
Para jóvenes
Saber que el cuidado de Dios por mí era absoluto culminó en este momento salvador de escuchar a Dios y saber obedecer al instante.
La guía y protección de Dios nunca podía ser menos que plena y constante.
Nunca hay un momento en que pueda estar dolorida y cansada porque Dios nunca está dolorido ni cansado.
A medida que continuaba “de portero” con mis pensamientos, comencé a sentirme mucho más feliz. Era como si me hubieran sumergido en el amor y la alegría, sentimientos que sabía que eran de Dios.
Dios nos habla de una manera que podemos entender, sin importar el idioma que hablemos o la época en la que vivamos.
Aprendí desde el principio que, al igual que un rayo de luz proviene del sol, mi vida es la expresión de Dios y Su bondad.
Logré dejar de preocuparme por cómo podría ser esta visita navideña si yo seguía mal. En cambio, me quedé en el presente, solo pensando en la naturaleza de Dios.
La incertidumbre puede parecer desalentadora, pero es posible apoyándose en Dios, el bien, y sabiendo que Él tiene las riendas.
Darme cuenta de que podía conectar el sentimiento de estar en casa con sentir la presencia reconfortante de Dios realmente me ayudó.
Cuando comenzó a oscurecer, empecé a pensar que venían osos o coyotes.