ti el Señor tu Dios, sino que temas al Señor tu Dios, que andes en todos sus caminos, que le ames y que sirvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?” (Deuteronomio 10:12, LBLA). La gente familiarizada con la Biblia King James está acostumbrada a esos usos de la palabra temor que hacen referencia al respeto, honor, admiración y amor, cuando leen pasajes como este.

Por supuesto, hoy en día la mayoría de nosotros piensa que temor significa sentir miedo. Mary Baker Eddy, la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, escribe en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “Siempre comienza tu tratamiento apaciguando el temor de los pacientes. … Si logras eliminar el temor por completo, tu paciente es sanado” (págs. 411–412). 

Tuve una experiencia que me abrió los ojos respecto a la importancia de eliminar este tipo de temor. Recientemente, estaba corriendo cuando sentí un dolor muy fuerte en una rodilla, pero realmente no tuve miedo; solo dolor. Estaba molesto y enfadado porque este problema era crónico. Oré, mientras continuaba corriendo, y mis oraciones me guiaron a pensar en la naturaleza perfecta de Dios y a adorarlo. No necesitaba pasar un tiempo evaluando esa adoración y considerando lo que me decían los sentidos físicos, sino simplemente dar a Dios mi amor y mi atención de todo corazón y sin reserva alguna. El cambio fue inmediato. Cuando me entregué de lleno a adorar y a amar a Dios por completo mientras corría, el dolor desapareció totalmente y terminé la carrera con gran alegría. Y estoy agradecido porque el dolor, que por varios años había sido un compañero indeseable pero constante cada vez que corría y después de hacerlo, no ha vuelto a ser un problema en ninguna de mis carreras desde entonces. He sanado.

Al pensar detenidamente en esa experiencia, me impactó ese concepto bíblico del temor como adoración. Me di cuenta de que, en este sentido, si bien no había tenido miedo durante ese incidente, ciertamente había estado “temiendo” el informe de los sentidos físicos, y en la proporción en que hacía esto, no estaba “temiendo” a Dios de la forma en que la Biblia nos manda temer —adorar y admirar— solo a Dios.

Somos libres para “temer” —para amar verdaderamente— a Dios. ¡Y Dios nos ama siempre!

¡Ah! De manera que, al reconsiderar la directiva de la Sra. Eddy de comenzar el tratamiento calmando el temor de los pacientes, me di cuenta de que eso no significa diagnosticar un problema o acusarnos a nosotros mismos o al paciente de tener miedo. Más bien, estamos realmente aclarando para nosotros mismos y los demás nuestro derecho innato de elegir dónde descansan nuestros pensamientos: ¿Descansan en lo que nos informan los sentidos materiales, o en los informes espirituales del Amor divino, Dios?

Los sentidos materiales nos proporcionan muchos informes durante el día y tal vez tengamos la tendencia a evaluar cómo nos va basándonos en esa información. Pero ¿no están esos sentidos materiales en realidad desviando nuestra atención y adoración del reconocimiento de Dios como nuestro único proveedor de todo lo que necesitamos saber? No tenemos que aceptar los problemas que nos informan los sentidos materiales como si fueran reales para luego tratar de arreglarlos. En cambio, podemos dirigir con alegría toda nuestra adoración y atención directamente a Dios, el Espíritu, y ver más claramente cómo el Espíritu hizo y mantiene su creación.

 En Ciencia y Salud, la Sra. Eddy responde la pregunta: “¿Cuál es la declaración científica del ser?” (pág. 468). Algo que me encanta de esto es que ¡no es la declaración científica del llegar a ser! No es una guía sobre cómo “mejorar”. Es una declaración de lo que es. Como parte de la respuesta a esta pregunta, la Sra. Eddy escribió: “Todo es la Mente infinita y su manifestación infinita, pues Dios es Todo-en-todo”. Para mí, esta declaración se relaciona directamente con el Primer Mandamiento en la Biblia, el cual afirma: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). El Primer Mandamiento nos ordena tener un solo y único Dios: únicamente adorar y amar al Espíritu y confiar en él. No existe otro poder verdadero.

Pero ¿qué podemos decir de aquellos otros “poderes” que parecen existir? ¿Es que se supone que debemos ignorar los sentidos materiales? En mi experiencia con la rodilla, era imposible ignorar el dolor. Del mismo modo, pedirle a alguien que está pasando física o emocionalmente por una situación dolorosa que simplemente la ignore sería cruel e indiferente, cualidades que no promueven la curación. Pero hay una diferencia entre ignorar un problema y ejercer tu derecho a decidir voluntaria, activa e incondicionalmente, dónde centrar tu atención, tu adoración. Tenemos derecho a experimentar el fruto de esta promesa maravillosa implícita en toda la Biblia y aclarada aquí por la Sra. Eddy: “El hombre nació libre: no es ni el esclavo de los sentidos ni un tonto que se deja llevar por los llamados placeres y dolores de la materia autoconsciente. El hombre es la imagen y semejanza de Dios; todo lo que es posible para Dios, es posible para el hombre como reflejo de Dios” (Escritos Misceláneos 1883–1896, pág. 183).

No estamos esclavizados por los informes de temor, dolor ni somos tentados a pecar. Sí, nuestra vida diaria parece estar bastante llena de informes de que es así exactamente como somos todos. Pero el tenor de las palabras que concluyen el libro de Judas, en el Nuevo Testamento, nos da la promesa y el cumplimiento presente del amor de Dios por nosotros, y cómo experimentar ese amor más plenamente: “A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría, al Dios solo sabio, nuestro Salvador, sea gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora y en todos los siglos” (1:24, 25).

Al volver nuestra atención a Dios —quien nos cuida y nos presenta en Su gloria y luz radiantes— encontramos nuestra liberación de las influencias desemejantes a Dios. Somos libres para “temer” —para amar verdaderamente— a Dios. ¡Y Dios nos ama siempre!

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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