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No reprimas tus lágrimas

Del número de marzo de 2002 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Cuando yo era chica, siempre se les decía a los niños que tenían que tragarse las lágrimas. Se pensaba que llorar era un signo de debilidad o malos modales. Era algo muy injusto. ¿Acaso los niños, al igual que los adultos, no necesitan consuelo cuando están tristes? ¿Qué ganamos al tragarnos nuestras lágrimas y ocultar nuestra tristeza? La sociedad muchas veces exige que la gente oculte sus sentimientos y se vea feliz o demuestre valentía.

Pero está bien llorar. Tragarse las lágrimas no soluciona el problema. Hay que enfrentar la dificultad que las causó y eliminar la tristeza. Es necesario superarla, no disfrazarla.

Mucha gente considera que uno puede encontrar alegría bajo circunstancias muy difíciles, orando a Dios en busca de alivio. Otros hacen una búsqueda interior que les permite decir, incluso en medio de la tormenta, "Todo está bien. Todo va a salir bien". Eso también es oración, que es respondida por el Principio que gobierna todo el universo, o sea el Amor omnipresente.

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