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Buenas noticias

Comparte el poder sanador de la Ciencia Cristiana con entusiasmo

Del número de agosto de 2019 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 28 de mayo de 2019 como original para la Web.


Recientemente, en una reunión de testimonios de una organización de la Ciencia Cristiana, escuché a un hombre decir: “Si tienes miedo o no estás seguro de compartir el poder sanador de la Ciencia Cristiana, debes saber que mi vida era mucho más difícil antes de conocer la Ciencia Cristiana”. Ciertamente, esto se parece mucho a lo que yo siento de mi propia vida, después de haber pasado muchos años deambulando por el desierto de las creencias humanas en busca de respuestas e inspiración divina. Recurría a cualquier cosa y a todo para encontrar el profundo sentimiento de paz y amor que tanto anhelaba. Estaba buscando curación en muchos aspectos de mi vida. 

Entonces una amiga me guió amablemente a considerar las verdades sanadoras que presenta la Biblia. Esto con el tiempo me hizo volver a los escritos de Mary Baker Eddy, la pensadora pionera que descubrió la Ciencia Cristiana. Esta Ciencia está basada en las enseñanzas y obras sanadoras de Cristo Jesús, y mi familia se había apoyado en ella por generaciones, pero yo la había descartado hasta ese momento.

Desde entonces, he tenido incontables curaciones poderosas por medio del estudio y la aplicación de esta Ciencia, entre ellas, depresión, fuertes dolores de cabeza, huesos rotos, y más. A menudo he compartido el texto primordial de la Sra. Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, porque he sanado al leer y estudiar las verdades que contiene, incluso la verdad de que soy la hija entrañablemente amada de Dios, creada sana y completa a Su imagen y semejanza. ¿Por qué no habría de compartir el libro que me ha traído tal transformación y curación?

 Hace poco tuve la oportunidad de compartir Ciencia y Salud un par de veces mientras viajaba. Es más fácil compartir la Ciencia Cristiana cuando uno la vive, la ama y reconoce que hay gente buscando curación en todas partes. Este fue el caso cuando estaba guiando a un grupo de Científicos Cristianos en un viaje de estudios universitarios en el exterior a Nueva Zelanda. Algunas de las mejores partes del viaje fueron las numerosas pruebas del cuidado y protección de Dios por nuestro grupo, y las diversas oportunidades de compartir la Ciencia Cristiana con otras personas. 

En nuestro viaje destacamos la idea de ser una bendición dondequiera que fuéramos; como declara Ciencia y Salud: “…lo que bendice a uno bendice a todos…” (pág. 206). Comenzamos con un programa de inmersión cultural con una tribu maorí, nativos de Nueva Zelanda, en la Isla del Norte. Antes del viaje al exterior, había conocido a nuestro anfitrión, y había tenido largas conversaciones sobre la Ciencia Cristiana mientras viajaba al marae de su tribu, un centro comunitario maorí. Él dijo que la gente de su comunidad necesitaba mucho la curación debido a los numerosos desafíos a nivel de la salud, económicos y sociales que enfrentaban. Dado el gran interés que tenía en aprender más acerca de la curación en la Ciencia Cristiana, le di un Ciencia y Salud. Le indiqué el último capítulo del libro, “Los frutos”, porque está lleno de testimonios de curaciones que se produjeron con la simple lectura del libro. Nos mantuvimos en contacto, y pude responder a sus preguntas. Él estaba sumamente interesado en el primer capítulo, “La oración”.

Para cuando los estudiantes conocieron al anfitrión meses después, él había leído algunos capítulos de Ciencia y Salud, y cada vez que presentaba a nuestro grupo a miembros de su comunidad, mencionaba que éramos un grupo de Científicos Cristianos. Comentaba que hubo una vez una mujer maravillosa que fundó nuestra religión, y que la curación que practicamos está basada en la comprensión de la Verdad, la Vida y el Amor. Celebrábamos nuestros servicios religiosos en la marae, y los miembros de la comunidad se unían a nosotros. Mientras leían la Lección Bíblica del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana, mostraban señales de aprobación, y hacían comentarios como: “¡Oh, eso es poderoso!” Uno de ellos mencionó cuánto apreciaba la naturaleza inspirada de la interpretación espiritual del Padre Nuestro que hizo la Sra. Eddy (véase Ciencia y Salud, págs. 16-17).

