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Curación de síntomas de polio

Del número de mayo de 2018 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Mi madre fue criada en la Ciencia Cristiana, y en mi niñez asistí a una Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana. Sin embargo, no la hice “mía” hasta que fui una joven adulta.

Un día estaba jugando bridge, cuando en la conversación surgió el tema de que una amiga había sido diagnosticada con polio. En aquella época, hace décadas, la polio era un tema común porque se había diseminado de tal manera que alcanzó proporciones epidémicas. Poco después, empecé a manifestar todos los síntomas de la enfermedad.

Muy pronto me di cuenta de que la Ciencia Cristiana me había dado todas las herramientas que necesitaba para sanar de esta enfermedad. Me vino este pensamiento de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy: “La Mente es la fuente de todo movimiento, y no hay inercia que retarde o detenga su acción perpetua y armoniosa” (pág. 283). Comprendí que todo movimiento proviene de la Mente divina, Dios, y que, por ser una idea de esa misma Mente, mi expresión del bien nunca podía ser paralizada.

Después, encontré un pasaje que sigue a esa declaración, y dice: “La materia y sus efectos —el pecado, la enfermedad y la muerte — son estados de la mente mortal que accionan, reaccionan y luego se detienen. No son realidades de la Mente. No son ideas, sino ilusiones. El Principio es absoluto. No admite ningún error, sino que se basa en la comprensión” (pág. 283).

Me aferraba a estas verdades espirituales cada vez que los síntomas trataban de distraerme de mi oración. También le pedí a una practicista de la Ciencia Cristiana que orara por mí. La practicista señaló que no solo necesitaba orar por mí misma, sino para que el mundo fuera liberado de la imposición de esta enfermedad. Ella me hizo comprender que no era suficiente afirmar que esa enfermedad era irreal para mí, sino que debía contribuir y orar totalmente de esta manera para liberar a otros en el mundo de la creencia de que esta o cualquier enfermedad pudiera ser real para cualquier persona.

Nuestras oraciones y afirmaciones de la bondad infinita de Dios y de que Él imparte universalmente la salud, beneficia a todos los pueblos del mundo. La Sra. Eddy lo describe de la siguiente forma: “Al igual que la levadura que tomó una mujer y la encubrió en tres medidas de harina, la Ciencia de Dios y la idea espiritual, denominada en este siglo Ciencia Cristiana, está leudando la masa del pensamiento humano, hasta que toda la masa sea leudada y desaparezca todo materialismo” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 166).

A medida que continué negando que esta enfermedad pudiera ser una realidad para alguien, también percibí que podía liberarme de ella. Me volví más consciente de que yo era una idea espiritual cuyas acciones no podían ser restringidas, como tampoco era un ser material limitado por un cuerpo material. En pocos días, se completó la curación. Esto ocurrió hace décadas. 

Estoy agradecida por una vida que ha estado llena de salud y armonía como resultado del estudio de la Ciencia Cristiana, y por mis padres, que alentaron y apoyaron este estudio. Mi matrimonio, mis hijos y mi carrera han sido bendecidos por las verdades espirituales que nos enseñan la Biblia y los escritos de la Sra. Eddy.

Patricia Robertson
Princeton, Nueva Jersey, EE.UU.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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