
Para jóvenes
Incluso cuando ocurrieron una serie de acontecimientos preocupantes en mi comunidad, pude centrarme en orar en lugar de deslizar la pantalla.
Darme cuenta de que podía conectar el sentimiento de estar en casa con sentir la presencia reconfortante de Dios realmente me ayudó.
Me levanté aún con el disco en la mano, manchada de hierba, sonriendo de oreja a oreja, arrullada por los gritos y ovaciones de la gente de ambos equipos, y disfrutando de la libertad y el poder de dedicarse a hacer el bien.
De vuelta en mi cabaña, busqué todas esas cualidades “saludables” o buenas que expresaban mis colegas y encontré oportunidades para reflejarlas a lo largo del día.
Nunca hay un momento en que pueda estar dolorida y cansada porque Dios nunca está dolorido ni cansado.
Vi claramente que el Amor divino estaba presente y activo, incluso en lo que parecía ser una situación peligrosa. Dios, nuestra ayuda siempre presente en las dificultades, fue verdaderamente nuestro protector y guía.
Al recordar lo sucedido, algunos de mis mejores recuerdos de la universidad fueron cuando trabajaba en la biblioteca con mis amigos durante los exámenes.
Empecé a aprender que “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Nunca olvidaré la primera vez que leí eso. ¡Estaba encantada! Empecé a tener esperanza de que por fin aprendería qué es el amor verdadero.
La incertidumbre puede parecer desalentadora, pero es posible apoyándose en Dios, el bien, y sabiendo que Él tiene las riendas.
Reflejamos capacidad, inteligencia y armonía infinitas porque somos la expresión de Dios.