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Una copa de “aceite y vino sanador”

Del número de mayo de 1974 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


La Ciencia Cristiana alimenta el hambre del corazón humano presentando al mundo el mensaje sanador del Cristo, el ideal de Dios. Por medio de las bondadosas ministraciones del Cristo, la Verdad, siempre activo en la consciencia humana, los individuos y las naciones están despertando a la comprensión de su necesidad de lo que es espiritualmente bueno y permanente. La humanidad está haciendo esfuerzos en busca de algo que sane las heridas que se ha infligido a sí misma.

Los sistemas materiales no pueden proporcionar este elemento sanador porque todos operan desde la base de la falible mente humana, que es limitada y finita. La Ciencia Cristiana, sin embargo, que presenta la verdad de la única y omnisuficiente Mente divina infinita y del hombre como la idea perfecta de la Mente, satisface la necesidad humana. Esta verdad cura todos los males; ajusta las relaciones discordantes; mejora nuestro concepto de los negocios, del empleo y de la provisión; venda a los quebrantados de corazón; y sana al débil, al pecador y al desalentado.

Muchos de nosotros que hemos aplicado la Ciencia Cristiana a los diversos aspectos de la experiencia humana con resultados de curación, hemos sido abundantemente bendecidos. Estamos convencidos de que esta Ciencia es la perla preciosa y de que, si se la demuestra con fidelidad, sanará todos los problemas. Pero si queremos obedecer una de las reglas fundamentales del cristianismo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, Mateo 22:39; debemos demostrar, cada vez en mayor medida, la oportunidad de compartir la Ciencia Cristiana con nuestro prójimo, mediante la distribución de literatura y de otras actividades de la iglesia. Podríamos comparar nuestros esfuerzos a este respecto con el gesto de verter una copa de “aceite y vino sanador” en el pensamiento del mundo. Estas palabras son tomadas del Himno No. 259 del Christian Science Hymnal, (Himnario de la Ciencia Cristiana):

Aceite y vino sanador,
es copa de consagración;
te place más a ti, Señor,
que arrodillarse en devoción.

En Ciencia y Salud la Sra. Eddy escribe así de Cristo Jesús: “Lo que inspiró el intenso sacrificio humano de Jesús, fué su deseo de derramar con liberalidad sus riquezas espirituales, tan caramente adquiridas, en los graneros humanos, vacíos o llenos de pecado. En testimonio de su misión divina, él presentó la prueba de que la Vida, la Verdad y el Amor sanan al enfermo y al pecador y triunfan sobre la muerte por medio de la Mente, y no la materia”.Ciencia y Salud, pág. 54; La Sra. Eddy, Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, se esforzó por seguir el ejemplo del Maestro. Ella también hizo lo posible por derramar abundantemente “sus riquezas espirituales, tan caramente adquiridas, en los graneros humanos, vacíos o llenos de pecado”. En testimonio de su propia y singular misión, la Sra. Eddy presentó muchas pruebas “de que la Vida, la Verdad y el Amor sanan al enfermo y al pecador”.

La Sra. Eddy fundó las publicaciones periódicas porque comprendió cuán importante era satisfacer la necesidad que el género humano tiene de una mejor comprensión de Dios y Su Cristo. En el Manual de La Iglesia Madre, la Sra. Eddy se refiere a las publicaciones periódicas como los órganos de La Iglesia Madre (ver el Manual, Art. VIII, Sección 14). Todos sabemos cuán vitales son los órganos físicos para el funcionamiento del cuerpo humano; del mismo modo, nuestras publicaciones periódicas desempeñan funciones vitales en la Iglesia. Cada órgano cumple una función que es tan esencial como singular. Pablo dijo: “El cuerpo no es un solo miembro, sino muchos ... Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros”. 1 Cor. 12:14, 17–21;

