Vientos de cambio soplan en el Medio oriente y en todo el mundo. Después de las revoluciones en Túnez y Egipto, en las que los presidentes fueron derrocados, los regímenes autocráticos en otras partes del Medio Oriente y de África del Norte se están enfrentando a las protestas de ciudadanos ávidos por reformas democráticas.
No solo hay cambios políticos en el aire, también han habido cambios en el equilibrio del poder económico entre las naciones occidentales y orientales, y cambios de economías en auge a economías en quiebra en muchas naciones.
Las revoluciones siempre traen consigo cambios múltiples que los historiadores identifican en retrospección, pues no siempre son tan claros mientras están sucediendo. En esta sociedad global los cambios que ocurren ahora tendrán cierto efecto en cadena para la mayoría de nosotros. Los cambios se prestan a desacuerdos, y aunque algunos les dan la bienvenida, otros están inquietos y alarmados.
¿Cómo podemos apoyar y contribuir a un cambio deseado mientras se mantiene la estabilidad necesaria? Yo encuentro ayuda en la Biblia. Cristo Jesús abogó por el cambio. Comenzó su ministerio con un desafío al statu quo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). “Arrepentíos”, según lo entendía su audiencia, era “pensar de manera diferente”.
Jesús estaba requiriendo un cambio de pensamiento; las parábolas que usaba en su enseñanza y la forma en que él curaba así lo indican. Por mucho tiempo sus compatriotas habían estado esperando a un salvador político y a la libertad de vivir bajo opresión en un territorio ocupado, pero la función de Jesús no era política sino espiritual. Para Él, el reino de los cielos significaba el gobierno de Dios. En parte, Jesús estaba pidiendo a sus oyentes que cambiaran sus pensamientos sobre gobierno, de uno determinado por las personas a otro determinado por Dios, el Principio divino del bien universal, que está aquí y ahora 'a la mano'. Sus seguidores son llamados hoy a que experimenten el mismo cambio de pensamiento.
En su libro “Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras”, Mary Baker Eddy describió el cielo como “Armonía... gobierno por el Principio divino” (pág.587). Comprendiendo que nosotros mismos somos hijos de Dios, el Principio divino, se deduce que todos somos ciudadanos del reino de los cielos. La armonía que anhelamos es el resultado natural del “gobierno por el Principio divino”, que impulsa la expresión de cualidades necesarias para ser buenos ciudadanos, para tener un gobierno justo y estabilidad económica y social. Entre estas cualidades están la honestidad, el altruismo, la sabiduría, la paciencia, la generosidad, el auto control y la humildad.
Estas cualidades, expresadas individualmente, resultan en medida creciente en armonía y prosperidad colectivas. Reemplazan a la codicia, la corrupción y los intereses personales, que están en la raíz de la mayoría de los conflictos. También proporcionan una base para la cooperación y la coexistencia pacífica en las familias y las naciones, y en las economías agrícolas, industriales y tecnológicas.
El cambio de nuestra forma de pensar, de meramente desear esta situación, a reconocer en oración que ya está 'a la mano', puede aliviar el temor de lo que los acontecimientos en desarrollo puedan traer. Lo que se experimenta como un cambio legítimo en la escena humana es el efecto del Principio divino que sale a luz y que transforma a nuestro mundo trayendo mejoras.
