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Original Web

Responde a las noticias de manera productiva, no con temor

Del número de agosto de 2020 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 28 de mayo de 2020 como original para la Web.


A menudo, cuando manejo el auto o cocino, me gusta la compañía de las voces tan conocidas de mis programas de noticias preferidos; me mantienen informada ya sea que esté atascada en medio del tránsito o cortando tomates. Sin embargo, últimamente me resulta menos placentero escucharlas porque parece como si el tema principal fuera cómo podría pescarme el coronavirus si salgo de mi casa. Quizá se llegue a la conclusión de que no hay seguridad en ningún lado, y es comprensible que en estos momentos la ansiedad en el aire parezca tan densa como la contaminación durante la hora pico.

Aprecio que los medios hablen sobre lo que está sucediendo, pues ayuda a combatir la divulgación de teorías erróneas e historias falsas. Es responsable tener información precisa acerca de la situación actual. Debemos elogiar a los reporteros que hacen su trabajo en condiciones tan alarmantes. Pero también es de suma importancia decidir cómo vamos a utilizar o responder a la gama tan amplia de información.

Mary Baker Eddy, quien descubrió la Ciencia Cristiana en el siglo XIX, tenía un profundo respeto por la función de los medios de comunicación, así como experiencia directa con sus complejas características. En una oportunidad ella escribió: “Al hojear los periódicos del día, es natural que uno reflexione que es peligroso vivir, pues el aire mismo parece estar tan cargado de enfermedades. Estas descripciones infunden en muchas mentes temores que, en alguna época futura, se exteriorizarán en el cuerpo” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 7).

Pienso que no ayuda dejarse llevar por el temor generalizado. Permitir que nos guíen las emociones puede llevarnos a hacer cosas insensatas.

Hace poco, en un momento en que me sentía abrumada por el torrente de cobertura del coronavirus, me pregunté: “¿Qué diría Jesús de todo esto?”. Recordé una instrucción que les dio a sus discípulos en un momento dado al hablarles acerca del futuro: “No se dejen llevar por el pánico” (Mateo 24:6, NTV). Él no estaba diciendo que nunca surgirían problemas. Pero todo su ministerio mostró que podemos confiar plenamente en Dios, el Amor infinito mismo, para que nos proteja.

 Cuando volvemos nuestro pensamiento a la presencia de Dios y Su bondad pura, esto disuelve el temor que pueda abrumarnos. La Biblia dice que el Amor destruye el temor (véase 1 Juan 4:18). Este Amor divino es más profundo que el amor humano y emocional. Es sólido, infinito, espiritual y se expresa en todos los hijos de Dios, lo que nos incluye a cada uno de nosotros. Esta presencia es tan poderosa, su tierno cuidado tan universal, que podemos confiar y apoyarnos en ella a cada momento, sin importar lo que estemos enfrentando. 

Cuando dejamos que este Amor divino nos guíe, en lugar de ceder al pánico o la ansiedad, contribuimos a la atmósfera mental general de paz y tranquilidad que viene cuando discernimos la supremacía de Dios. Su poder es una fuerza para el bien –de hecho, la única fuerza legítima del universo– y el Espíritu divino, o Amor, es omnipotente y supremamente confiable bajo toda circunstancia. Podemos sentirlo cuando optamos por escuchar los pensamientos productivos, claros y tranquilos que Dios nos envía a cada momento, en lugar de dejarnos llevar por la tendencia a reaccionar exageradamente o permitir ser arrastrados por la preocupación y esperando el mal. Entregarse a esos sentimientos improductivos puede contribuir a que nuestro pensamiento se desvíe por un camino nocivo.

En su libro Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, la Sra. Eddy escribió acerca de la forma de contrarrestar las insalubres atmósferas del pensamiento: “La Verdad y el Amor son un antídoto contra este miasma mental, y así vigorizan y sostienen la existencia” (pág. 274).

Aunque continúo sintonizando las noticias para mantenerme informada, estas ideas me han ayudado a responder más productivamente. En los momentos tranquilos entre cada reporte, encuentro paz y fortaleza al reflexionar sobre la bondad del Amor divino que se extiende sobre el universo, a pesar de los desafíos que enfrentamos individual y colectivamente. Estos pensamientos claros y sencillos contribuyen a una atmósfera mental que es más segura y apoya la salud y el progreso para todos, inspirando acciones sabias y lógicas, en lugar de reacciones impulsadas por el miedo.

Cada uno de nosotros tiene el poder de compartir este esfuerzo. Podemos atender a los medios –y apreciar el trabajo valiente y minucioso de muchos reporteros– y responder de una forma constructiva que no produzca pánico y soledad, sino paz y unidad. Entonces, aun los momentos más desalentadores pueden ceder ante la certeza de que el Amor divino nos rodea a todos.

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La misión del Heraldo

 “...para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad...”

Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 353

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