Esto ilustra cuán vital es cada una de las publicaciones periódicas que la Sra. Eddy fundó en el plan de Dios para la salvación de la humanidad. El The Christian Science Journal no puede cumplir la función del Heraldo y viceversa. El The Christian Science Monitor no puede cumplir la función del Christian Science Sentinel y viceversa. Cada publicación periódica tiene una misión específica. La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. Ver The First Church of Christ, Scientist, and Miscellany, pág. 353; El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”. Apoc. 22:2;

Como una infatigable trabajadora en la viña del Padre, la Sra. Eddy percibió que los corazones receptivos de todo el mundo anhelaban la Verdad. Durante muchos años trabajó en pro de la promoción, el éxito y la aceptación universales de la Ciencia Cristiana. Que estaba profundamente interesada en el bienestar de todos en todas partes y siempre dispuesta a derramar una copa de “aceite y vino sanador” en el pensamiento del mundo, se pone de manifiesto en estas palabras suyas: “Desde el interior de África hasta los confines más remotos de la tierra, los enfermos y los corazones hambrientos o que anhelan el cielo me están pidiendo ayuda y yo los estoy ayudando”.Miscellany, pág. 147; El amor universal de la Sra. Eddy por la humanidad está encontrando ahora una manifestación muy concreta en la publicación del Heraldo en sus diversas ediciones tanto como en otra literatura de la Ciencia Cristiana en varios idiomas de África y Asia.

La Sra. Eddy enseñó a sus seguidores a orar cada día por sí mismos y por la humanidad. Ver Man., Art. VIII, Sec. 4; Además, nos ha provisto en los canales de la organización de La Iglesia Madre, abundantes medios para seguir el camino del Amor universal en nuestros esfuerzos por llevar el mensaje sanador del Cristo, la Verdad, a toda la humanidad. Nuestra Lección-Sermón en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana, nuestras publicaciones periódicas, nuestras conferencias y, en efecto, todas las actividades provistas en el Manual y que realizan La Iglesia Madre y sus filiales en todo el mundo, tienen por objeto probar la verdad de las palabras de la Sra. Eddy: “El Amor universal es el camino divino en la Ciencia Cristiana”.Ciencia y Salud, pág. 266; Por estos medios Dios está llevando a cabo Su propósito y nos está capacitando para proclamar ante el mundo “la actividad y disponibilidad universales de la Verdad”.

A muchos Científicos Cristianos que hoy son miembros de la iglesia les fue presentada esta religión sanadora por medio de un ejemplar del Journal, del Sentinel o del Heraldo en una de sus varias ediciones. En efecto, así ocurrió conmigo. Se me dio un ejemplar del Heraldo (edición alemana), en un momento en que tenía hambre y sed de Verdad. ¡Qué maravillosa revelación de la bondad y del amor de Dios, de Su unidad y totalidad, me trajo! Mi interés en las citaciones del libro de texto que figuraban en el Heraldo me llevó a obtener un ejemplar de Ciencia y Salud. Mediante la lectura del capítulo sobre la oración tuve una curación instantánea de una dolencia que me había aquejado por muchos años. Esta presentación de la Ciencia por medio de un ejemplar del Heraldo literalmente transformó mi vida entera, y yo sé que lo que fue posible en mi experiencia es posible también para muchos otros buscadores si nosotros, como devotos seguidores de nuestra Guía, tenemos suficiente amor por la humanidad como para orar cada día a fin de ser guiados divinamente a discernir el pensamiento sin prejuicio, el verdadero buscador de la Verdad, y esforzarnos para llegar a él.

Mientras emprendemos nuestras actividades cotidianas recordemos que la humanidad tiene gran necesidad de las enseñanzas de la Ciencia Cristiana. Y nada promueve más eficazmente nuestra Causa que nuestro vivir y demostrar la Verdad en nuestra vida diaria. Velemos porque nuestra copa de “aceite y vino sanador” esté siempre llena. Y no sintamos temor de que se derrame, porque “donde el caudal su curso halló bondad y paz allí nació”.Himnario, No. 259.

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La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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