
Para jóvenes
Sabía que se requería valor para decir lo que pensaba, pero no quería evitar hacerlo por miedo a ser diferente.
Apoyarse en Dios significa que todo lo bueno y lo correcto es posible, y yo pude demostrarlo.
Tuve que tomar varias decisiones, cada una de las cuales parecía que tenía que ser perfecta. No me sentía en paz con ninguna de ellas.
Una sensación de calma me invadió, como el abrazo de una madre, y supe que era Dios asegurándome que era seguro volver a la carretera.
Abrí los ojos y le dije a mi entrenador que estaba listo para volver al hielo. Marqué un gol y una asistencia sin dolor alguno.
A pesar de sentirme tan lejos de mis padres y de mi móvil, me sentí reconfortada. Dios, el único origen del verdadero poder estaba allí.
Saber que el cuidado de Dios por mí era absoluto culminó en este momento salvador de escuchar a Dios y saber obedecer al instante.
La guía y protección de Dios nunca podía ser menos que plena y constante.
Nunca hay un momento en que pueda estar dolorida y cansada porque Dios nunca está dolorido ni cansado.
A medida que continuaba “de portero” con mis pensamientos, comencé a sentirme mucho más feliz. Era como si me hubieran sumergido en el amor y la alegría, sentimientos que sabía que eran de Dios.