Además, en mi viaje de preparación, había conocido a una mujer cuya familia maorí fue después nuestra anfitriona en la Isla del Sur. Ella era una cristiana devota y sincera buscadora de la verdad, y terminamos hablando acerca de la vida, la espiritualidad, la familia y la oración. Las dos comentamos acerca de qué tipo de oraciones nos ayudaban cuando enfrentábamos problemas, y le conté algunas de las curaciones que yo había tenido. Cuando regresé con los estudiantes, me sentí guiada a darle mi ejemplar de Ciencia y Salud el último día que estuvimos en la marae. Ella lo aceptó con mucho gusto, y dijo que tenía gran interés en leerlo. 

El último día de nuestro viaje de campamento de seis días, hice una caminata con uno de nuestros guías, que se había convertido en una buena amiga. Ella y el otro guía habían participado de las sesiones de gratitud que hacíamos por la noche durante la caminata. Habían visto que los estudiantes y yo realmente vivimos la Ciencia Cristiana cada día de nuestra rigurosa caminata por la montaña, y nos escucharon expresar gratitud por Dios y por nuestro equipo por el apoyo que nos brindábamos unos a otros en los numerosos desafíos que enfrentamos, desde temor a las alturas, distensión muscular y dificultades para respirar, hasta dedos de los pies rotos. El otro guía comentó que parecía que nada podía empañar el ánimo de los estudiantes durante la caminata: ni la lluvia ni el granizo ni las poderosas ráfagas de viento.

Durante las pocas horas que caminamos juntas, mi amiga me hizo muchas preguntas sobre la Ciencia Cristiana y la curación. Como ella había participado en nuestras sesiones de gratitud, me sentí guiada a explicarle cómo la gratitud —alabar y reconocer la bondad de Dios— cumple una función importante en la curación. Le conté que cuando era niña y no me sentía bien, a menudo le pedía a mi abuela que me apoyara con la oración. Además de compartir verdades acerca de mi identidad perfecta, sana y completa como hija de Dios, mi abuela me decía que me sentara y escribiera una lista de 100 cosas por las que estaba agradecida. Expresar gratitud eleva nuestro pensamiento para que reconozca aún más todo el bien que Dios nos ha dado en la vida. Esto contribuye a mover el pensamiento por encima de la discordia, la enfermedad o la falta de armonía, y trae un sentimiento de alegría y paz, lo que nos ayuda a sentir la presencia del Amor divino que sana.

Bueno, mi amiga aplicó este concepto al día siguiente con su hija durante una llamada por Skype. La joven estaba enojada y llorando, y mi amiga le sugirió que juntas expresaran gratitud, como los estudiantes de nuestro viaje. Después de unos pocos minutos de hacerlo, su hija estaba de buen humor y llena de alegría y riéndose nuevamente. Mi amiga le contó esto a nuestro grupo, y los estudiantes y yo estábamos encantados.

Terminamos nuestro viaje donde comenzamos. De regreso en la Isla del Norte, la comunidad había estado al tanto de nuestro viaje a través de los medios sociales, y dijeron que ellos también habían estado orando por nosotros todo el tiempo. Se sentían agradecidos por saber que sus oraciones habían dado fruto, ya que estuvimos muy bien protegidos en cada lugar donde fuimos durante el viaje. Habían notado que siempre que había mal tiempo, nos salvábamos de lo peor de las tormentas. En un caso, un ciclón se contuvo durante un día, lo que permitió que tuviéramos la travesía más tranquila que muchos hayan tenido en un barco. 

Estas experiencias me hicieron comprender que la gente alrededor del mundo está buscando un sentimiento más profundo de paz y seguridad, una experiencia más constante de salud e integridad, y un sentido de amor que nos envuelva siempre. Estoy muy agradecida por estas experiencias de compartir la Ciencia Cristiana, porque me han ayudado a profundizar mi comprensión del amor de Dios por todos Sus hijos. El poder sanador del Amor verdaderamente está al alcance de todos, así que ¿cómo no vas a querer compartir con los demás esta dulce bendición?

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La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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