
Para jóvenes
Empecé a aprender que “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Nunca olvidaré la primera vez que leí eso. ¡Estaba encantada! Empecé a tener esperanza de que por fin aprendería qué es el amor verdadero.
La incertidumbre puede parecer desalentadora, pero es posible apoyándose en Dios, el bien, y sabiendo que Él tiene las riendas.
Reflejamos capacidad, inteligencia y armonía infinitas porque somos la expresión de Dios.
Esa acción espiritual disolvió mi agravio y me permitió ver a Maya como Dios la ve: radiante, completa e imposible de no amar.
A medida que mis pensamientos sobre los gatos pasaron del miedo y la antipatía a un amor y asombro por la creación de Dios, hubo un cambio instantáneo en mi cuerpo.
Dios nos habla de una manera que podemos entender, sin importar el idioma que hablemos o la época en la que vivamos.
Al observar y escuchar al Amor, estaremos cada vez menos propensos a ceder ante una influencia que no coincide con el Amor y el bien que tiene para nosotros y para todos.
Ya sea en el deporte o en la vida, poner nuestra fe en Dios abre la puerta a la curación —y a las victorias—.
Cuando nos damos cuenta de que Dios es la fuente de nuestra inteligencia, los estudios y otras actividades se vuelven más fáciles.
Me inspiré en la idea de que Dios no nos hace temerosos, así que ¿cómo podía estar asustada o nerviosa?